jueves, 31 de julio de 2008

"Retóricas de Género" por Beatriz Preciado

Encontré esta muy buena introducción a la teoría queer en Internet. Chéquenla.
Resumen de la Conferencia “Retóricas de Género” 1
Por Beatriz Preciado


¿De qué hablamos cuando hablamos de género?
Para explicar y contextualizar el profundo "giro performativo" que ha supuesto este cambio en la noción de género, Beatriz Preciado analizó durante la primera jornada de este seminario la transformación histórica que ha experimentado el concepto de sexualidad. "El sentido del título de este curso, señaló Beatriz Preciado, hace referencia a la multiplicidad de caminos y discursos teóricos (retóricas) que han contribuido a pensar y reflexionar sobre el género". El feminismo clásico y esencialista (una de esas retóricas) se estructura a partir de una especie de ontología biológica de la diferencia sexual que defiende la existencia de una línea de continuidad entre tres nociones diferenciadas: sexo, género y orientación sexual. Desde esta perspectiva teórica, el sexo sería algo natural, un imperativo biológico que se identifica con los genitales, mientras la diferencia de género derivaría de una construcción social y simbólica vinculada a un proceso dialéctico de dominación y opresión (en el que los opresores serían los hombres y las oprimidas las mujeres). Beatriz Preciado considera que esa visión no se puede entender al margen del periodo histórico y de la tradición teórica y científica en la que se gesta.
En su intento de aproximación analítica al concepto de género, Preciado recurre a la tipología de Foucault que establece una diferencia histórica entre sociedades soberanas, disciplinarias y de control. Según Foulcault en las sociedades soberanas (hasta el SXVIII) hay una equivalencia jurídico-simbólica entre el crimen y el castigo, y el poder (un poder negativo puesto que sólo puede decidir de la muerte) se articula en torno a la figura de un soberano único que decide sobre la muerte de sus súbditos. Por el contrario, en las sociedades disciplinarias y de control, el poder depende de la capacidad de producir la vida (demografía, políticas de control de la reproducción,...), no en darla o quitarla, el soberano se transforma en una instancia colectiva y desaparece la equivalencia directa entre la falta y el castigo. En estas sociedades que tienen su origen en la revolución francesa, hay una dinámica institucional de corrección y regulación sistemática de los espacios (por ejemplo, la prisión, el hospital, la escuela, la caserna militar, etc.), cuyo objetivo es la regulación del cuerpo y la transformación de los hábitos de conducta.
Según Beatriz Preciado se puede realizar una correspondencia entre estas formas de división del poder y un análisis histórico de los regímenes de producción de la sexualidad en la civilización occidental. En este sentido Preciado considera que se podría hablar de una sexualidad premoderna, moderna y posmoderna. Las fronteras entre los distintos periodos de esta historia de la sexualidad son difusas, aunque para la autora de Manifiesto contrasexual sí existen algunos puntos de inflexión (marcados por una serie de "fechas-fetiches") en los que se producen cambios muy significativos que determinan la transformación de las identidades de género.
En este sentido, Thomas Laqueur señala en su libro Making sex que hasta el siglo XVII existía un sólo sexo, el masculino, con una variable débil y decadente que se asociaría a la feminidad. Esta certeza era fruto de los estudios médicos de la época que creían en la existencia de una especie de órgano sexual universal que se representaba en forma U (derivando en masculino si estaba para afuera y en femenino si se encontraba hacia adentro). Posteriormente apareció un nuevo régimen visual de la sexualidad, un nuevo paradigma epistemológico, para el que los órganos genitales constituían el elemento clave de la diferencia sexual. "Hasta entonces, recuerda Beatriz Preciado, el criterio que determinaba la feminidad o la masculinidad de una persona era la capacidad reproductiva y no se consideraba importante la morfología de los genitales". La diferencia sexual y la diferencia entre homosexualidad y heterosexualidad son regímenes de representación de la sexualidad relativamente recientes. No es hasta el siglo XVII cuando la representación médica de la anatomía sexual produce la diferencia sexual entre lo masculino y lo femenino. Del mismo modo que no es hasta finales del siglo XIX, cuando diversos estudios asociados a la ciencia médica fijaron por primera vez la distinción lingüística y conceptual entre homosexualidad y heterosexualidad, entre perversión sexual y normalidad. Los "sujetos sexuales" aparecen así como una invención moderna que comenzará a cuestionarse hacia mediados de 1950.
A mediados del siglo XX, comenzó a gestarse una noción de la sexulidad que ponía en duda la relación causal entre sexo y género, esto es, que cuestionaba la idea de que el sexo es una instancia biológica predeterminada y fija que sirve como base estable sobre la que se asienta la construcción cultural de la diferencia de género. Según Beatriz Preciado, si extendemos los análisis del poder y la sexualidad de Foucault al siglo XX, podemos señalar un punto de inflexión fundamental (otra fecha-fetiche) en torno a 1953, coincidiendo con la aparición pública de Christine Jorgensen, la primera transexual mediática estadounidense. Ese año, John Money, un pediatra norteamericano especializado en el tratamiento de niños con problemas de indeterminación de la morfología sexual, utilizó por primera vez la noción de género (palabra castellana que deriva del término anglosajón gender) para referirse a la posibilidad quirúrgica y hormonal de transformar los órganos genitales durante los primeros 18 meses de vida. "Esto suponía un cuestionamiento absoluto, subrayó Beatriz Preciado, del régimen sexual bipolar de la modernidad, de la epistemología visual sobre la que se había construido el conocimiento de la sexualidad". Además para Preciado es muy significativo el hecho de que el concepto de género no apareció en el ámbito de los estudios sociológicos y humanistas, sino asociado a la medicina y a las tecnologías de intervención de la sexualidad.
John Money justificaba estas intervenciones quirúrgicas en los bebés con problemas de indeterminación sexual como el único medio para posibilitar su adaptación a la vida familiar y a la lógica productiva de la sociedad. Lo llamativo es que esta práctica (que supuso la aplicación artificial y cruel de un proceso de selección sexual de corte darwinista) sólo comienza a ponerse en cuestión hacia finales de los años 90 cuando se constituyeron las primeras asociaciones de intersexuales en los EE.UU que exigían poder acceder a sus historiales médicos y reclamaban el derecho de todo cuerpo a elegir las transformaciones que se lleven a cabo sobre su morfología genital. Para Preciado este hecho ilustra como los dispositivos institucionales de poder de la modernidad (desde la medicina al sistema educativo, pasando por las instituciones jurídicas o la industria cultural) han trabajado unánimemente en la construcción de un régimen específico de construcción de la diferencia sexual y de género. Un régimen en el que la normalidad (lo natural) estaría representado por lo masculino y lo femenino, mientras otras identidades sexuales (transgéneros, transexuales, discapacitados,...) no serían más que la excepción, el error o el fallo, monstruoso que confirma la regla.

