martes, 21 de julio de 2009

Yo los maldigo: ¡Muerte a los sodomitas!


Los crímenes de odio por homofobia no son ninguna novedad. De hecho yo mismo hice una investigación para el MHOL sobre los mismos. Sin embargo, no deja de ser sorprendente, hiriente e indignante como las muertes de Alicia Delgado y Marco Antonio han servido para actualizar, reafirmar y reificar un discurso que vincula de manera inexorable la homosexualidad con la muerte.

Me sorprende también haberme demorado tanto en escribir este post, sobre todo porque como no recuerdo antes la palabra “lesbiana” fue central en el discurso público por varias semanas. Mucha gente teme llamar al crimen de Alicia Delgado un crimen de odio, y prefieren usar el de “crimen pasional”. Desde ahora muestro mi rechazo para conceptualización tan simple y homofóbica. Un crimen pasional lo que resalta es la particularidad de un crimen, y además patologiza determinadas pasiones, y se atribuye a “su” exceso o promiscuidad tremendos resultados., Yo parto de la siguiente constatación: ¿Cuántas mujeres de la farándula limeña son asesinadas? ¿Es tan casual que la asesinada haya sido una mujer cuya vida sexual no se enmarca dentro de los parámetros de la heterosexualidad obligatoria? Yo creo que no.

Parte de mi escepticismo tiene que ver con la forma en que me enteré del crimen. Yo estaba fotocopiando un par de libros, y alguna de las chicas de la fotocopiadora gritó “Alicia murió”. Yo en primera instancia no reconocía a Alicia Delgado, es mas la confundí con Amanda Portales. Solo caí en cuenta de quien era cuando algunos minutos después alguien dice “Estoy segura que fue Abencia”. Y esta suposición que también era un deseo a partir de allí no paraba de escucharla en todas partes: calles, diarios, TV, radio, blogs, chats, policías, psicólogos, etc.

Los titulares que siguieron espectacularizaban la esencia perversa del vínculo lesbiano: “Abencia Meza: Violenta, fría y manipuladora”, “Asesina”, “Machona maldita”, “Alicia y sus 3 amantes”, “Alicia le jala las patas”. Aunque yo creo que el más explícitamente violento y descarado (pero también sincero) fue uno que colocaban en todas las ediciones del programa de Magaly Medina: “Amores que matan”. Claro que nunca es tan sincero el titular, porque en verdad debió ser ”amores homosexuales que matan” o para ser aun más justos “Amores que por ser homosexuales matan”. En todo el tratamiento de la prensa, y probablemente el de la policía y el poder judicial, es la homosexualidad la causa del asesinato. La formula simple es “Lesbiana mata por ser lesbiana, y lesbiana muere por ser lesbiana”.

Una semana antes de este lamentable crimen, un hombre mató a su esposa y luego se suicidó en Arequipa. El caso fue resaltado por la prensa además de por su adjudicada “excepcionalidad” porque ambos eran padres de un joven jugador de un equipo de fútbol. A nadie se le hubiere ocurrido atribuir el crimen a la masculinidad heterosexual del asesino, sino a categorías como locura temporal, celos, etc. De hecho al día siguiente ambas personas fueron enterradas juntas, y el joven hijo se despedía de ambos de sus padres con igual fervor. Y la prensa más que satisfecha con semejante final ritualizado ¿Alguien vio algún titular similar a los antes citados para este caso? Yo no.

La homofobia es una pretensión de conocimiento sobre objetos funcionales definidos como homosexuales. Todo el mundo sentía (y siente) que conocía la esencia de la homosexualidad: la muerte. De hecho nada da más poder a alguien que tener la capacidad de predecir tu muerte. Pero ¿qué pasa si no es particularmente difícil predecir las muertes de personas no heterosexuales (nuestras muertes)?, ¿qué pasa si la maldición de la sociedad que produce los amores homosexuales como amores imposibles desde el principio es actualizada en estas prácticas?

