domingo, 20 de septiembre de 2009

Cuando el mejor sexo lo tienes con tus amigos


Cadu, el mejor amigo de Brasil que hice en Bahía, escribió un ensayo (http://caduhenning.blogspot.com/2009/08/dos-vinculos-e-de-como-perder-se-na.html) sobre cómo impactó en él la formación de vínculos intensos en un periodo de tiempo tan corto, y como es inevitable el dolor ahora que esos vínculos no parecen tan cotidianos y cercanos. En alguna medida, su ensayo es una forma de hacer duelo por esos que amó y que ya no podrá amar más. Cadu concluye con la siguiente frase que es su opción personal frente a estos vínculos: “Dejarse tomar por la alegría y el dolor de amar, y dejarse amar en las formas más amplias permitidas por la plasticidad semántica”.

Esta frase inspiró el presente ensayo, y me hizo caer en cuenta de que la amistad no es tan diferente de lo que podríamos llamar enamoramiento, o incluso de una relación de pareja. Eribon nos recuerda que para Foucault lo verdaderamente subversivo no estaba en la sexualidad, y en vínculos sexuales no heterosexuales, sino en la amistad, y en estos vínculos de parentesco que no seguían ninguna lógica funcional al deseo (sexual), convertido por diversas disciplinas en la bóveda que alberga la esencia más verdadera de la vida humana. En lo que sigue intentaré narrar porqué nos hicimos amig@s un grupo de subversiv@s, y porqué nuestra amistad fue y es subversiva.

Cuando llegué a Bahía esperaba participar de un curso super queer, lleno de gays, mujeres (faghags) y lesbianas, pero ese no fue el caso. De hecho tuve la mala suerte de compartir el dormitorio con el hombre más homofóbico del curso. Esta experiencia sirvió para que me acercara más a Fátima, una linda antropóloga peruana, a quien había conocido en el activismo LGTB, pero a quien aun no había tenido el placer de tener cerca en mi vida. Estando tan cerca uno del otro en Lima, no nos habíamos dado la oportunidad de amarnos, pero el azar de la vida sí nos la dio. Con Cadu pasó algo similar. La primera vez que escuché su presentación estuve contento porque me dije a mí mismo aliviado “Uf no soy el único gay del curso, ni el único que se dedica a estudios gays, lesbianos, trans”. Sin embargo, dado que soy tímido y el también parecía serlo, no hablamos los primeros días. Pero en el tercer o cuarto día de clases se me acercó y lo primero que comentamos fue sobre la homofobia que ambos experimentamos en el curso. Y la afinidad allí empezó. Fátima no tardó en sumarse a la conversación y la afinidad solo se hizo más intensa. Uso la palabra afinidad, pero se me ocurren otras como seducción, apego, enamoramiento. Esto no fue amor a primera vista, fue lento pero llegó y fue consistente. Los tres nos hicimos cercanos porque fuimos heridos en Bahía de maneras inesperadas, y de formas que para mucha gente (aun en el curso) no eran violencia, sino solo muestras de nuestra excesiva sensibilidad o rareza.

Rareza era una característica que seguramente algunas personas en el curso (incluyendo profesores y organizadores del curso) nos atribuían, y que el estar juntos solo la espectacularizaba. De hecho el hombre que organizaba el curso más malestar no nos podía producir. Y él lo sabía. En más de una oportunidad se encargó de hacérnoslo saber. El nos dijo que yo tenía cara de triste, que Cadu tenía mala cara, y que a Fátima no había quien le saque una sonrisa. Yo no podía entender cómo este hombre, como muchos otros, no podía ver que nosotros la pasábamos tan bien: que Fátima y yo nos reíamos mucho, pero nunca con hombres que usaban la heterosexualidad como un privilegio, ni de chistes racistas, sexistas y homofóbicos, y que Cadu tiene una cara linda.

Yo se que hasta ahora lo que he narrado no suena especialmente romántico, pero lo voy a poner de este modo. A Bahía fui con el corazón roto. Antes de mi viaje coincidieron varios hechos que uno por uno eran lo suficientemente dramáticos, pero que al ocurrir todos dentro de una semana me demostraron cuan vulnerable puedo ser, y cuan horribles pueden ser ciertas personas, y cuan poco conocemos aun a las personas que nos vieron llegar al mundo. Y de Bahía también regresé a Lima con el corazón roto, aunque por razones muy diferentes. Solo cuando perdí, caí en cuenta que había amado. Era como que mi amor salio del closet. Estas dos especiales personas me recordaron cuán bellos pueden ser ciertos vínculos; e hicieron algo que nunca me cansaré de agradecerles. Me curaron y cuidaron. No sabía que estaba tan herido, ni que necesitaba tanto ser amado.

Siempre me han dicho chico tímido, desde muy niño. El niño que caminaba, jugaba y estudiaba solo, o el joven al que no le guste que lo toquen y que cada que roza a alguien le pide perdón. En este viaje disfruté tanto de rozar, tocar, abrazar, besar a Fati y Cadu, y de ser rozado, abrazado, abrazado y besado por ellos ¡Cuánto puede curar el contacto con la piel de personas a quienes uno ama!