Las teorías y prácticas queers
"Las teorías queers, subrayó Beatriz Preciado, ponen en cuestión la distinción clásica entre sexo y género, haciendo hincapié en el hecho de que la noción de género apareció en el contexto del discurso médico como un término que hacía referencia a las tecnologías de intervención y modificación de los órganos genitales y cuyo único objetivo era llevar a cabo un proceso de normalización sexual". Para Preciado es necesario y urgente desde un punto de vista político re-pensar el auténtico sentido de la dicotomía sexo-género (presentada convencionalmente como una relación natural), y entender dicha dicotomía como el resultado de aplicar un conjunto de dispositivos políticos e ideológicos. La sexualidad no sería algo biológico, sino una construcción social, una tecnología, y sólo trascendiendo la dicotomía entre sexo y género se puede articular un discurso y una acción política que rompa con la labor normalizadora y mutiladora de la diferencia sexual.
Queer en sentido literal significa maricón, bollera, aunque por extensión designa todo lo que sexualmente no es normativo (desde l@s trabajador@s sexuales a los sadomasoquistas). El movimiento queer apareció a principios de los 90 en el seno de la comunidad gay y lesbiana de los EE.UU. En ese contexto, una minoría (no en su connotación cuantitativa, sino en el sentido que este término adquiere en el pensamiento de Gilles Deleuze como potencial revolucionario frente a la norma institucionalizada) decidió autodenominarse con este término despectivo para diferenciarse (establecer una distancia política) de las iniciativas que buscaban la construcción de una identidad estable (una normalización) para los gays y lesbianas. "Unas iniciativas, recordó Beatriz Preciado, que con frecuencia se olvidan del resto de las variantes posibles de la sexualidad y terminan limitando su lucha a la obtención de derechos y privilegios".
La cultura queer (que engloba a grupos como Queer Nation, Radical Furies o the Lesbian Avangers) plantea una posición crítica con respecto a los efectos normativos de toda formación identitaria, no sólo la sexual sino también las referidas a la raza o a la clase. Así, frente a los análisis feministas clásicos y de los grupos de gays y lesbianas más liberales que aplican un enfoque dialéctico para valorar la opresión, las teorías queers consideran como su objetivo prioritario llevar a cabo un acercamiento transversal a los dispositivos sociales de sumisión y dominio.
Se trata de un movimiento postidentitario, pero que ante una situación de opresión concreta decide poner en marcha estrategias hiperidentitarias que hagan visible la posición de ciertas minorías. "Pero siempre, señaló Beatriz Preciado, desde la conciencia de que la configuración de esa hiperidentidad no es fruto de un proceso natural sino algo construido que además puede generar exclusión". Es decir, las teorías queers deben enfrentarse y resolver ciertas paradojas ya que al mismo tiempo que reivindican una identidad propia, critican la supuesta naturalidad de las identidades. Por ello no tratan de crear espacios de dualidad y dicotomía (en los que el enemigo y el objetivo a alcanzar está claro) sino de aplicar un análisis transversal y cruzado que complica mucho las estrategias políticas a desarrollar pero dotan a su acción discursiva de una gran complejidad teórica y de un enorme potencial subversivo.
Según Beatriz Preciado el movimiento queer converge con el postfeminismo al implicar una revisión crítica de las luchas feministas. Frente al feminismo liberal, heterosexual y de clase media que busca la igualdad del sujeto político mujer con el sujeto político hombre (la normalización), el postfeminismo incorpora otros elementos identitarios como las reivindicaciones de clase y raza. Frente al feminismo de la diferencia que ya integra la noción de cuerpo pero define a la mujer en clave esencialista (y habla de una identidad femenina natural con una serie de rasgos intrínsecos: instinto maternal, sensibilidad,...), el postfeminismo concibe el cuerpo (y no sólo el cuerpo de la mujer) como el efecto de un conjunto de tecnologías sexuales.
Pero las teorías y prácticas queers no representan un movimiento de emancipación que pide la adquisición de derechos en vías de un reconocimiento social y de un progreso económico (principal y casi única reivindicación de muchos movimientos feministas y de homosexuales), sino que plantean una contestación integral de la categoría de sujeto de la modernidad. "Por ello, subrayó Beatriz Preciado, para la teoría queer es necesario no asumir los discursos/dispositivos de poder de la hegemonía". Por el contrario, debe intentar reapropiarse de nociones abyectas (como el propio nombre que designa al movimiento) que no pueden ser asimiladas con rapidez por el sistema capitalista.