Si nos quedan dudas con el caso de Alicia/Abencia, con el de Marco Antonio no nos quedan tantas. El titular “Macabro” fue de los primeros en llamar la atención de muchos activistas y columnistas. Aunque hubo otros como “Estilista fue golpeado, maniatado y ahorcado con cable de computadora: Amante mató a Marco Antonio” que igual condensan la asociación de amores homosexuales a la muerte. Marco Antonio fue asesinado por el exceso de uno de sus amantes, pero también por el exceso de sus amores y sus deseos, un exceso que lo mató porque reitero la homosexualidad es postulada como un deseo y un amor por la muerte. Tautología tan arrogante es el sentido común más visible en los “debates” mediáticos sobre el tema. Y digo “debates” porque lo que hay es una espectacularización (por momentos casi celebración) de estas muertes. Incluso los pocos titulares que humanizaban a estos personajes lo hacían heterosexualizándolos: “Mechita verá hoy as su mamita Abencia” u otro que decía que Marco Antonio peleó como macho por su vida. Solo la heterosexualidad puede explicar el deseo por vivir y la posibilidad de un futuro. En un extrañamente lúcido artículo de Beto Ortiz titulado “Lo gay y lo triste” se afirma que para muchos gays la única manera imaginable de salir del closet es morirse. No solo para muchos gays, obviamente, sino que el espacio público sale del closet solo para enterrarnos. Y no hay que negar que disfrutan de nuestros velorios.

Alicia, Abencia, Marco Antonio eran personajes que ahombraban, mariconeaban, lesbianizaban las pantallas chicas de nuestros hogares. En un contexto tan homofóbico ¿cómo lo hicieron? o mejor ¿por qué les permitieron aparecer en la tele? Aquí me parecen más que pertinentes los argumentos de Leo Bersani (1998), quien afirma que el Sida le permite a la Norteamérica recta (straight) ver en los gays a moribundos sociales potenciales. Este autor afirma que el sida ha hecho más gays a los gays que nunca, y la visibilidad en diversos medios masivos de comunicación lejos de ser una señal de progresismo y de respeto por la diferencia la interpreta como el deseo concedido a una especie en extinción. Es mas él afirma que esto permite que sea menos peligroso mirar y vigilar a los ‘disidentes’.

"…La mayor visibilidad que el sida otorgó a los gays es la de la muerte inminente, la de una prometida invisibilidad. La Norteamérica ‘recta’ puede posar su mirada sobre nosotros y dejar que nos dediquemos a nuestras cosas en los medios una y otra vez, porque lo que nuestros atentos conciudadanos ven es el pathos y la impotencia de una especie condenada". (Bersani 1998:35)

Si la asociación de estos crímenes de odio a la espectacularización del Sida parece forzada solo basta mencionar titulares en torno al asesinato de Marco Antonio como el siguiente: “¿Homi-sida?”. Resulta que después del asesinato de Marco Antonio y de la confesión de los criminales se “descubre” que el famoso estilista era portador de VIH ¿Solo para mí el status serológico de una persona es irrelevante para explicar su asesinato? Tiene un sentido esta clase de terrorífica asociación: Marco Antonio iba a morir tarde o temprano, solo se adelantó un poquito. De hecho un amante suyo lo iba a matar porque él antes ya había sido asesinado al ser infectado. Volvamos a la definición de homofobia que esbocé líneas arriba: La homofobia es una pretensión de conocimiento. La cultura y los sujetos homofóbicos nos dicen: “yo se lo que es un homosexual. Es un criminal, un enfermo, un ser pasional” y lo que más placer les produce sentenciar “tú, homosexual, y la muerte son lo mismo. Y tú, homosexual, vas a morir asesinado, o vas morir por Sida, pero ten la seguridad que vas a morir y mucho antes que yo”

Esto evidentemente no es nada nuevo para gays, lesbianas, bisexuales y trans. La siguiente cita a Eve Sedgwick resulta más que clara: “He oído a mucha gente decir que preferiría ver a sus hijos muertos antes que gays. Me costó mucho tiempo llegar a creer que no dicen más que la verdad. Hablan incluso por boca de aquellos son demasiado refinados para decir algo tan cruel...” (2002: 30). Sí, esta cultura nos odia a todos los cabros, machas, tracas, putas. Lo sabemos muy bien. Sabemos que muchos fantasean con eliminarnos, sabemos que a muchos les da mucho placer golpearnos, sabemos que festejan nuestros suicidios. También sabemos que nuestras lágrimas, nuestras heridas, nuestras muertes a muy poca gente le importan. Y a los que menos les importan son a los políticos de turno ¿o ustedes han visto a alguno demandando políticas públicas que protejan nuestras vidas y contribuyan a hacerlas habitables?

