domingo, 15 de febrero de 2009

Homofobia, injuria y verguenza pública

Este post es un dialogo con Felix Lossio, sociólogo de la PUCP, en respuesta a mi post anterior "Homofobia injuria y verguenza". Este post trataba sobre el linchamiento por parte de una ronda vecinal en Tarapoto a Techi, una travesti, y un hombre con el que estaba negociando un servicio sexual.



Felix Lossio

Los linchamientos son prácticas bastante comunes en todo el Peru, en zonas rurales y urbanas. Casi siempre se dirigen a presuntos delincuentes. La forma: los vecinos se juntan, cercan al acusado, lo desnudan, lo golpean, le exigen confesar sus pecados, lo amarran a un poste o lo hacen pasear públicamente y a veces le cortan el cabello.

Esta es la primera vez que veo este tipo de linchamiento, es decir, dirigido a una travesti y a un hombre que habría tenido relaciones con ella. Eso nos lleva a otro y el mismo problema. Hay otro “cuerpo culpable”, ya no un ladrón de objetos, sino un “corruptor moral”, en realidad un cuerpo no sexualmente hegemónico o tolerable (en principio).

Quiero comentar dos de tus ideas y agregar una.

En primer lugar la cuestión del corte de cabello como la condensación simbólica del castigo a ese cuerpo culpable. El corte de cabello ocurre también en linchamientos a otras personas, generalmente presuntos ladrones. Pero quizá la intención y el efecto no es el mismo. Entonces es el mismo y otro castigo simbólico. Cuando he conversado con gente que ha participado en linchamientos, me comentaban que el cortar el cabello tenía que ver con un tipo de sanción: la vergüenza pública. A la vez, y esto no lo decían textualmente pero podía desprenderse en el análisis, tendría que ver con el lograr marcar al acusado, imprimirle un sello, que se vuelva un cuerpo reconocible. Pero me parece interesante la mirada que tu le das: el corte de cabello es también un retorno violento a la masculinidad heterosexual mas normativa (“aprendí a seeer formal y corteeez/ cortándome el pelooo una vez por meees/” escribía Charly García hace casi 40 años). Entonces tenemos: vergüenza pública, marca reconocible y vuelta violenta a su deber-ser sexual.

En segundo lugar el rol de la prensa. De acuerdo. El adjetivo “salvaje” no cuestiona el castigo, sino la severidad del mismo. En realidad es un “no se maleen tanto”. El reportaje sanciona el castigo porque eso es lo que es correcto, pero a la vez necesita el castigo, y con él, el cuerpo, el servicio de 5 soles y el cuerpo desmaquillado y linchado. Suena a sentido común pero creo que es cierto: es rating. El reportaje no critica sino muestra… y muestra… y muestra… y es sutilmente cómplice con los linchadores. En otros casos de linchamientos, es interesante la dinámica con este actor: a diferencia de la policía local que es expulsada del acto, rechazada e insultada por los propios vecinos, la prensa es un aliado, es buscada por los protagonistas. ¿Es un deseo tan fuerte salir en la caja boba? Otra cosa: tu pregunta de por qué el que filma no denuncia me hace recordar la foto de Carter del buitre y la niña en Sudán. Pero por supuesto, hay mucha diferencia entre un buitre y una niña y unos linchadores ¿heterosexuales? y una travesti. Sea como fuere: los medios no son nunca objetivos, siempre toman posición, siempre hay un (in)consciente político, un deber-ser público.


Finalmente, el linchamiento a una travesti creo que es el punto extremo de la búsqueda de sanción a una sexualidad incómoda. Si en los linchamientos a los ladrones los protagonistas asumían el monopolio de la violencia legítima, en los linchamientos a travestís los protagonistas asumen el monopolio de la sexualidad legítima. En aquellos el Estado perdía ese monopolio garantizado en teoría por instituciones específicas. En estos, ¿Qué estamos perdiendo?