Perfomances de género en el feminismo radical de los años 70
A partir de los trabajos de Teresa de Lauretis, Judith Butler o Eve K. Sedgwick, las teorías queers cuestionan la idea de un sujeto político mujer (y de un sujeto político homosexual) para poner el acento en la idea de subjetividad performativa. En El género en disputa, Butler utiliza la noción de performance para desnaturalizar el género y mostrar que el sexo es un efecto performativo (realizativo en una traducción más literal) de los discursos de la modernidad (desde la medicina a la institución educativa). Es decir, la noción de performance adoptada por la teoría queer cuestiona el origen biológico de la diferencia sexual.
Según Beatriz Preciado los antecedentes de la apropiación del concepto de performance para explicar, re-pensar y parodiar la identidad de género hay que buscarlo tanto en las primeras apariciones de las Drag Queens como en las intervenciones en los espacios públicos a través del cuerpo de una serie de grupos feministas radicales norteamericanos de la década de los 70. Algunas de estas intervenciones están recogidas en el filme Not for sale de Laura Cottingham (proyectado durante la primera y quinta jornada del seminario), un documental que se acerca al arte feminista y lesbiano de los EE.UU con imágenes de propuestas de colectivos como Woman House Project y artistas como Adrian Piper, Nancy Buchanam, Ana Mendieta o Martha Rosler.
Hay dos técnicas fundamentales en el discurso estético-político de este grupo de artistas feministas:
- Las performances del cuerpo que se conciben como un medio para llevar a la práctica el eslogan "lo privado es político". Para estas creadoras, el cuerpo y la experiencia personal es el espacio político por excelencia, por ello sus performances no tienen como objetivo producir una representación para que el espectador la vea de forma pasiva, sino generar una "experiencia" que posibilite la transformación social y personal, una experiencia que el feminismo de los años 70 concibe como un proceso de aprendizaje, un modo de producción de conocimiento que hace posible la acción política.
- La "toma de conciencia" como método de acción política que consiste en sacar al espacio público la palabra que hasta ese momento había quedado relegada al espacio privado (algo parecido a lo que quiso hacer el psicoanálisisa principios del siglo XX). En este sentido resultan muy significativas las propuestas de Sarachild que dotan a estas prácticas de un valor terapéutico y político. Son proyectos de carácter colectivo en el que grupos de mujeres se reunían haciendo circular la palabra unas veces sobre asuntos aparentemente banales otras relacionadas con la intimidad, o el cuerpo, mientras algunas de las participantes realizaban una teatralización de lo que se estaba contando. "Gracias a esta escenificación, indicó Beatriz Preciado, se producía una especie de liberación colectiva, una auténtica catarsis política cuyo objetivo era modificar las estructuras de conocimiento y de afecto. En definitiva, se trataba de producir un nuevo sujeto político".
Woman House Project surge de un grupo de trabajo que se formó en el Fresno College (California) en torno a Judith Chicago y Mryam Shapiro para luchar contra las implicaciones sexistas de los sistemas de producción, distribución y representación del arte. El contexto social y político de la época hizo posible que Judith Chicago y su grupo de trabajo pudiese disponer durante un breve periodo de tiempo (6 meses) de una casa con 16 habitaciones donde podían producir y exhibir arte sin ningún tipo de mediación ni control. A través de instalaciones (transformaron integralmente todas las habitaciones de la casa), sesiones de tomas de conciencia (las propuestas de Sarachild), performances que muestran el trabajo doméstico como un proceso de repetición regulado (por ejemplo, una escenificación de un planchado a tiempo real) o representaciones ritualizadas que releen la vida de la mujer en términos de espera pasiva (Waiting de Faith Wilding), estas artistas feministas articularon una profunda crítica de las estrategias de territorialización del género que asocian lo femenino con el espacio doméstico, privado, interior, cerrado y lo masculino con el espacio político, público, profesional, exterior.
Una de las performances del Woman House Project que mejor conecta con el análisis de género de la teoría queer es The Cunt and Cock Play en la que los órganos genitales representan por metonimia todo el cuerpo masculino y femenino a través de la escenificación de un desconcertante e irreverente diálogo entre una polla y un coño. "En esta performance, aseguró Beatriz Preciado, se lleva a cabo una deconstrucción no sólo del género sino también de la sexualidad al presentarla como un proceso de repetición regulado, lo que conecta directamente con los planteamientos de la teoría queer". En esta misma línea de politización del espacio doméstico se sitúan las propuestas de otras artistas estadounidenses de la época como Martha Rosler (su performance Semiotic of kitchen descoloca a los espectadores invirtiendo el uso aparentemente natural de una serie de útiles de cocina) o Ilene Segalove (su obra Advice from home pone de manifiesto la existencia de unos métodos y de un saber doméstico que atesoran las mujeres pero que socialmente no se valora como una fuente de conocimientos).

