sábado, 5 de septiembre de 2009

VIDA Y COMUNIDAD EN “SALON DE BELLEZA” por Giancarlo Cornejo y Lucía Aliaga


Salón de Belleza (1994) es una de las obras más reconocidas del peruano Mario Bellatin. En ella, el autor tiene como protagonista a una travesti que junto con su entorno se encuentran en un proceso de transformación. Dentro de este proceso de cambio se describe a una comunidad no heterosexual encasillada y rechazada por la sociedad; que cuenta con las siguientes cualidades: de sexo masculino, infectados con el virus de VIH-Sida y predestinados a morir. Sin embargo, el protagonista es el que va a reconfigurar los lazos de este grupo a través del paso de la transformación de belleza a un moridero; un refugio donde las personas van a morir
El autor dentro de su estilo minimalista, hace una descripción de las metamorfosis que sus personajes sufren, así como también sus sentimientos. Se establece un vínculo simbólico entre los acuarios llenos de peces y el salón de belleza con travestis y gays moribundos.
Por otro lado, cabe resaltar la cita que pone el autor al iniciar la obra: “Cualquier clase de inhumanidad se convierte, con el tiempo, en humana.” – Kawabata Yasunari. En ese mismo sentido, este ensayo, a través del análisis de la mencionada obra, explorará la construcción de una comunidad no heterosexual. Comunidad en la que el Sida es central. En un contexto en el que el Sida sólo mata, un salón de belleza se convierte en un moridero, donde nadie muere solo.
La recurrencia de esta temática servirá para hacer una crítica a la asociación de la homosexualidad con la pulsión de muerte. El salón de belleza es un espacio político. Ahí se hace política de los afectos. Estas políticas le quitan la prerrogativa de una soledad inefable a la muerte. Además se intentará hacer circular la vergüenza, para sacarla de los dominios del repudio (Sedgwick 2003).

SALON DE BELLEZA
En Salón de Belleza, el protagonista y “narrador” de la obra es un estilista no heterosexual que tiene un salón de belleza, el cual se transforma en un Moridero, es decir un lugar donde las personas infectadas por el VIH-SIDA acuden exclusivamente a morir.[1]
Resaltamos su no heterosexualidad porque en la narrativa es importante, pero más porque nos dice cosas de los discursos hegemónicos de la sexualidad que lo que nos dice de “su” comunidad. El yo que narra es uno que se refiere a sí mismo como masculino, y que constantemente hace alusión a su travestismo; pero reiteramos siempre anclado desde un yo masculino. Así tenemos una espectacularización exotista del travestismo como performance esporádica y subalternizada a un yo masculino.
Salón de Belleza funciona bajo una forma ambigua. Intenta jugar con la dinámica del closet. Sus líneas son un esfuerzo por sacar del armario a las comunidades no heterosexuales, y no a cualquier comunidad no heterosexual, sino a travestis y homosexuales estilistas y trabajadoras sexuales, el exterior constitutivo por excelencia de la masculinidad heterosexual hegemónica. Pero éste no es el único armario que intenta merodear, sino también otro (acompañado de un aura de mayor secreto). El otro closet es el del Sida. Ambos armarios apelan a la dicotomía secreto/revelación, y como Eve Sedgwick (1998) lo señaló más que agudamente, a su espectacularización.
Esta espectacularización del closet supone asimetrías de enunciación y de visión ¿Cuál es la audiencia en torno a la que está construida Salón de Belleza? Este espectáculo del armario puede estar apelando a un privilegio heterosexual (y heteronormativo). Porque son los sectores políticos más homofóbicos los que obtienen más placer de, primero, ver exhibidos cuerpos no heterosexuales, segundo, verlos asociados siempre al Sida, y tercero, verlos morir inevitablemente.
Pero la ambigüedad de la obra radica en que abre espacios, que independientemente de las intenciones del autor, pueden apelar a la habitabilidad de comunidades y vidas no heterosexuales. Muchas de estas posibilidades tienen que ver más con lo que está “fuera del campo” que con las líneas protagónicas del texto.

