jueves, 25 de septiembre de 2008

La heteronormatividad desde el marco elitista del poder

Introducción
La heteronormatividad o imposición de la heterosexualidad como norma obligatoria es una institución que responde a la conjunción de intereses de ciertas elites económicas, religiosas, políticas y masculinas.
Mi ensayo trata de explorar qué intereses son los que intervienen para imponer políticas sexuales tan rígidas. Y desde el marco elitista qué elites se encargan de legitimar la heteronormatividad.
La estructura de mi monografía será la siguiente:
- Una aproximación general al tema desde el marco elitista
- Elites del poder (masculina, capitalista, blanca, religiosa, científica y política)
- Instituciones que producen y reproducen la heteronormatividad (familia, escuela y estado)
- Movimientos sociales por la disidencia sexual
- Conclusiones

Primera aproximación desde el marco elitista
La heteronormatividad puede ser definida como una institución (valores, normas y creencias) que crea las categorías heterosexual y homosexual e impone la primera como única sexualidad válida. En Occidente, la institucionalización de la sexualidad se materializa en la heterosexualidad obligatoria. La heteronormatividad no es una norma inmóvil sino que tiene que ser actualizada constantemente, e invisibilizar sus contradicciones y vacíos.
Para Freud la cultura impone restricciones sobre la libido y el placer, y termina encaminando a las personas a la heterosexualidad monogámica obligatoria. Esto a costa del sacrifico de muchos aspectos de su yo. Este proceso también podría ser llamado heteronormatividad porque impone la heterosexualidad monogámica como pauta y norma, pero va más allá porque se la postula como un requisito de la cultura.
¿Por qué imponer la heterosexualidad obligatoria como norma?, ¿qué “beneficios” se obtienen de imponer la heterosexualidad como norma? Esto posiblemente haya estado relacionado con la transición demográfica; hasta mediados del siglos XVIII la humanidad vivía en una etapa de supervivencia de la especie (en la que la mortalidad y la natalidad eran muy altas), y en ese contexto la reproducción era un valor en sí mismo y solo se veía a la sexualidad como eminentemente reproductiva. Al imponerse la familia heterosexual monogámica como norma se procuraba que la reproducción se legitimara e incentivara. Pero en la actualidad vivimos en una etapa de equilibrio poblacional (o estamos en transición a ella como nuestra región) donde la sexualidad no es vista solo como reproductiva, sino también donde la dimensión placentera y lúdica es visibilizada y revalorada. Y en ese sentido la familia heterosexual monogámica ya no sería la única aceptable, sino que se visibilizan otras formas diversas de familias.
La elite pese a sus diferencias se mantiene relativamente homogénea porque comparte normas de admisión, estimación, honor y promoción (por ello las personas de este grupo tienden a parecerse), y la norma heterosexual obligatoria es una de ellas. Obviamente dentro de la elite hay conflictos y tensiones, pero más fuertes que esas diferencias son la disciplina interna y la comunidad que unen a la élite, osea sus intereses de clase.
No se puede pensar sinceramente en la élite como un grupo de hombres que se limitan a cumplir con su deber. Son ellos quienes determinan cuál es su deber, así como los deberes de sus subordinados. Y es en ese sentido que se deben juzgar sus desempeños. Uno de esos “deberes” que determinan es la imposición de la heterosexualidad como única sexualidad válida, legítima y aceptable.
Para el marco elitista es muy importante la segunda dimensión del poder (qué incluyen en la agenda, leyes, quién sale elegido). Aunque la heteronormatividad también tiene contenidos y características de la tercera dimensión del poder.
Las elites además hacen que las masas subordinadas no sean capaces de ver su dominación (la naturalizan con una serie de recursos), la manipulan y confunden. De esta manera la elite del poder previene las luchas contra las masas. La imposición de la heterosexualidad como única sexualidad válida es hegemónica porque es aceptada sin cuestionamientos por las masas, que no son capaces de oponerse a la voluntad o las decisiones de las elites.

