domingo, 25 de enero de 2009

Sobre el deseo y la sujeción… de nuevo

El cine es un espacio importante para explorar las fantasías, sueños, ansiedades y miedos de nuestras sociedades. Y últimamente he estado viendo películas de relaciones muy pasionales, pero que terminan siendo destructivas o inevitables promesas de sujeción.
En “Camille Claudel” (1988, Francia), la brillante Camille (Isabelle Adjani) se introduce en (o se ve sorpresivamente dentro de) una relación muy pasional e intensa con el pintor Auguste Rodin (Gérard Depardieu). La pasión de ambos por la escultura es el marco perfecto para que entre ellos se materialicen sentimientos muy profundos. Además las constricciones sociales, o el intento de reprimir la tensión sexual, erotiza la represión, y hace más placentero el encuentro entre ambos.


El, un hombre casado que es considerado un genio, y que tiene un ego enorme que solo hiere. Camille acepta ello, y deja que su incomprendido genio sea opacado por el de él. No solo abandona sus propios proyectos, sino que hace que su vida entera gire en torno a él y sus deseos. Pero Camille, tiene momentos de rebelión, y decide emprender empresas propias. Y lo hace, su obra gira en torno a los horribles sentimientos y sensaciones que le causa su enorme dependencia a Rodin, su sensación de no ser nada sin él. Ella finalmente intenta separarse, pero ni aun así Rodin deja de ser el centro de su vida, sus miedos, sus angustias.
Ella es encerrada en un manicomio por su familia, quienes vivían en una época para la que la sujeción de amor era solo locura. Y de más está decir que probablemente nuestra época no sean tan diferente.
Uno se pregunta cosas como ¿Por qué el deseo puede llevarnos hasta lugares tan autodestructivos?, ¿Es que el deseo es el espacio donde más claramente se ve la convivencia de la sujeción y la libertad, donde la idea de un sujeto libre y autónomo es más cuestionada y de maneras dolorosas? ¿Cómo alguien tan brillante lo perdió todo por el deseo? Finalmente ¿qué es ese deseo? O ¿qué desea ese deseo?

¿Tiene sentido hablar de la pulsión de muerte? Tal vez sí, y en “Sophie’s choice” (1982, Estados Unidos) es que esta idea puede ser problematizada.


Sophie (Meryl Streep) es una bella mujer que esconde un dolorosísimo secreto, vive con su amante Nathan (Kevin Kline) en el Nueva York de 1947, y a ellos se unirá en la posada Stingo (Peter MacNicol) quien es el escritor que devela, da unidad y coherencia al relato. Pero centremos nuestra atención en el secreto de Sophie, para luego problematizar su elección (a la que alude el título del filme). Sophie es una polaca sobreviviente de los campos de concentración y de su exterminio. Sobre sus hombros carga un enorme dolor, que tiene que ver con la pérdida de toda su familia, con las humillaciones y la muerte en los campos, con la ambigua vergüenza de que su padre haya sido un ideólogo pro limpieza de razas. Pero hay una específica decisión que le causa un dolor innombrable. Una vez prisionera se vio obligada a elegir cuál de sus 2 hijos viviría, y cuál en consecuencia debía morir. Ella elige finalmente, y salva a su pequeño niño (y en consecuencia su hija es eliminada). Por supuesto ella no eligió ni la diatriba mortal en la que es puesta, ni el contexto que hace posible esa cruel elección, pero hay algún pequeño margen de elección y es al que alude el título.
Nathan es el salvador de Sophie, la devuelve a la vida. Lo que ella parece no saber o por lo menos admitir, es que Nathan ha perdido completamente la razón, aun cuando sea destructivamente obvio para los espectadores. Nathan la devuelve a la vida muy ambiguamente, tal vez sería más claro decir que la retiene en la muerte. Y es evidente que la película plantea esa diatriba, y en esos términos. Stingo la ama y le ofrece una vida juntos, matrimonio heterosexual, granja en el Sur, hijos, etc. La película representa a Stingo como la posibilidad de vivir, mientras que Nathan es la seductora promesa de muerte. Sophie decide nuevamente, y su decisión es por Nathan, y finalmente ella muere a manos de él y junto a él. Por supuesto que esta promesa dicotómica tiene un matriz sexista y heterocentrada, pero esto no niega el que Sophie elige o se ve atada a la muerte, a un deseo muy autodestructivo. Es claro que sobre esto se podrían hacer múltiples observaciones: dos amantes de la muerte se encuentran, y deciden morir juntos; etc.
¿Por qué Sophie no pudo cambiar los términos de su elección?, ¿pudo elegir?, ¿fue elegida? ¿Solo quería morir con un ser que lo quisiere igualmente? Pero esto desconoce la esperanza que le da Nathan. ¿Cómo explorar esta difícil estructura entre deseo, sujeción y muerte?

