sábado, 26 de abril de 2008

Susan J. Hekman “Género y Conocimiento: Elementos de un Feminismo Postmoderno”

Sintesis del libro "Gender and Knowledge: Elements of a Postmodern Feminism" de Susan Hekman
Modernismo, Postmodernismo y Feminismo

Uno de los más influyentes y radicales movimientos de la segunda mitad del siglo XX, el feminismo contemporáneo ocupa una posición extraña en el debate de la modernidad/postmodernidad. Por un lado, el feminismo parece tener mucho en común con el postmodernismo, al igual que el postmodernismo reta los supuestos de la modernidad, reta la epistemología fundacional del pensamiento occidental. Ambos movimientos desafían el androcentrismo de la definición del conocimiento y las ciencias del hombre.
Esta no es una relación fácil. Son pocas las feministas que se identifican como postmodernas. Es importante resaltar que no existe un único feminismo, sino que existen diversos feminismos.
El feminismo contemporáneo es un movimiento moderno histórico y teórico. El feminismo además tiene sus raíces en el siglo XVIII y en el humanismo liberalismo humanista.
El postmodernismo reta las dicotomías fundacionales de la Ilustración: racional/irracional, sujeto/objeto. Y esto lleva al cuestionamiento de la dicotomía masculino/femenino (en lo que todas las feministas están de acuerdo) que está en las raíces del pensamiento occidental. El feminismo tiene mucho que ganar con una alianza con el postmodernismo; en cambio si se mantiene atada a la modernidad solo podrá perpetuar la epistemología moderna que mantiene inevitablemente a las mujeres en un lugar inferior. Para Hekman el feminismo puede contribuir con el postmodernismo al añadirle la dimensión de género. La crítica postmoderna a la Ilustración ve el error de sus dualismos, y la feminista añade que estos dualismos son de género también.
El feminismo está ligado al debate de las ciencias sociales. El feminismo denunció que estas ciencias sociales en vez de estudiar a todos los seres humanos solo lo hicieron con hombres. Desde el postmodernismo se ha reformulado el debate positivista/humanista de las ciencias sociales, ha cuestionado esta dicotomía de la modernidad y afirma que las ciencias naturales y sociales son fundamentalmente hermenéuticas. Las feministas rechazan el racionalismo que ha sido la fuente de la epistemología ilustrada que es definida por un conocimiento masculino particular.
Pese a que muchas feministas identifican que estos dualismos de la Ilustración privilegian lo masculino, rechazan la premisa postmoderna de que estos dualismos deben ser disueltos. Ellas afirman que los dualismos deben mantenerse, pero deben ser revertidos (privilegiando lo femenino sobre lo masculino). Estas feministas reclaman por una epistemología feminista que reemplace la masculinista hegemónica. Para Hekman esta es una labor fallida porque perpetúa los dualismos modernos, no se atacan los dualismos que son la base de la exclusión., ni los absolutismos (se sigue creyendo que existe “una verdad única” cuando existen diversas verdades). Muchas feministas contemporáneas hablan de una esencia femenina a diferencia de la postura postmoderna antiesencialista..
Hay varias opiniones del feminismo y su relación con la modernidad/postmodernidad. La primera postura afirma que el feminismo debería retener “lo bueno” de la modernidad y rechazar sus problemas. El problema de esta postura radica en que la epistemología del modernismo es un todo unitario, y no se le puede extraer indistintamente ciertos elementos y descartar otros. Una segunda posición es que las feministas deben evitar participar de este debate (al que acusan de androcéntrico) de la modernidad/postmodernidad. La tercera posición es la de plantear un acercamiento postmoderno al feminismo.
Así como las ciencias sociales no deben aceptar su estatus inferior (aceptando el lado subjetivo de la dicotomía objetivo/subjetivo) las feministas no deben aceptar el lado femenino de la dicotomía masculino/femenino porque aceptarían su estatus inferior, ellas tienen que rechazar esta dicotomía moderna.
Un feminismo postmoderno debería rechazar los medios masculinistas del racionalismo, pero no remplazarlo por otro que sea feminista. En vez de eso debería asumir que no existe una sola verdad (masculina), sino que existen muchas verdades.