Elite masculina
Para Adrienne Rich la heterosexualidad no es una opción sexual ni es privada, sino es una institución hecha desde, por y para el poder masculino. Para Peña la heterosexualidad arrebata el poder a las mujeres convirtiendo su sexualidad en esclavitud. La sexualidad femenina solo existe a partir de un discurso masculino. El conocimiento de la sexualidad, por y para lo femenino, resulta invisible y no puede existir. La sexualidad femenina, no existe dentro del discurso masculino, no existe en el sistema patriarcal. Y por ello lo lésbico es particularmente invisible y negado culturalmente.
Al usar la categoría homosexual como referente abyecto (y opuesto) de la norma heterosexual lo que se busca es que nuestras miradas obvien los contenidos eróticos de las relaciones entre hombres (heterosexuales) que son construidos como “normales”. A la vez que la homosexualidad para ser devaluada es feminizada como categoría, los gays somos pensados como hombres feminizados y por tanto devaluados.
Según Melanie Klein el primer y fundamental rostro del poder es femenino. Nadie tiene tanto poder sobre otro/a como una madre sobre su hijo/a. Este poder es negado y naturalizado por el discurso patriarcal y es convertido en lo abyecto, lo despreciable. Para Klein es el sistema patriarcal el que hace que las mujeres no asuman este poder. La heteronormatividad también niega este poder y hace la existencia de las mujeres funcional a la de los hombres.
El sistema cumple funciones manifiestas y latentes. ¿Cuáles son las manifiestas y cuáles las latentes de la heteronormatividad?, ¿imponer la norma heterosexual obligatoria es una función manifiesta o latente? Podría ser que mantener la norma heterosexual obligatoria sea la función manifiesta y que la latente sea mantener el patriarcado (al repartir mujeres a los hombres) y producir discursos que legitimen su sujeción. Posiblemente el que la heterosexualidad se imponga como norma es un vehículo “perfecto” para legitimar la exclusión de las mujeres de una serie de esferas, de derechos, de poder, de prestigio, sirva además para hacer de los cuerpos de las mujeres propiedad de un sistema.
La elite militar del poder asume valores sociales masculinos y los legitima, siendo la homofobia uno de ellos. Teniendo tanto poder como el que posee la elite militar es fácil entender sus intervenciones y alianzas con otras elites para reforzar la heteronormatividad.

Elite religiosa
Tiene el monopolio de la salvación y la trascendencia, de nominar lo bueno y lo malo. La cruzada del Vaticano actualmente va contra el matrimonio gay – lésbico por considerarlo una afrenta a los valores que representa (supuestamente) el matrimonio heterosexual monogámico. Y sobre todo porque una norma de este tipo cuestionaría los cimientos del monopolio de la regulación de la vida sexual y reproductiva que el Vaticano cree ostentar.
Según Monique Wittig “los discursos que particularmente nos oprimen a todas nosotras y a todos nosotros, lesbianas, mujeres y homosexuales, son aquellos que dan por sentado que lo que funda una sociedad, cualquier sociedad, es la heterosexualidad”. Y eso es algo que las Iglesias cristianas (como otras) han usado para legitimar su existencia. El mito “fundante” de Adán y Eva es paradigmático de cómo seria una pareja que es definida culturalmente como heterosexual la responsable de la vida en el mundo.
Por otro lado, hay organizaciones político religiosas como PRO VIDA que tienen sucursales por todo el mundo, y buscan reforzar su presencia en países del “tercer mundo”. Estas organizaciones cuentan con mucho dinero, y personas con una militancia muy activa, por lo general son grupos minoritarios muy reducidos pero con mucho poder (porque sus miembros son parte de la elite del poder capitalista, blanca y política también). Y es porque sus miembros poseen el poder, son parte de la elite del poder y poseen los medios institucionales para que sus decisiones sean tomadas por el sistema que no se les puede definir como un movimiento social.