La feminidad como mascarada en la interpretación psicoanalítica de Joan Rivière
A partir de las reflexiones de Ernest Jones sobre la sexualidad femenina, Joan Rivière, una de las primeras mujeres que consiguió hacerse un hueco en los círculos académicos psicoanalíticos, publicó en 1929 un artículo (Womanliness as a Mascarade) en el que definía la feminidad como mascarada. E. Jones había establecido un esquema de desarrollo de la sexualidad femenina subdividido en dos grandes grupos - homosexual y heterosexual - a los que Jones añadía perplejamente varias formas intermedias. De esas formas intermedias había una que interesaba especialmente a Joan Riviére: la de aquellas mujeres que, pese a su orientación heterosexual, presentaban rasgos marcados de masculinidad (y a las que denominaba "mujeres intermedias"). "Un tipo de mujer hetero-masculina, puntualizó Beatriz Preciado, que rompía con la causalidad aparentemente natural que enlaza sexo, género y orientación sexual."
Para el psicoanálisis de aquella época, la diferencia entre desarrollar una orientación homosexual y heterosexual estaba determinada por el grado variable de la angustia. Tomando como referencia la idea de S. Ferenczi de que ciertos hombres homosexuales luchan contra su orientación exagerado su heterosexualidad, Rivière cree que estas mujeres intermedias utilizan la máscara de la feminidad para "alejar la angustia y evitar la venganza de los hombres". En este sentido se refiere a un tipo específico de mujer heterosexual que intenta abrirse camino en ámbitos académicos y profesionales (espacio público y político reservado a los hombres) y a la vez participa de los roles clásicos de la feminidad (buena ama de casa, esposa atenta, marcado instinto maternal,...). Y toma como ejemplo el caso de una paciente (donde podemos encontrar una evocación narrativa de su propia biografía) que debe utilizar el habla y la escritura (algo impropio de las mujeres de su época) en el desarrollo de su labor profesional. La angustia de esta paciente se manifestaba tras sus intervenciones en el espacio público y le llevaba a sentir un deseo de coquetear histéricamente con todos los hombres que podía (especialmente con aquellos que le recordaban a su padre).
Según Riviere esta paciente pertenecería al grupo de mujeres homosexuales, aunque no estuviera interesada por otras mujeres. Es decir, una mujer cuya orientación sexual sería la homosexualidad, pero no así sus prácticas sexuales. "Siempre teniendo en cuenta, aclaró Beatriz Preciado, que hasta mediados del siglo XX la homosexualidad se entendía como inversión de género y no como relación entre individuos del mismo sexo". Esta inversión le generaba a su paciente una terrible angustia (pues provocaba la censura del resto de los hombres) que sólo lograba sortear si utilizaba la feminidad como una máscara, como un disfraz que camuflara sus rasgos marcados de masculinidad y evitara las represalias de los hombres por haber entrado en su territorio (el ámbito público, el espacio político y de la palabra).
Esta noción de la feminidad como máscara formulada hace más de 70 años nos remite ya, como puso de manifiesto Butler, al concepto de performance, a la idea de que el género es una construcción cultural, una elaboración política y no algo natural. Pero Rivière y todo el aparato discursivo psicoanalítico posterior mantiene la dicotomía entre masculinidad y feminidad, otorgando a lo masculino un valor originario (natural) y subrayando de lo femenino su carácter de máscara. "La cultura queer, aseguró Beatriz Preciado, va mucho más allá, al plantear que no existe tal dicotomía, ni siquiera diferencia entre una feminidad/masculinidad verdadera y otra impostada, sino que toda identidad de género es una perfomance, una mascarada".