Giancarlo Cornejo

Félix, tus comentarios me parecen bastante acertados e iluminadores.

Primero, haces una importante diferencia entre un ladrón (alguien que afecta la propiedad de una comunidad o la privada) y la travesti prostituta en cuestión (alguien que transgrede la “moralidad pública”). Ahora ¿qué implica esa “moralidad” pública? Lo primero que se me viene a la mente es la idea del sexo confinado a espacios privados (cuartos matrimoniales heterosexuales, o en su versión más laxa hostales). Además el sexo en cuestión no es heterosexual, y además está enmarcado en un contexto económico contractual. Entonces, el atentado a la normatividad heterosexual pública (entendida como “moralidad” pública) es intolerable porque hace visible lo que debiere estar restringido a la oscuridad, y a la vergüenza.
Leo Bersani citando a Foucault recuerda que lo intolerable de los gays no es que tengan sexo (ni si quiera mucho y buen sexo), sino que se despierten al día siguiente felices y puedan expresar esa dicha públicamente. Evidentemente no sabemos si la relación entre la travesti y su (aparentemente) momentánea pareja sexual fue dichosa, feliz, y si al día siguiente se levantaron juntos y felices como perdices. Lo que sí sabemos es que no tiraron en un cuarto, sino en la calle ¿Quién determina si el sexo público (no heterosexual) es dichoso, lamentable, vergonzoso? Es obvio que en esta escena los miembros del autodenominado “comité de seguridad ciudadana”. Pero ellos no inventan una normatividad homofóbica, la citan. Entonces su responsabilidad radica en la cita homofóbica que hacen que anula la posibilidad de un tipo de parentesco sexual (consensuado) como el que discutimos.

Segundo, quiero explorar más la idea de la vergüenza. La privatización de la sexualidad y especialmente de la no heterosexual tiene como consecuencia la implantación de la vergüenza en toda subjetividad no heterosexual. La única condición que la normatividad heterosexual nos da para transgredir sus normas es aceptar la vergüenza y encarnarla. Tú argumentas, con bastante lucidez, que la importancia del corte de cabello radica en que su fín es generar vergüenza pública. Creo que diste en el clavo: La normatividad heterosexual implica su propia transgresión siempre que ésta encarne la vergüenza de su transgresión. Pero tanto la vergüenza como su trasgresión si mantienen su pacto, se quedan relegadas a la esfera privada. Como un secreto del que solo se oyen susurros dispersos. Pero la sanción al hacer público el sexo no heterosexual es también hacer pública la vergüenza. Hacer que esta marque el cuerpo, que su encarnación sea distinguida por todos y por cualquiera. Recuerdo, que alguien comentó en mi blog que a las prostitutas también las rapan cuando las torturan. Creo que ese es el mismo mecanismo: generar vergüenza pública. Esa es la clave para entender la agresión, su despliegue, y también la intervención de la prensa.

Tercero, los medios de comunicación -reitero mi idea- muestran y muestran, y cada vez que muestran reiteran la agresión, la vuelven a citar con los mismos fines heterosexistas. La pregunta por el costo del servicio y su respuesta “cinco soles” solo tiene un fin. Expandir la vergüenza pública sobre el cuerpo de Techi, la travesti agredida, y generar un espectro que amenace con potencialmente incluir a otras personas con sexualidad no normativas. Creo que el deber ser público que está detrás de este reportaje es uno que busca reificar a la heterosexualidad como sinónimo de moralidad pública.

Cuarto, creo que tienes razón en resaltar que el linchamiento contra una travesti es el “punto extremo de la búsqueda de sanción a una sexualidad incómoda”. Es decir es una citación radical de una norma heterosexista que hace inteligible a determinados sujetos y a otros inviables. Lejos de patologizar la escena, hay que entenderla como la radicalizacion de un sentido común que extermina las sexualidades no heterosexuales en los espacios públicos.