Elite blanca
Andrade sostiene que el cuerpo funciona como un mapa del mestizaje para leer la fetichización sexual y racial de las razas subordinadas. Andrade introduce la noción de “masculinidades racializadas” y con ello hace alusión al que los ideales hegemónicos de la masculinidad tienen en mente al hombre “blanco” como agente del poder imperial. Entonces la heteromormatividad implica discursos en torno a la raza para disciplinar las relaciones políticas/sexuales que naturaliza. En ese sentido, es que se puede hablar de sexualidades racializadas y evidenciar los lugares desde los que se nomina la racialización (proceso de construcción de connotaciones diferenciales basadas en las nociones de “raza” y que son atribuidas como cualidades de sujetos dados) de las sexualidades disidentes de la norma heterosexual obligatoria.

Elite capitalista
Preciado postula la sexopolítica como una de las formas dominantes de la acción biopolítica del capitalismo contemporáneo por la que se crean cuerpos heteros “normales” y otros cuerpos “desviados”.
Preciado utilizando el marco teórico de Foucault problematiza la noción de un Imperio sexual: “El sexo (los órganos sexuales, la capacidad de reproducción los roles sexuales en las disciplinas modernas…) es el correlato del capital… El cuerpo hetero (straight) es el producto de una división del trabajo de la carne según la cuál cada órgano es definido por su función. Toda sexualidad implica siempre una territorialización precisa de la boca, de la vagina, del ano. De este modo el pensamiento heterocentrado asegura el vínculo estructural entre la producción de la identidad de género y la producción de ciertos órganos como órganos sexuales y reproductores. Capitalismo sexual y sexo del capitalismo. El sexo del ser vivo se convierte en un objeto central de la política y de la gobernabilidad…”[1].

Elite científica (con la capacidad de nominar[2])
La homosexualidad ha sido sancionada por curas, jueces y médicos. La disidencia sexual ha sido convertida en pecado, delito y enfermedad o patología.
La noción de “género” proviene de médicos como John Money que la utilizan para abordar la posibilidad de modificar quirúrgicamente y hormonalmente la morfología sexual de los niños intersexuales y las personas transexuales. “con las nuevas tecnologías jurídicas y médicas de Money, los niños “intersexuales” operados al nacer o tratados en la pubertad, se convierten en minorías construidas como ‘anormales’ en beneficio de la regulación normativa del cuerpo de la masa straight (heterocentrada). Esta multiplicidad de los anormales es la potencia que el Imperio sexual intenta regular, controlar, normalizar”[3]. El concepto de “género” fue primero una noción sexo política para la creación de cuerpos normales (y la de cuerpos anormales) que una herramienta teórica del feminismo americano.

Elite política (de derecha)
En la actualidad la asociación entre los grupos neoliberales de poder y la iglesia católica es hartamente conocida. Y talvez el caso paradigmático sea el actual gobierno de EEUU, en el que la administración Bush y el Vaticano parecen tener una suerte de romance. Dictan o imponen políticas sobre derechos sexuales y reproductivos y sobre las normatividades de diversos países. En muchos casos hay condicionamientos económicos (o promesas de favores) para que los países del “tercer mundo” endurezcan sus políticas de estado homofóbicas y misóginas, o se hacen lobbys de tratados en los que comprometen a estos países a alinearse con las doctrinas autoritarias de la elite católica, minando los estados laicos (que en nuestras regiones de por si son débiles).

Instituciones que producen y reproducen la heteronormatividad

Familia
La elite del poder va a buscar imponer y reproducir su modelo familiar, el heterosexual monogámico, como único modelo de familia. Esto para consolidar su dominio ejerciendo su poder hasta en la cotidianidad de las vidas de los grupos subalternos.
En las familias las personas no heterosexuales seremos víctimas de irrespeto. El irrespeto es cuando un grupo o categoría de personas es mal tratada por otros usando categorías morales para legitimar esa violencia. En otras palabras el irrespeto es la negación de reconocimiento. Este no respeto es injusto porque restringe las libertades de muchos seres humanos y no les permite conocerse a si mismos ni adquirir intersubjetividad. Este irrespeto será una constante en las vidas de quienes no somos heterosexuales. Y el irrespeto se da en muchas instituciones y organizaciones, pero el causado en la familia talvez sea el que más daños cause.[4]
Por otro lado, el sistema crea necesidades que solo pueden ser satisfechas por él. Por ejemplo el sistema capitalista consumista hegemónico impone modas, que renueva cada temporada. Esto con la intención de que nunca se deje de consumir, pero este hecho es vivido por mucha gente como una necesidad a la que le dedican buena parte de sus presupuestos económicos. De la misma manera el sistema heteronormativo constituye al matrimonio y la reproducción como necesidades (de logro personal y social). En ese sentido los y las disidentes de la heteronormatividad (lesbianas, gays, travestis, bisexuales, transexuales, etc) pueden ver en el matrimonio y en el tener hijas/os una imperiosa necesidad. De esta manera se puede cuestionar la homofobia, pero no al matrimonio monogámico como norma.