El Salón de Belleza
El protagonista, de joven (no más de 16 años), abandona su hogar para irse a trabajar al norte del país debido a que percibió que “no era el hijo que su madre había soñado.”
El “fuera del campo” (en los términos de De Lauretis) de la obra da cuenta de formas de violencia cruentas, como la expulsión de los núcleos familiares heterosexuales. Incluso las menciones a los “matacabros”, grupos que se organizan con la intención de atacar o asesinar a gays y travestis, parecen ser menciones casuales más que momentos que intenten condensar la vulnerabilización social de determinados grupos. Este dato no deja de ser sugerente en una obra que por todos lados explora la vulnerabilidad social y material de las mencionadas “comunidades”.
Consigue el empleo en un hotel para hombres a través del dueño de una discoteca donde iba a divertirse. Ahí, gracias a los consejos del dueño, logró ahorrar dinero y a los 22 años regresó a la capital para montar su propio salón de belleza.
Desde el inicio de su recorrido en los caminos de la no heterosexualidad, el narrador solo puede sobrevivir apelando a una comunidad que logra acogerlo, por más precaria que ésta haya sido. Son otros, y otros como él, que han vivido y sobrevivido antes que él, quienes le enseñan cómo una vida como la suya puede ser menos precaria.
Poco a poco lo fue decorando el salón de belleza de tal manera que las clientas perciban al establecimiento como uno de “alta categoría”. Dentro de la decoración, el protagonista buscó poner en práctica uno de sus mayores intereses: los acuarios.
En el salón de belleza se exploran los vínculos entre mujeres, gays y travestis. Este es un espacio bello, no solo porque sea la función del salón serlo, sino porque la feminidad es un valor altamente apreciado. Tanto mujeres como hombres pueden exhibir sus feminidades, y mostrar lo artificiosa (y artificial) que es la feminidad (y en ultima instancia el género). Esas mujeres como esas travestis sin el salón de belleza verían sus feminidades brutalmente disminuidas y es a partir de esa manifestación de su feminidad que ellas establecen relaciones de confianza. El salón de belleza tiene por función hacer verídicas sus feminidades. En ello radica también su excepcionalidad. Fuera del salón la feminidad de los estilistas es despreciada (salvo en los espacios vinculados al trabajo sexual y en algunas discotecas de “ambiente”), y la artificialidad de la feminidad de las mujeres fuera del salón es invisibilizada y si es reconocida humillada sin reparos.

Los baños de vapor
Los baños de vapor son espacios donde el deseo homosocial masculino no es solo permitido, sino que es deseado e incentivado. A ellos asiste el narrador, como muchos de sus amigos. Estos baños no son como los baños heterosexuales, y esto no quiere decir que en el los últimos no haya deseos homoeróticos, como la siguiente cita da cuenta.
“Me contó que su padre acostumbraba a ir a los baños de vapor a pasar los fines de semana. (…) Me dijo que en una de las primeras ocasiones, los amigos del padre abusaron de él en una de las duchas individuales. Mi amigo no tendría entonces más de 13 años, y el miedo hizo que no dijera nada de lo sucedido”[2]
La gran diferencia entre estos dos “tipos” de baños radica en que en los heterosexuales el homoerotismo está asociado casi inevitablemente al circuito violencia-vergüenza-secreto-dolor. En cambio los baños de vapor a los que acude el protagonista parecen ser espacios más habilitantes del deseo. Aunque otra vez es una ambigüedad la que baña a estos espacios.
“Me sentía como si estuviera dentro de uno de mis acuarios. Revivía al agua espesa, alterada por las burbujas de los motores de oxígeno, así como las selvas que se creaban entre las plantas acuáticas. Experimentaba también el extraño sentimiento producido por la persecución de los peces grandes cuando buscaban comerse a los más pequeños. En esos momentos toda la capacidad de defensa, lo rígido de las transparentes paredes de los acuarios, se convertían en una realidad que se abría en toda su plenitud”[3]
La cita a los baños de vapor (y a sus deseos múltiples y cuerpos desnudos) por un lado busca asociarse al destino que parece inevitable, en muchos de sus asistentes, el Sida. Aquí se aprovecha de un recurso cultural normativo, la asociación de la homosexualidad a la pulsión de muerte. Este mecanismo de poder resalta que los homosexuales en espacios como los baños eligen hacer lo que están predestinados para hacer, es decir eligen “retornar” a la muerte. Así se entiende por ejemplo la comparación del ser perseguido en los baños de vapor por la de peces devorados por otros más grandes. Pero el texto se aprovecha de esa cita y multiplica sus implicancias. El ser perseguido, el ser comido, el ser devorado en sus claras referencias sexuales son también ocasiones para socializar un placer que carece de lógica dentro de estructuras heteronormativas.
Como señala Butler (2001) en su lectura de “Pureza y peligro” de Douglas, los límites del cuerpo son los límites de lo socialmente hegemónico. Y el pánico que le genera a muchos sectores la idea de una penetración anal entre hombres tiene que ver con la precariedad de los límites de los cuerpos. Como argumenta Butler, el sistema excretor puede ser entendido así como una compleja analogía de cómo los otros son convertidos en mierda. El fuera del campo de “Salón de belleza” de lo que no habla es del placer de ser devorado, el placer de devorar mierda en estas “persecuciones” en los baños de vapor. Ni siquiera la mierda está atada al asco, y al desprecio; puede ser erotizada y resignificada.