Es imposible para mi hablar de tríos amorosos y no pensar en “Between men” de Eve Sedgwick. Ella postulaba que en la literatura inglesa del siglo XIX en muchos triángulos amorosos que implicaban a dos hombres y una mujer la figura de la mujer era usada como un recipiente de deseo homosocial masculino entre dos hombres. Pero éste no era el caso; Fatima no tenía ningún rol secundario en este triángulo. De hecho ella era LA DIVA GAY. Además este triángulo no estaba enmarcado en un contexto de pánico homosexual, sino en uno que amaba y reconocía a nuestros cuerpos queer.

Cuando pienso en mi vida sexual muchas veces suelo sentir culpa por no gozar como se supone otras personas gays lo hacen (¿el mandato de la época, no?). Solía reprocharme y forzarme a explorar sexualmente con personas y en espacios en los que creía TENÍA que hacerlo para ser “consecuente” con mis ideas. Sin embargo, muchas veces y tratando de ser honesto lo que más he disfrutado de estar con alguien afectivamente han sido esos momentos que talvez la otra persona no haya notado como el rozar de nuestros dedos en un bus lleno de gente, ciertas miradas o sonrisas que yo sabía que solo estaban dirigidas a mí, ciertos abrazos ¿Por qué tengo que forzarme a pensar que mis momentos sexuales más gratificantes fueron en coitos penetrativos cuando de hecho no lo fueron? ¿Por qué no considerar que varios de los abrazos y besos con Cadu y Fati fueron también orgásmicos? Sedgwick quien en un genial ensayo confesó que la única práctica sexual que tenía era un coito penetrativo vaginal en la pose del misionero y con su esposo, afirmaba que ella era muy sexual, pero sus sexos eran unos que no se enmarcaban en lógicas ni tan fálicas ni tan genitalizadas, y en los que la fantasía era protagonista.

Esta relación amorosa no solo no estuvo basada en la figura hiperidealizada por Occidente de una pareja, sino que además estaba abierta a otras personas, a otras locas como nosotras. Mi querida Julie, una colombiana que también me robó el corazón. Cuando la vi por primera vez ella también estaba indignada por los maltratos. La ira nos hizo amigos. Talvez queríamos voyeuristas amigables que vieran el triángulo, pero que lejos de observar a la distancia se implicaban en estas redes de de amor y deseo.

Eso de ser gay no es fácil todo el tiempo, y un mecanismo de defensa que yo suelo usar es tratar siempre de opacar a mis compañeros (sobretodo, pero no exclusivamente, hombres heterosexuales). Disfruto de decir cosas más inteligentes que ellos, de hacer trabajos más audaces, de ser más ovacionado en presentaciones. A veces olvido cuán competitivo puede ser el mundo académico, y a veces olvido también que no quiero ser un académico al que todo el mundo respete o al que todo el mundo de reconocimiento. Hay personas como el profesor que mencioné, o el compañero de cuarto homofóbico o alguna decana homofóbica, de los que nunca querré reconocimiento, ni aprobación. A veces olvido también cuán importante es amar y admirar a las personas con las que te vinculas en la “academia”. Y a veces olvido cuán geniales amantes he tenido. En algunos días me volveré a encontrar con Cadu y Fati en Buenos Aires. Ellos irán a presentar unos papers, y yo solo quiero verlos brillar ¡Estoy muy feliz por eso!


Abajo cuelgo algunas fotos, donde también salen mis queridos Julie, Zeca, Neto y Laura.









7 comentarios:

licanc00 dijo...

Hola... interesante tu posteo. Lástima que no entiendo en que contexto se da el curso de que hablas.
Oye... y es posible tener acceso al trabajo de tu amigo?
Saludos

AntonellaB. dijo...

de casualidad estaba escuchando "love is a losing game" y empecé a leerte. la combinación me dejó más que conmovida.
saludos

Nano dijo...

Qué buen post te salió. Por fin dejaste de ser tan acartonado-académico... jejeje
Nunca he estado en tríos de ese tipo. La verdad nunca me ha llamado la atención, pero como señalas, creo que a veces la química es tan grande que la atracción simplemente fluye. =P
Qué bueno que los vuelas a ver... y sí, yo también estaría feliz como tú, por verlos brillar.
Abrazo

Zu dijo...

que viva el amor anarko.queer, yo lo estoy experimentando!

Cadu Henning dijo...

Que lindo, Giank!!! Que lindo!! Achei poderosamente subversivo e afetivamente poderoso!!! Lindo!! Pena que só li agora, pois podíamos ter conversado mais em Buenos! Fatima já leu? Besito, dear!! Saudade!!!

Giancarlo Cornejo Salinas dijo...

Gracias, Cadu.

Fati ya lo leyó, y me dijo que le gustó. Ojala ella se anime a escribir algo también. Ojala se haga del tiempo.
Y sí, podriamos haberlo conversado en Buenos Aires buabua jajaja.
Besos.

LuchinG dijo...

¿Estás seguro de que el compañero de habitación era homofóbico? A lo mejor simplemente le caías mal.