Performances de género y políticas del performativo: la aportación de la teoría queer
Una definición genérica de performance como proceso de repetición regulada (que abarca desde el ritual a la mascarada, pasando por el travestismo o las representaciones paródicas) permite asociar este concepto con la idea de performatividad como acto lingüístico y a su vez evitar la excesiva estetización que ha adquirido el término en el mundo del arte (donde se ha neutralizado su carga política). Las teorías queers, que nacen de un cruce metodológico y disciplinario, han explicado el género en términos de performance, una tesis que en los textos fundacionales de Judith Butler se desarrolla a partir del análisis de la cultura Drag Queen.
"Pero Judith Butler, indicó Beatriz Preciado, se basa exclusivamente en el análisis de las performances de la feminidad, y se apoya todavía en el discurso psicoanalítico que concebía la feminidad como mascarada y la masculinidad como algo natural". Para la autora de Manifiesto contrasexual las teorías queers deben articular una visión sobre el amor, el placer y la sexualidad completamente alternativa al psicoanálisis, una disciplina que surge de una cosmovisión burguesa y fundamentalmente colonial y que se sustenta sobre la noción del sujeto (masculino) de la modernidad. Según Beatriz Preciado, a partir de los años 60 se ha abierto un espacio político y social en el que los presupuestos psicoanáliticos no encajan.
Uno de los problemas de la teoría queer, al menos en su formulación butleriana, es que intenta conciliar dos planteamientos filosóficos distintos sobre el sujeto y el poder. Por un lado, los textos psicoanalíticos que describen el poder como censura, como instancia de represión, y ven la relación entre el sujeto y el discurso en términos dialécticos (planteando que existe un deseo que antecede al sujeto, una pulsión anterior al lenguaje y al discurso). Por otro lado, los análisis de Foucault sobre la sexualidad (que Preciado completaría y matizaría con las reflexiones de Monique Wittig y los trabajos de Deleuze y Guattari) en los que se concibe el sujeto como producto del discurso y el poder como producción.
En su libro The straight mind (1980) Monique Wittig, activista y ensayista lesbiana fallecida recientemente, definía el sexo y el género como una construcción y consideraba las actividades asociadas a lo femenino (la reproducción, el matrimonio, el cuidado de los hijos,...) como elementos de una cadena de producción social y demográfica destinada a la reproducción de la vida. Wittig calificaba la heterosexualidad no ya como una práctica sexual sino como un régimen político (un sistema de producción capitalista), un análisis que conecta con la noción foulcatiana de biopolítica. Para Wittig, que sustituye la dualidad dialéctica de la opresión hombre/mujer por la de hetersosexualidad/homosexualidad, "la mujer" no es una identidad natural, sino una categoría política que surge en el marco de un discurso heterocentrado. En este sentido la autora de The straight mind consideraba que las lesbianas no son mujeres, ya que no participan en el régimen político (productivo y reproductivo) de la heterosexualidad.
Desmarcándose de la dialéctica binaria de la opresión marxista y en continuidad con el pensamiento de Foucault y de su coetánea Monique Wittig, las teorías queers hablan de un poder productivo, transversal, complejo. "Frente a una estructura de dominación vertical y sin fisuras, puntualizó Beatriz Preciado, donde a un lado están los hombres y al otro las mujeres (o a un lado los poderosos y al otro los oprimidos), las teorías queers piensan que existe un sistema complejo que pone en marcha múltiples relaciones de poder y en el que, por tanto, es siempre posible intervenir, crear espacios de resistencia y desarrollar una lucha política".
En los textos teóricos queers es muy importante la reflexión sobre el sujeto de la enunciación. En la película Paris is burning (proyectada parcialmente durante la tercera jornada del seminario) el sujeto de la enunciación es Jeannie Livingstone, una persona blanca, judía, neoyorquina y de clase media-alta (lo que determina su mirada e interpretación de la realidad) que dirige un filme sobre transexuales, travestíes y trabajadoras sexuales de clase baja (en su mayoría chicanos, negros o white trash) participando (como autores o como espectadores) en actuaciones de Drag Queens. El filme presenta las performances de género de estas Drag Queens no como una mera representación escénica (para la que bastaría colocarse una peluca y un traje) sino como el resultado de un proceso de aprendizaje performativo muy determinado por una serie de condiciones personales, materiales y sociales.
"Pero lo interesante de Paris is burning, subrayó Beatriz Preciado, es que no sólo articula un sugerente análisis del género, sino que además lleva a cabo una exploración de las políticas de identidad en el mundo capitalista al mostrarnos los accesorios de las Drag Queens como productos de consumo que simbolizan todo un conjunto de roles económicos y políticos". Gracias a la creación de un espacio performativo donde se sienten respaldadas, estas drags marginales pueden acceder a la cultura y a los sistemas de representación consumistas a través de performances que les permiten realizar no sólo la performance de la feminidad, sino también la performance del hombre de negocios o del alumno de un colegio privado (identidades que no pueden o no han podido desempeñar por un conjunto de imposiciones políticas de género, clase y raza). En este sentido, las parodias de los habitantes del mundo paralelo del Ball Room de Paris is Burning, ponen de manifiesto la producción performativa no sólo del género, sino también de la clase y de la raza.

lunes, 28 de julio de 2008

De patadas y sensibles anos: Sacando del closet a Alan García

El brillante sociólogo peruano Gonzalo Portocarrero publicó recientemente en su blog (gozaloportocarrero.blogsome.com) un ensayo queer sobre la política peruana (Este es el link http://gonzaloportocarrero.blogsome.com/2008/05/29/el-caballazo-la-yuca-y-la-patada/#comments). Quiero hacer algunos comentarios sobre este genial ensayo. Dado que estamos en el mes de “la Patria” y Alan García no pierde tiempo para exaltar su enorme ego. Pondremos a Alan García bajo una mirada queer.

Portocarrero señala primero, lo que resulta obvio para much@s de nosotr@s, el gran autoritarismo del gobierno de García. En ese contexto es que busca entender la recurrencia del término patada en su discurso político. La primera patada es la que García le dio al ciudadano Jesús Lora frente a las cámaras de TV. Portocarrero resalta que el en ese entonces candidato García se disculpó públicamente. Pero ahora en su gobierno ha hecho del dar patadas un accionar político constante, que ya ha sido resaltado incluso por la prensa (pro neoliberalismo y por lo general bastante cordial con el actual gobierno).