En “Happy Together” (1997, Hong Kong) una pareja se encuentra completamente descentrada. No es casual que se trate de una pareja gay, conformada por dos hombres asiáticos migrantes en Buenos Aires (que no hablan español además). Todos estos elementos construyen a Lai Yiu-fai (Tony Leung Chiu-Wai) y Ho-po Wing (Leslie Cheung) como sujetos que no se pertenecen a sí mismos, como cuerpos cuyos cuerpos no son suyos.


Lai adora a Ho, para él lo es todo. De hecho trabaja doble turno para poder costearle sus gustos. Ho también lo ama, pero no es reciproco (y no digo que tendría que serlo), no es constante en su afecto, tampoco es exclusivo. Lai parece aceptar la adicción de Ho, el que él no tenga trabajo, y que esté con otras parejas sexuales. Pero aun así eso no basta, Ho lo deja y vuelve solo cuando lo necesita, solo cuando le es funcional. Lai lo espera, y siempre tiene la esperanza de que vuelva.
La dirección es bastante minimalista, y el mundo de Lai y Ho es el de la película. En ese contexto, uno se pregunta ¿por qué este filme se llama “Happy Together” (felizmente juntos) si lo que vemos es una relación tan destructiva que trae tanto dolor? Tal vez el título debiere ser “Miserablemente juntos”. Pero el director Wong Kar Wai comentó su título. “Happy together” alude no a los dos protagonistas, sino a Lai quien al final se reconcilia consigo mismo y puede empezar de nuevo. Lai sufre y sufre mucho la pérdida de Ho. Es más cuando Lai conoce a Chang (un chico que es todo lo opuesto a Ho) y que está claramente interesado en él, no corresponde el interés. Su dolor no le permite ver ninguna posibilidad de nuevo vínculo. Pero su dolor es importante porque es duelo. Lai reconoce que ha perdido algo que quería, a alguien que amó. Cuando Ho vuelve a contactarlo, Lai tiene la fuerza para decirle “NO”. Lai regresa a Hong Kong, y visita la ciudad de Chang, probablemente con la expectativa de volver a verlo. El final es abierto, y esperanzador. El pasado y el presente de Lai están por fin felizmente juntos.
¿Qué hace diferente el caso de Lai del de Camille y Sophie? Probablemente sea el duelo. Lai hace duelo, reconoce que ha perdido algo que ha amado. Camille parece nunca reconocerlo, ya que aun cuando renuncia a Rodin todo lo hace en función a él, incluso su odio. Por su parte, Sophie, no reconoce (tal vez salvo hasta muy tarde) la irrecuperable perdida de su hija, Ella sufre pero por otras razones, que bloquean que reconozca que ha perdido algo que quiso mucho. Tal vez el reto es precisamente reconocer la pérdida, para poder volver a empezar, para poder abrirnos posibilidades en el futuro, y para que como Lai nuestro pasado y nuestro futuro, aun con sus múltiples incongruencias y dolor, puedan vivir felizmente juntos.

2 comentarios:

Horacio dijo...

Ayer un pata me pasó el dato de tu blog. Lo he chequeado; me parece interesante y justo.
En este post, no sé si concuerdo del todo con la valoración que haces de los personajes. Finalmente, estás hablando de películas que dudo que apunten a una lección "moralizadora y edificante". Las he visto y son, a mi parecer, más bien historias sobre personas complejas. Por ello, asegurar que a un personaje le fue mejor que a las otras porque supo darse un luto me parece un poco fuerte. Cuando se hacen historias, por lo general la moraleja es lo de menos.
Habiendo dicho eso, recalco que tu blog me parece bueno y seguiré leyendolo.
pd: Gracias por colgar episodios de Utena. Fue feelin verlos luego de tanto tiempo.

Giancarlo Cornejo Salinas dijo...

Hola Horacio
Gracias por tus comentarios.
De hecho estoy de acuerdo parcialmente contigo. La seleccion de películas como el uso que les di era para elaborar un argumento sobre la sujeción y el deseo.
Ahora lo que es cierto es que estas 3 películas, como muchas otras, exploran la relación entre el deseo y la sujeción. Y son fantasías colectivas de amor, sujeción, deseo, libertad, y probablemente incluso subversión. Esa fantasía no es solo la del director o interpretes, sino tal vez más importante es una fantasía pública. Asi como un libro es de quienes lo leen, una pelicula es de quienes la ven.
Tomando eso en cuenta es interesante preguntarnos ¿qué clase de identificación/desidentificación producen personajes como Camille, Sophie o Lai?, ¿qué estructuras sociales hacen posibles la identificación/desidentificación con esos personajes?, ¿cuáles más bien las hacen irreales o imposibles?; ¿que estructuras o campos de poder permiten que ciertas cosas de la película puedan ser interpretables y a cuáles les niega dicha potestad?

Por cierto, que bueno que tambien te guste Utena. Esa serie me marcó, y le debo un analisis a profundidad, que en algun momento haré.
Saludos