Uno de las pocas buenas columnas publicadas en diario vinculadas a este tema es la de la destacada académica, y amiga mía, Rocío Silva Santisteban. Su ensayo se titula “El miedo al maricón” y es su ultima línea la que condensa el sentir de muchos de nosotros: “el asco al maricón es la teoría, el asesinato a mansalva una de sus perversas prácticas”. Aunque no estoy del todo de acuerdo con dicha sentencia porque creo que el asco al maricón también es una práctica con efectos materiales, y el crimen de odio también un acto discursivo, concuerdo totalmente con que los asesinatos a sujetos no heterosexuales solo exacerban lo que la cultura heterosexual compulsiva nos obliga a hacer, pensar y desear. Estos crímenes deberían ser la excusa ideal para que (desde la cultura heterosexual) nos planteemos las siguientes preguntas: ¿qué me hace tan diferente del asesino?, ¿qué he hecho yo para alentar o evitar esas muertes? ¿Por qué me resulta tan fácil identificarme con el asesino?

Quiero acabar con una promesa (porque creo en el poder de las palabras). Esta cultura me maldijo, me ha sentenciado por ser homosexual a morir. Prometo que esa maldición va a ser desbordada y va a tener efectos mucho más promiscuos de lo que quienes me la lanzaron esperaban. Y aun si esa maldición se cumple, no se va a cumplir sin lucha ni la cultura que me la lanzó va a quedar intacta.

4 comentarios:

el Gonz dijo...

Excelente disertación. Justo hoy estaba discutiendo con unos colegas que pretendían "atenuar" el tipo penal cometido por el asesino de Marco Antonio por ese presunto contagio previo (dicho sea de paso, no creo que una prueba de sangre post-mortem pueda dar positivo categóricamente, es necesario confirmar tales resultados con pruebas más confiables). Me sentí tan ofendido que prácticamente me solté las trenzas al momento de exponer mis argumentos.

Me salí del tema, sólo quería dar un aplauso al artículo.

CINDER dijo...

Una cosa es la cobertura homofóbica del crimen y otra que éste sea "de odio", por homofobia. Lo primero por más radical que sea no hace lo segundo. Debemos echar un ojo hacia lo que nos sucede DENTRO, sin descuidar el frente externo, por supuesto.

Giancarlo Cornejo Salinas dijo...

Hola Cinder,

Yo discrepo de tu conceptualizacion rigida de adentro y afuera de comunidad LGTB/comunidad heterosexual. Por razones sencillas como las siguientes: el "adentro" comunitario LGTB esta dentro de la cultura heteronormativa tb, y el afuera heterosexual implica redes homoeroticas y homosociales.
Yo estoy seguro que lo peor que nos podria pasar como comunidad es pensar lo siguiente: "marica, cuidate, que el maricon que esta a tu lado te odia mas que cualquier matacabro". No se las pongamos tan facil.

Julian dijo...

El caso Marco Antonio es realmente indignante, cuando vi el reportaje en la televisión quedé sorprendido del extremo al que pueden llegar los periodistas en busca del ya famoso rating, tenía entendido que el estado de VIH era reservardo y su proclamación por terceros incluso era considerado un delito penado por ley, por otra parte la indignación fue dada principalmente porque a los periodistas que fabricaron dicha nota no les importó las repercusiones sociales que puede causar la puesta en escena de una hipótesis entre las muchas que se puede formular, pues si nos ponemos a fabular hipótesis puede darse el caso de que fue un crimen pasional, uno por venganza pero de tendencia económica, por patologías mentales de autor, por envidia de la fama del otro, por robar e incluso por el simple hecho de que quería matar a alguien, pero de todas las hipótesis se decidió tomar la más morbosa: lo mató porque le transmitió el virus del VIH. Esta mezcla es el combo perfecto para hablar de la nota toda la semana, la combinación maricón+sida=muerte alimenta un imaginario colectivo que no tiene gran capacidad de dicernimiento, y se formula un discurso que satisfaga su incontenible ansia de historias extremas y reales, discuros que en una sociedad machista encaja como anillo al dedo.