Racional/Irracional

Rorty ataca la tradición “fundacional” de la historia de la filosofía occidental. Los postmodernos identifican que el Iluminamiento privilegia el discurso racional como el único verdadero.
Gadamer, Foucault y Derrida rechazan la abstracción de la racionalidad moderna, no creen en una única definición de verdad, rechazan las metanarrativas.

Gadamer: Para este autor todo conocimiento es lingüístico y la hermenéutica es la base para toda comunicación humana. El argumenta que el modelo provisto por las ciencias naturales no es la única fuente de verdad, y que la verdad se halla también en el arte y las ciencias humanas. Para Gadamer el malentendido básico de la Ilustración es su rechazo a la tradición y al prejuicio. El afirma que todo conocimiento es contextual e histórico, y que tienen sus raíces en al tradición y le prejuicio, pero este proceso también necesita de crítica (para distinguir entre prejuicios legítimos e ilegítimos). El rechaza el que las ciencias humanas sean subjetivas (e irracionales) rechazando la dicotomía racional/irracional. Al atacar las dicotomías del pensamiento moderno ilustrado Gadamer ataca la epistemología que define a lo femenino como inferior.
Las feministas han mostrado que la dicotomía abstracción masculina y contextualidad femenina ha sido central para excluir a las mujeres de la esfera de la racionalidad y mantener su inferioridad. Muchas feministas refuerzan esta dicotomía resaltando lo positivo y superior de una epistemología feminista. Un feminismo postmoderno no puede aceptar esto ya que perpetúa las dicotomías de la Ilustración que establece que lo femenino es inferior. No se trata de aceptar el lado desprivilegiado de la dicotomía y revertirla, sino de rechazarla (como en el caso de las ciencias sociales). Tampoco se trata de reemplazar una epistemología absolutista (masculinista) por otra (feminista). Las dicotomías deben ser desplazadas y con ello sus connotaciones de género.

Foucault: Este autor afirma que el discurso crea sujetos y objetos, y que conocimiento y poder están inevitablemente ligados. Para Foucault las ciencias humanas han fracasado porque no caben bien en la epistemología moderna por la ambigüedad del concepto “hombre”. El agrega que el pensamiento ilustrado (de la ilustración) no da cabida a las ciencias humanas. Para Foucault todos los discursos crean sujetos, objetos, y regímenes de poder y verdad. El psicoanálisis, la etnología y la lingüística son contraciencias que pueden desplazar la epistemología hegemónica. Para Hekman el feminismo también sería una contraciencia o anticiencia porque desafía el concepto “hombre” (en su sentido genérico y de género).
Las feministas pueden usar la obra de Foucault para explicar cómo el discurso de la Ilustración ha creado a la mujer como irracional y emocional como opuesta al hombre racional. Además su obra sugiere la posibilidad de la creación de discursos que no constituyan a las mujeres y a los hombres no heterosexuales como inferiores.

Derrida: El rechaza las jerarquías de los pensamientos dualistas. Derrida identifica en la metafísica occidental una historia de metáforas basada en las polaridades en que un elemento de esta dicotomía es privilegiado. Para él son muy importantes la gramatología y la reconstrucción: la primera sería la ciencia que deconstruye conceptos, y la deconstrucción. Su discusión de la différance (que permita la articulación del habla y de la escritura) resulta importante para el feminismo.
Derrida evidencia que todas las dicotomías siempre están asociadas a la dicotomía masculino/femenino, y que lo masculino es lo privilegiado y lo femenino lo desprivilegiado. El mismo Derrida afirma que el logocentrismo es falocentrismo. Para que el feminismo sea exitoso debe de atacar la dicotomía jerárquica femenino/masculino en las raíces de la epistemología moderna.