Cuando un periodista le recuerda el caso de Jesús Lora y le pregunta por él, el dijo “Bueno que lo recuerden (la patada), parece que muchos sienten en ese lugar el tema, ya ese es problema de ellos. Cada uno siente las cosas donde le gusta” El argumento de Portocarrero es que la prepotencia del presidente se siente en el ano. Y solo la sienten quienes están predispuestos a ser sensibles en dicha zona corporal. Este discurso supone que quienes piensan diferente a García son en esencia “maricones”, y que quieren ser pateados/penetrados, y Alan está más que dispuesto a hacerlo.


Ahora quiero presentar mis reflexones sobre esto:
En esa producción discursiva Alan García se (re)produce en el lugar hegemónico, y abyectiza cualquier oposición o planteamiento alternativo. Para hacer esto usa un mecanismo de saber poder hetero/homosexual. Entonces lo abyecto termina siendo lo homosexual, y él se reifica en una posición heterosexual masculina.
Pero este proceso es mucho más ambiguo de lo que a primera vista parece. Alan García conoce los efectos de la patada, es más puede hacer una suerte de cartografía de las sensaciones que generan las patadas, y materializa esas sensaciones proyectándolas en una zona específica del cuerpo (de un cuerpo leído como masculino).
García, el lamentable presidente peruano, afirma “Bueno que lo recuerden (la patada), parece que muchos sienten en ese lugar el tema, ya ese es problema de ellos. Cada uno siente las cosas donde le gusta”. Estas palabras implican conocimientos previos que son negados por un espectro cultural heteronormativo ¿Cómo sabe que esos hombres sienten el dolor en el ano?, ¿Cómo sabe que les gusta sentir el dolor en el ano?, ¿cómo sabe que el dolor en el ano puede ser placentero? Su afirmación implica un conocimiento previo homoerótico que niega luego al exteriorizar todo componente homosexual mediante mecanismos de bazurización.
“La abyección de la homosexualidad solo puede darse mediante una identificación de lo que hay que renegar, una identificación que uno teme hacer solo porque ya la ha hecho, una identificación que instituye esa abyección y la sostiene” (Judith Butler “Cuerpos que importan” pág. 169) Alan García basa su posicionamiento neoliberal, masculino, heterosexual identificándose previamente en una versión de homosexualidad abyecta. Solo negando esta identificación previa puede invisibilizar las evidentes ambivalencias y contradicciones de sus palabras.
Alan García intenta sacar del closet a sus adversarios políticos. Les recuerda que quienes piensen? diferente a él (y al capitalismo neoliberal) son en esencia basura. Pero en ese mismo juego, él se mete en el closet y niega las ambivalencias como las exclusiones constitutivas de su posicionamiento político discursivo. En verdad esta forma de identificación extrema en base a exclusiones constitutivas rígidas me parece que es un sentido común del capitalismo y del imperialismo. Habría que sacar del closet a Alan, no?

domingo, 27 de julio de 2008

Monique Wittig: La lesbiana no es una mujer


Desde hace mucho tiempo buscaba leer algún texto de la siempre citada Monique Wittig. Y encontré en la red un ensayo suyo titulado "One is not born a woman". Aquí expongo algunas de mis impresiones.

Monique Wittig empieza afirmando que un mecanismo de poder es pensar, como lo hacen aun algunas feministas, que la dominación es resultado de la naturaleza (sexo). Wittig afirma que la relación es inversa y la materialidad corporal (sexo) es producto de la dominación, y se hace inteligible como la conocemos mediante ella.
Por ello la dicotomía sexual o genérica tiene que ser rechazada, no nos deberíamos conformar con las migajas del amo: el hombre heterosexual. Si nos llegamos a sentir cómodos en nuestras categorías identitarias sexo genéricas binarias esto sería resultado de la dominación androcéntrica heteronormativa.
Wittig afirma en ese sentido que las mujeres son mujeres en tanto entablan relaciones de práctica esclavitud con los hombres (heterosexuales). Por tanto concluye que las lesbianas no son mujeres, ya que rechazan ese vínculo con los hombres. La Wittig no se queda ahí y apuesta por una destrucción del ideal de ser “mujer” (en singular) y el reconocimiento de la pluralidad de las “mujeres”, que atenta contra las categorías sexuales binarias. Evidentemente apela sorbe todo a la destrucción sin piedad de la categoría "hombre". Esto no lo debemos entender como una invitación a un genocidio, sino una crítica a las epistemologías dicotómicas heteronormativas.
Wittig desde un feminismo marxista materialista entiende al sexo como una clase. Por tanto la lucha no es por hacer del sexo femenino un espacio más habitable (como el feminismo francés de la diferencia que tiene como una gran expositora a Luce Irigaray), sino que la lucha es por abolir la clase “sexo”. Finalmente las categorías sexuales, que son camisones de fuerza, debieren ser destruídos para dar paso a un reconocimiento de la multiplicidad y de la individualidad.
La propuesta de Wittig no deja de ser interesante, pero me da la impresión de que todas las categorías sexuales son malas, salvo la categoría “lesbiana”, que para la autora es la materialización de las guerrilleras contra la heteronormatividad. En todo caso es una propuesta interesante para hacerla dialogar con otras autoras como Judith Butler y Eve Kososfsky. Y sigo con ganas de leer “El cuerpo lesbiano”.