El Moridero
El Moridero, es un lugar para que vayan a morirse aquellas personas que no tienen donde hacerlo y están afectadas por el VIH-SIDA. Sin la existencia del Moridero sólo tendrían la alternativa de pasar sus últimos momentos en la calle.
El protagonista asume la responsabilidad del Moridero. Es así que plantea algunas reglas para llevar a cabo el funcionamiento del lugar; entre ellas está: que las familias de los enfermos sólo y exclusivamente aporten dinero, ropa y golosinas. La esporádica ayuda que puede recibir de algunas instituciones es sólo en efectivo y ropa/telas, debido a que otra de las restricciones del Moridero es que no se aceptan las medicinas, ni tampoco la lástima.
El Moridero implica una alternativa política en el texto. Política de los afectos que le quita la prerrogativa de una soledad inefable a la muerte. La asociación de la homosexualidad y la pulsión de muerte aquí es desplazada, o por lo menos complejizada. El rechazo a una idealización del futuro atenta contra una línea de temporalidad que implica valores heteronormativos. El Moridero reivindica el presente y la importancia de los vínculos comunitarios.
La lástima y la caridad son rechazadas también en el Moridero. Y lo son porque no aportan en nada a la comunidad. La lástima y la caridad solo sirven para engrandecer un deseo narcicista en los grupos, como las monjas, que la ofrecen.
El tratamiento que les da a los huéspedes del Moridero es homogéneo; considera que todos son iguales pues “ahora no son más que cuerpos en trance hacia la desaparición”[4] Sin embargo, en una ocasión sintió una atracción por uno de sus huéspedes que tiempo atrás había sido considerado bello.

Acuarios/Peces
Tuvo una variedad de peces a los cuales les dedicó los cuidados necesarios aunque al inicio de poner en práctica esta pasión no tuvo mucha suerte. Sus compañeros de trabajo nunca estuvieron de acuerdo con su afición por los peces pues los consideraban que ellos traían mala suerte. Se hacen muchas referencias al vínculo entre los peces y los habitantes del moridero.
En Salón de Belleza se cita la vergüenza, la vergüenza asociada a la homosexualidad, al travestismo, a los baños de vapor, a los cines porno, al sida, a la muerte. Lo que no queda claro es si estas citas de la vergüenza llegan en algún momento a salir de los confines del repudio y la injuria.
La obra inicia con una cita a Kawabata Yasunari que dice “Cualquier clase de inhumanidad se convierte, con el tiempo, en humana”. No obstante el texto se nutre también de la espectacularización de la relación inversa. Es decir de la deshumanización de sujetos que habían sido pensados como humanos.
La analogía entre peces y homosexuales y travestis infectados con VIH más que hacer referencia a un esencialismo biologicista, al que por momentos suena, resalta la vulnerabilidad de las vidas, de estas vidas particulares.
“Precisamente ayer, cuando estaba viendo la pecera del agua verdosa. Me di cuenta que la desaparición de un pez no le importa a nadie. En todos estos años el único afectado con la mortalidad en los acuarios he sido yo…”
Salón de belleza también es una alegoría de la incapacidad de una sociedad y cultura de llorar por las pérdidas de ciertas personas, de ciertos amores. Esta incapacidad de hacer duelo (y duelo público) se debe a que las vidas que fenecen en cuestión no son valiosas socialmente, y ni siquiera son consideradas como vidas. Los vínculos de parentesco homosexuales no valen la pena ser llorados porque nunca fueron reconocidos como tales.
Y como con las muertes de los peces, el único afectado con las muertes en el moridero parece ser el protagonista. El escapa a la lógica heteronormativa que concede lástima a cambio de reconocer la propia culpa. No obstante, otra vez su posicionamiento es ambiguo, ya que hay líneas en que su desprecio por los residentes del moridero se hace patente. Pero pese al desprecio sigue en su empresa, en la de socializar el Sida.
[1] Si bien no hace explícita la referencia a esta enfermedad, se deduce de la lectura de la novela.
[2] BELLATIN, Mario. Obra Reunida. Ed. Santillana. 2005. - Pág. 30
[3] BELLATIN, Mario. Obra Reunida. Ed. Santillana. 2005. - Pág. 30
[4] BELLATIN, Mario. Obra Reunida. Ed. Santillana. 2005. - Pág. 33
Bibliografía

Bellatin, Mario. 2005. “Salón de belleza”. En Obra Reunida. Ed. Santillana.
Butler, Judith. 2001. El Género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. México DF: Paidós.
De Lauretis, Teresa. 2000. Diferencias: Etapas de un camino a través del feminismo. Madrid: horas y HORAS.
Sedgwick, Eve. 1998. Epistemología del armario. Barcelona: Ediciones de la Tempestad.
Sedgwick, Eve. 2003. Touching feeling: Affect, pedagogy, performativity. Durham & London: Duke University Press.

3 comentarios:

Julian dijo...

No he tenido la oportunidad de leer la novela pero tu apreciación es muy buena, aunque para serte franco es un poco limitada por el hecho de solo haber tomado teorías sociológicas y no propiamente literarias, sin embargo me parece que va de acuerdo a la tendencia de tu blog, por cierto me preguntaba si abririas de nuevo el taller de estudio de genero?.

saludos

marco dijo...

yo sí he leido la novela en la universidad, en una clase de literatura ,y en este momento estoy haciendo un ensayo para esta clase y la info de aqui me sirve para poder terminarlo. gracias.

mi blog es: http://signobohemio.blogspot.com

Anónimo dijo...

y como puedo conseguir esa obra? me ha parecido interesante

gracias