Quinto, tú diferencias el linchamiento a ladrones del cometido contra travestis porque señalas que el primero expresa un intento de monopolizar la violencia legítima, mientras que en el segundo caso sería un intento de monopolizar la sexualidad. Esta diferencia es interesante, pero me parece que no es mutuamente excluyente. Es decir el linchamiento contra una travesti también es una forma de definir qué clase de violencia es legítima, y contra qué cuerpos, qué sexualidades son normales, y cuáles no merecen ni siquiera ser nombradas.
Esto tiene que ver con tu sugerente pregunta final: Si con los linchamientos más comunes lo que se pierde es el monopolio legítimo de la violencia ¿qué perdemos con linchamientos como el que se realizó contra el cuerpo de Techi? Yo creo que más bien se trata de lo que no se reconoce como pérdida. Es decir mientras la heterosexualidad más normativa no esté dispuesta a reconocer la pérdida de su totalidad, unidad, coherencia, de su exclusividad como vínculo de parentesco sexual afectivo, y sobre todo los vínculos homoeróticos que implica, probablemente sigamos viendo cuadros de una profunda y violenta melancolía. Tal vez la agresión contra Techi y su amante por parte de esos hombres del “comité de seguridad ciudadana” debiere entenderse también como una forma de negar la posibilidad de que pudieron amar y desear a Techi, o al alguien como ella, y que esa posibilidad fue restringido desde el inicio por la cultura. Tal vez sea hora de que nuestra sociedad empiece a llorar, y hacer duelo por los amores homosexuales que les han sido virulentamente negados.

Felix Lossio
“Por mi culpa/
Por mi culpa/
Por mi gran culpa”

¿No tienes VERGÜENZA? ¡Deberías!

Si no tienes vergüenza, entonces nosotros te la haremos pasar.

Esa es la emoción que te toca.


Ahora leí que el premio nobel de medicina afirmaba que dentro de tres generaciones, la sexualidad hegemónica iba a ser la que hoy se conoce como bisexual. Ello debido a que los roles masculinos y femeninos tradicionales (proveedor y protectora) están desapareciendo, y consecuencia de ello, los químicos que nos componen (testosterona, estrógenos, etc.) también cambiarán. El premio noble decía incluso que en el futuro la especie humana podría procrear con alguien de su mismo sexo.

Entonces, cuando señalas de modo tan contundente y brillante que “mientras la heterosexualidad más normativa no esté dispuesta a reconocer la pérdida de su totalidad, coherencia, de su exclusividad como vínculo de parentesco sexual afectivo, y sobre todo de los vínculos homoeróticos que implica, probablemente sigamos viendo cuadros de una profunda y violenta melancolía” estas adelantándote a los procesos químicos que se nos vienen y sumándote las batallas interiores de nuestras células.

Sea como fuere, desde el punto de vista humano, más allá de cualquier rollo teórico, político, poético o médico, la cuestión de fondo es, creo, que la vida es mejor cuando se apuesta por el cultivo del amor, en su sentido amplio. Así que, fuerza en la lucha.


Giancarlo Cornejo
Felix, me gusta mucho tu reivindicación de lo bello del amor. Justo ayer (Sábado 14 de febrero) se hizo la 7ma edición del “Amor no Discrimina”, y yo he participado de todas las ediciones de ese evento. Creo que el amor es una experiencia multiple y compleja que puede cuestionar las formas hegemónicas de racionalidad y de poder más potentes. Y creo también que frente a la homofobia, que es una apuesta por un profundo odio melancólico, es necesario confrontarla con amor, con nuevas formas de definir el parentesco, y con la posibilidad de convertir en bellos y habitables esos cuerpos que no importan.




1 comentario:

Anónimo dijo...

Wow qué interesante. Qué post tan inteligente y bien escrito. Qué bueno toparse con gente que piensa en la blogosfera!