4 meses, 3 semanas y 2 días

Año: 2007

Director: Cristian Mungiu

País: Rumania




Acabo de ver esta impresionante película, que ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes del 2007.

La película se desarrolla en Rumania Comunista de finales de los 80, y tiene como protagonistas a dos estudiantes universitarias, una de las cuales quiere someterse a un aborto, ilegal en ese contexto político.

Esta es una película cuyo núcleo narrativo está en la cotidianeidad con que presenta un poderoso drama. Aquí no hay espectaculares giros narrativos, ni espectaculares escenas de violencia. Lo violento del filme radica en la cotidianeidad del dolor.

Gabriela es la tímida joven embarazada que intenta contactar a un hombre para que le pratique un aborto, Otilia es la amiga que la acompaña en este proceso. Otilia se implica más de lo que esperaba en primera instancia, y el acceder a un aborto resulta ser más dificil de lo que esperaban. El hombre en cuestión resulta ser mucho menos escrupuloso de lo que imaginaban.

Otra vez hay que resaltar que el mérito del filme es no caer en casos límites como una muerte producto de un aborto mal practicado, o un suicidio, etc para visibilizar los condicionamientos políticos-estatales-sexuales que generan violencia en ese contexto.

El dolor vienen por varios lados, Otilia es capaz de caer en cuenta que su situación no es muy diferente a la de Gaby. Y que su pareja tampoco es muy diferente a la de Gaby (que es practicamente una ausencia). La verguenza de Gaby se expresa en sus silencios, en sus miedos. La violencia e incomprensión de un Estado que legisla desde una postura masculina heterosexual, sin contemplar a otros sujetos.

Esta es una importante película porque da en el centro de los debates contemporáneos sobre la vida. pero reconfigura las preguntas a plantear. Ya no simplemente cae en la repetitiva pregunta ¿cuándo comienza la vida?, sino que es más audaz y pregunta ¿cuánto dolor implican para ciertas vidas ciertos procesos heterónomos?, ¿a cuánto miedo y a cuánta violencia se exponen ciertos cuerpos para producir la vida normativa?, ¿Cuánta verguenza implica la aceptación de no producir vida normativa?, ¿cuántas vidas terminan para que exista una vida normativa?, ¿cuántas mujeres tienen que morir para mantener el mandato misógino sobre las políticas sexuales/reproductivas?

"4 meses, 3 semanas y 2 días" es probablemente la mejor película sobre el aborto que haya visto, porque lejos de caer en convencionalismos funcionales al sujeto hegemónico, es capaz de narrar la historia desde un punto de vista femenino y en ese contexto subalterno, (y de dotarla del realismo necesario. Tanta realidad que parece por momentos que fuéremos testigos de una conversación entre amigas, más que espectadores de una película). En ello se asemeja a "Vera Drake", que parte del punto de vista de la mujer que noblemente ayuda a mujeres que desean interrumpir sus embarazos, y que se enfrenta a la incomprensión de un sistema y de su comunidad.

No me parece díficil de entender como "Juno", la comedia de la adolescente que decide continuar con un embarazo no deseado, opacó en Estados Unidos a este grandioso filme. La coyuntura política actual hace de Juno una apuesta interesante, y del otro una afrenta a las políticas sexuales hegemónicas. Aunque en verdad, "4 meses, 3 semanas y 2 días" es largamente una mejor película.


viernes, 25 de julio de 2008

Mai Hime: Cuando las chicas mágicas se convierten en sicarias


"Mai Hime" es uno de los animes más entretenidos que recuerdo. Y esta es una apreciación que tuve luego de vencer algunos prejuicios míos.
Los primeros 6 captulos me parecieron no solo muy malos, sino insoportables. El tipo de anime que apelaba a la objetivación de los cuerpos de los eprsonajes femeninos, y a luchas que eran excusas para ver las anatomías de estos personajes. Pero el capítulo 7 le da un importante giro a la historia, y empieza a mostrar sus reales fortalezas.
La historia empieza con la protagonista Mai, quien acaba de ingresar a una prestigiosa escuela que forma y selecciona a las futuras Himes, doncellas y protectoras de varias naciones. Y al inicio la trama es lo más predecible, de comedia trivial y sin relevancia. Pero en el capítulo 7 se descubre que detrás de tantas risas huecas se escondía una batalla muy seria.
El drama se instala porque a diferencia de las series de lucha de anime las peleas no terminan en la muerte de la lguerrera, sino en la muerte del ser que más quiere. Asi se enfrentan a una serie de monstruos y de enemigos, en las que ponen en riesgo la vida de sus seres más queridos. Bajo esa premisa son las relaciones interpersonales las que muy bien explora esta serie, y los picos dramáticos llegan con las respectivas muertes de los seres amados.

Pero el verdadero drama se reserva para la mitad de la serie. Una vez que los enemigos han sido derrotados. Y se descubre que esa academia no formaba a un grupo de guerreras, sino que la verdadera batalla estaba entre ellas, porque solo una podía ser la verdadera Hime.