Escuela
La escuela es un espacio en el que se reproducen las diversas formas de estratificación, que diferencian y domestican los cuerpos[5], que producen y reproducen cuerpos normales (straight) y cuerpos desviados.
Pierre Bourdieu sostiene que la institución escolar contribuye a reproducir una determinada distribución del capital cultural y por lo tanto una determinada estructura del espacio social. Este proceso se da a través de mecanismos muy complejos que incluyen tanto a la institución escolar como a las estrategias de las familias que buscan hacer prevalecer sus culturas e imponerlas a las otras.
Hay que señalar sin embargo que la escuela no es un espacio homogéneo y estático en el que se reproduce la cultura dominante de manera automática. Giroux reconoce a la escuela como un espacio de batalla e intercambio en el que se produce un encuentro entre dominantes y subordinados.

Estado
El estado es la élite, está compuesto por organizaciones e instituciones cuyas cabezas son la elite. El estado ha sido colonizado por la elite. La democracia en ese sentido existe como un medio para justificar a sus elites. La democracia es usada (por la elite) para impedir la revolución, y un componente importante de esta revolución es el de la disidencia sexual, que cuestiona uno de los cimientos de la heteronormatividad por la que la elite del poder controla los cuerpos de “sus mujeres” y las subalterniza, y garantiza la mantención de un orden intraclase, dado que regula la reproducción de sus miembros y les impone tabúes sexuales.
El estado así no busca la inclusión de más ciudadanos y ciudadanas, y mucho menos si no asumen la norma heterosexual en sus cuerpos. De esta manera el estado refuerza la condición de marginalidad de las personas gays, lesbianas, bisexuales o trans y nos excluye de una serie de derechos (protección frente a discriminación laboral, social, del sistema de salud o educativo, del matrimonio, de la protección contra crímenes de odio, etc).
En la ONU frente a una propuesta de Brasil de incluir la orientación sexual como un derecho humano, la alianza entre Estados Unidos, los países musulmanes y algunos excomunistas en este tema fue impresionante. Países y regiones con historiales de odios mutuos, y de muchas guerras se unían para impedir el cuestionamiento de la heteronormatividad.

Movimientos sociales por la disidencia sexual
Para Axel Honneth la experiencia de irrespeto puede afectar la vida de seres humanos de tal manera que incentive ímpetus para la resistencia social y el conflicto en búsqueda de reconocimiento social.
En el contexto de una respuesta emocional asociada con vergüenza, el ser objeto de irrespeto puede generar ímpetus de luchas por reconocimiento. Para Honneth es solo porque los seres humanos son incapaces de reaccionar con neutralidad emocional a las injurias sociales que la norma de mutuo reconocimiento en el mundo de la vida tiene la posibilidad de ser realizada. Honneth advierte que solo si hay un movimiento social previo y que respalde, estos sentimientos de ira y vergüenza se pueden transformar en resistencia política.
¿Por qué los y las disidentes sexuales de la heteronormatividad para poder dialogar tenemos que renunciar a nuestras particularidades (y parecernos a los heterosexuales)?, ¿es que la diferencia se acepta pero solo en la esfera privada (donde nadie la vea)? Sería como decir que una mujer indígena solo debe ser eso en su comunidad y que en la esfera pública para dialogar debe renunciar a su femineidad y a su etnicidad.
Desde el psicoanálisis, las teorías queer y los estudios de subalternidad es que se han hecho y se pueden hacer muchos aportes a la lucha contra la heteronormatividad.
El psicoanálisis no solo liberaría a los y las disidentes de la heteronormatividad, sino también a las personas heterosexuales. Así los hombres no vivirían una masculinidad compulsiva que les niega explorar una serie de alternativas y expresar su afectividad. Las mujeres no serían atrapadas por la compulsión de ser deseadas, y a partir de allí podrían reconocer otros aspectos de su humanidad.
La teoría queer no solo usa la categoría homofobia[6] (usada por las teorías gays y feministas), sino que postula el concepto de heteronormatividad para aludir a un sistema que crea categorías “homosexual” y “heterosexual” y las jerarquiza, apuesta por su deconstrucción.

Conclusión
“La sexualidad es privada”. Espero con este ensayo haber contribuido a cuestionar la noción de sexualidad, única y universal, y también su asociación a lo privado (y oculto). Los espacios públicos son importantes porque la heterosexualidad es la norma sexual pública. En ese sentido para cuestionar la heteronormatividad (la imposición de la heterosexualidad como única sexualidad válida, legítima y moral) es necesario llevar las sexualidades disidentes de la norma a esta esfera para deconstruirla.
La heteronormatividad es una política sexual impuesta y actualizada por elites que ostentan el poder (masculina, capitalista, blanca, religiosa, científica y política), y es naturalizada en la cotidianeidad de nuestras vidas por tres instituciones: la familia, la escuela y el estado. Asimismo estas elites no tendrán todo el tiempo la misma importancia para la producción y reproducción de la heteronormatividad. Dependiendo del contexto serán distintas las elites que más influyan en la imposición de esta norma.
Irónicamente o talvez precisamente porque la heteronormatividad causa irrespeto y humillación, es que aparecen movimientos críticos de resistencia. Y es desde el psicoanálisis, las teorías queer y de subalternidad que se abren las posibilidades más esperanzadoras y críticas de resistencia. Así se apuesta por la deconstrucción de la dicotomía de género, y la disolución de la heteronormatividad como norma. De esta manera, las personas podríamos vivir nuestros géneros, identidades, orientaciones sexuales, roles sin vernos condicionados por nuestra biología.


Bibliografía

Andrade, Xavier “Homosocialidad, disciplina y venganza”

Kulick, Don y Klein, Charles “Scandalous acts: The politics of shame among brazilian travesti prostitutes”

Mérida, Rafael “Sexualidades transgresoras: Una antología de estudios queer”

Ochoa, Marcia “Ciudadanía perversa: Divas, marginación y participación en la ‘localización’”

Peña Corral, Ruth “Ensayo sobre sexualidad”

Preciado, Beatriz “Multitudes queer: Notas para una política de los ‘anormales’”

Wright Mills “La elite del poder”
[1] Beatriz Preciado “Multitudes queer: Notas para una política de los anormales”
[2] El uso de un término específico para designar la diferencia de manera jerárquica es también un mecanismo de irrespeto. En este caso no existe una sola forma de llamar la disidencia de la masculinidad hegemónica heterosexual sino muchas: maricón, cabro, rosquete, pato, marica, roto, brócoli, loca, brito, chivo, etc. Estas son palabras que significan lo mismo, que encierran mucho odio y que es difícil describir, pero para a quienes nos las han dicho sistemáticamente es una experiencia dolorosa, no son solo palabras que expresan el odio de los otros, sino también el odio a uno mismo, el miedo a uno mismo. La variedad de palabras para expresar lo mismo expresa lo importante que es la homosexualidad en la constitución y mantención de una masculinidad hegemónica, y como es de central importancia objetivar la homosexualidad en el otro y eliminar la duda en el uno.
[3] Preciado, Beatriz “Multitudes queer: Notas para una política de los anormales”

[4] Las personas tenemos una necesidad de reconocimiento (social). Este reconocimiento es producto de la aceptación y conformidad a las reglas. Este reconocimiento nos es negado por el sistema hegemónico. También existe un temor al aislamiento que hace que la mayoría de personas adapte su comportamiento al grupo, y que hace que los y las disidentes sean visiblemente tan pocos.