Todas las amigas deciden no luchar y seguir siendo amigas, pero eso no dura mucho. Y asi de Sailor Moon se pasa a un festín sangriento como en "La Batalla Real". Es ese giro el que hace de Mai Hime un anime altamente recomendable, y sin duda bastante inteligente.

Esta serie lamentablemente tuvo una secuela llamada "My Otome" que debe ser uno de los peores animes que haya visto. Asi que mejor ni ver esa segunda serie.

domingo, 20 de julio de 2008

Persepolis: Feminismos Otros

Año:2007
Directora: Marjane Satrapi
País: Francia


"Persepolis" es la exquisita cinta animada francesa que de lejos es la mejor pelicula que he visto en lo que va del año.
"Persepolis" es una cinta basada en la obra-comic autobiográfico de Marjane Satrapi. Esta historia tiene como trasfondo la revolución iraní. la pequeña Marjane aprende a disentir de una sociedad muy restrictiva, su familia le permite expresarse libremente y el comunismo es parte de su infancia cotidiana. Pero en una epoca de regimenes autoritarios y constantes luchas por el poder, muchos miembros de su familia y amigos serán perseguidos políticamente.
La familia de Marjane decide enviarla a Paris, para que escape de la violencia. Pero como Marjane descubre: la violencia y los prejuicios tienen muchos rostros. Y Occidente lejos de abrirle los brazos a Marjane, y hacerla parte de su "democracia", le muestra un rostro desagradable.
Marjane así se sentirá solo bien con otros marginados: punks, intelectuales de izquierda, gays. En Occidente descubre el sexo y se enamora, pero también le resulta dolorosa esta experiencia.
Marjane regresa Irán, pero su vida ya es muy distinta. Ha podido ver otras formas de ver y vivir en el mundo, las relaciones de pareja. El acercamiento a su cultura no deja por ello de ser menos conflictivo.
La película es adorable, tan honesta, bella, audaz, compleja. Visualmente es muy original, y le hace justicia a una historia que ha ganado más que merecidamente innumerables premios entre los que destacan el premio de Jurado del Festival de Cannes. Fue nominada al Oscar a mejor película animada, e injustamente derrotada por Ratatouille, una linda peli que carece de la audacidad, honestidad e importancia política de este filme.
"Persepolis" es además una de las películas que mejor comprende formas alternativas a la femineidad occidental que se impone como materialziación de toda reivindicación feminista. Es una pelíucla de visión obligatoria.


sábado, 19 de julio de 2008

La chica que saltó en el tiempo: y en nuestros corazones

Año:2006
País: Japón
Director: Mamoru Hosoda


"Toki wo Kakeru Shojo" es la má reciente cinta de animación japonesa que he visto, y sin duda vuelve a ratificar la gran impresión que tengo de esta industria japonesa.
"La chica que saltó en el tiempo" es una historia de sueños y romances adolescentes, acompañada de elementos de ciencia ficción. Una adolescente descubriendo que la amistad y el amor no tienen limites tan claros, y a la vez descubre el poder de saltar en el tiempo. Esta puede sonar a una muy simple linea de argumentación, pero está filmada con maestría. Visualmente es impresionante, y aun asi no opaca al bello guión.

Esta es una película nostálgica sobre los fugaces amores adolescentes, no por ello menos intensos, menos doloroso ni menos bellos.


Esta cinta ganó varios premios entre los que destacan el premio de la Academia japonesa a mejor película animada, el Animation Kobe como mejor película, y logró figurar en el top 20 de los mejores animes del año del Anime Grand Prix.


viernes, 18 de julio de 2008

Dangerous Liaisons: La felicidad y la vanidad en la vida no van juntas

Año: 1988
Director: Stephen Frears
País: estados Unidos


"Relaciones peligrosas" es la obra maestra de Stephen Frears que se destaca dentro de una muy notable fimografía, que incluye a Mi bella lavandería, La reina, Mrs. Henderson presenta.
Es un gran drama de metiras, seducción, deseo. Interpretado magistralmente por Glenn Close y John Malkovich, como los nobles cínicos sedientos por mostrar el verdadero rostro de la "nobleza", y Michelle Pfeiffer, una bella e ingenua mujer que caerá en las garras de este juego.
Esta es la premisa. Una bella y pobre victima en las garras de dos lobos. El placer de ambos radica en corromper lo que se considera limpio, y no importan los medios (todo y todos pueden ser utilizables).
La historia sin embargo es más compleja, y los lobos descubren que no son de acero como pensaban. Y que finalmente el dolor que causan tienen un correlato en sus vidas. Es más uno de los puntos fuertes de la película es el enfasis autodestructivo de sus persoanjes principales, quienes sedientos por alimentar sus egos, sacrifican lo más valisoso para ellos.
Finalmente ni aun la tan pacata nobleza, ni la tan sombría aristocracia es tan miserable como esos dos nobles que lo sacrifican todo para descubrir finalmente que no son tan diferentes, y que lo que temían era ver su propio reflejo.


Ganadora de 3 premios Oscar, y nominada en lla categoría más importante la de mejor película, este filme es de visión obligatoria Sobre todo para quienes piensan que sus vidas sentimentales son demasiado complicadas. Estoy seguro que por lo menos podemos generar algun tipo de autoindulgencia al ver que hay vidas mucho pero mucho más complicadas y amores mucho pero mucho más dolorosos.