[5] Hay un tipo de irrespeto que afecta la integridad física de una persona. El que una persona sea privada de disponer libremente de su cuerpo representa la forma mas grave de degradación personal. El intento de obtener el control del cuerpo de una persona en contra de su voluntad causa tanta humillación e impacta más profundamente que otras formas de injuria.

[6] Homofobia solo alude a las consecuencias de un sistema que nomina, que jerarquiza, y asume como natural el que la heterosexualidad sea la categoría desde que e nomina, así como asume la noción de minorías sexuales acríticamente.

martes, 23 de septiembre de 2008

Mi artículo en la revista "Argumentos"

Me publicaron una reseña sobre un muy buen libro en la revista Argumentos del IEP (Instituto de Estudios Peruanos). El artículo se titula "Una aproximación al asco y a los cuerpos que no importan" (lo publiqué en mi blog hace algunas semanas). Pero si quieren leer la versión final y otros ensayos de coyuntura política chequen la revista.

El link de la revista es:
http://www.revistargumentos.org.pe/index.php?fp_plantilla_seleccionada_temporal=73

jueves, 11 de septiembre de 2008

"Ya no me gustas, pero todavía no me doy cuenta"

Esta es la frase que jamás imaginé resultaría más dolorosa de oir que insultos, burlas maricas crueles, rajes sobre el físico, críticas al desempeño sexual propio, etc.
Suelo resguardarme en un aura racional que busco me proteja de mis emociones que por definición me hacen más vulnerable. Teóricamente me repito y me repito que la oposición entre amor y razón no existe, pero ¿por qué a veces el amor es tan pero tan irracional?, ¿por que uno no puede liberarse de amores que uno sabe que son dañinos ? Es más ¿por qué esos amores resultan aun más intensos?
Para no dejar de mencionar a la Butler, como es una costumber en mi, Tal vez me haya acostumbrado a la piel de alguien mediante repeticiones, mientras que me repetía que no me iba a implicar mucho; pero las repeticiones crean las realidades y se desvían de las intenciones que uno le puede haber adjudicado inicialmente.
¿Cómo es que uno puede decir desear algo y hacer sistematicamente lo opuesto? ¿Cómo me pude engañar pensando que no estaba oprimido?, ¿Cómo no me di cuenta que el terror del sexo del que creía me había liberado me tenía más atrapado que a nadie?, ¿Cómo uno puede irrespetarse tanto por alguien que no lo quiere?, ¿Es que no me doy cuenta que mi deseo es colonizado por el de otro?
No se porqué escribo esto si se que no soy bueno en escribir sobre mí, si mas bien siempre le huyo, pero hoy tenía esa necesidad, de contarle a alguien, a quien sea, lo patético que me siento. Patético por haber caído en mi propia mentira, en mi propio cinismo, por haber sido víctima de mi propia doble moral, y por no aceptar que soy mucho más convencional de lo que quisiera admitir públicamente. Tanto requintaba de la monogamia y de las formas de parentesco heterosexual, pero en el fondo eso era lo unico que deseaba. Deseaba (Deseo) lo que decía detestar, sufro las consecuencias de mi propio cinismo.
Los seres humanos somos contradictorios, pero hay ciertas incoherencias que cobran una factura dolorosa muy pronto. Tal vez sería mejor evitarlas ¿Pero cómo las evitas?
¿Por qué no admites que aunque te ufanes de ir a a saunas lo haces con culpa?, ¿que aunque te repitas que no quieres un novio lo deseas más que la Carrie de la película de Sex and the City? ¿Por qué no admites que te duele que no te quiera como tú lo quieres? ¿por qué no admites que eres mucho más debil de lo que dices ser? ¿Por qué no admites que has querido mucho más de lo que demostrabas? ¿Por qué no admites que te duele que te digan que ya no te quieren? ¿Por qué no lloras de una vez?