Nietzsche: El discute explícitamente la relación entre mujeres y verdad. Obviando su misoginia su análisis introduce elementos importantes para la crítica feminista de la racionalidad. Para él el hombre es el creador de la verdad. Nietzsche sugiere que la verdad es “como una mujer” (a ambas las considera elusivas). Para él el movimiento de independencia de la mujer es un esfuerzo por imitar las estupideces de los hombres en la cultura occidental. Nietzsche se opone a la clase de feminismo que intenta que las mujeres encajen en el molde masculino creado por las concepciones occidentales de racionalidad y verdad.
La más grande contribución de este autor radica en el que la verdad y la racionalidad han sido concebidas en Occidente como específicos modos masculinos de pensamiento. La mujer es siempre el “otro” y opuesto a la verdad (masculina). Rechazar la racionalidad occidental significa rechazar la definición masculina de verdad.
La crítica al racionalismo de Nietzsche falla porque acepta los estereotipos de lo masculino y lo femenino y no cuestiona la dicotomía fundante masculino/femenino.

La crítica feminista a la racionalidad: Son diversas las críticas del feminismo. Las feministas han señalado que una mujer es definida como un no hombre. El lenguaje establece y mantiene la básica identidad de género que crea la inferioridad femenina. El lenguaje en el habla crea la situación de que las cualidades de las mujeres son producto de su sexo biológico. Esta identidad de género femenina es centralmente definida como irracional. El aceptar esta dicotomía le deja a las mujeres dos opciones: pueden hablar como mujeres y ser “femeninas” pero irracionales o pueden hablar como hombres y ser racionales.
Las raíces del mundo académico occidental son orales (el latín es oral y masculino). Conceptos formados desde un punto de vista masculino crean realidades masculinas. Si lo real y lo racional son definidos exclusivamente en términos masculinos, todas las experiencias de las mujeres son invisibles especialmente para los académicos hombres. La historia ha excluido a las mujeres porque la historia ha sido definida en términos de lo público (que a su vez es masculino). Hay un acuerdo entre las feministas de que la opresión de las mujeres tiene sus raíces en la dominación masculina del lenguaje y de la definición masculina de la realidad. Los discursos crean realidades, pero la realidad es definida como exclusivamente masculina.
Muchas feministas han evidenciado que la opresión de las mujeres en el pensamiento racional se remonta a los griegos, y por ello el pensamiento occidental desde sus orígenes es la causa de esta opresión, y no solo desde la Ilustración. Aunque hay un consenso en que la dominación del “hombre de la razón” es mayor en la Ilustración, y específicamente con el Liberalismo.
La visión es un sentido “masculino” y el tacto es “femenino”. La certeza del conocimiento siempre está asociada a la vista y lo femenino es otra vez excluido.
Para Okin la exclusión de las mujeres de la esfera de la racionalidad es la causa de su exclusión de la esfera de la política. Desde que la mujer es definida como irracional está incapacitada para participar de la expresión masculina más racional: la política.
Las mujeres no solo son pensadas como irracionales y no completamente humanas, sino que al ser asociadas a la naturaleza se las relaciona con lo desconocido, lo oscuro y misterioso.
Harding critica una noción muy extendida entre muchas feministas; y es la de que el Liberalismo se va a abrir para incluir a las mujeres. Ella agrega que intentar que la noción de razón cambie para incluir a las mujeres es un error porque el sexismo está en la raíz de esta noción no es un simple anexo. Las ciencias sociales al ser excluidas de la ciencia son declaradas como “femeninas”.
Si la dicotomía de lo irracional/racional es aceptada en las ciencias sociales, se acepta su estatus inferior que la excluye de la ciencia y de la racionalidad. Lo mismo pasa con la teoría feminista. Si se acepta la asociación de lo masculino con lo racional y de lo femenino con lo irracional, las “formas femeninas de conocer”serán conceptualizadas como inferiores que las masculinas. Así que los esfuerzos por revalorar los valores tradicionalmente asociados con lo femenino como la maternidad o los sentimientos son inútiles.
En torno al “hombre de la razón” hay tres principales posiciones entre las feministas contemporáneas. Primero, que se debe aceptar la definición masculina de racionalidad y se debe redefinirla para incluir a las mujeres. La segunda posición es que debemos aceptar la dicotomía racional/irracional porque es parte de la naturaleza de hombres y mujeres, pero debemos revalorar el lado femenino. La tercera, siguiendo a los postmodernos es que se debe abandonar esta epistemología y la dicotomía racional/irracional moderna e ilustrada y la búsqueda de una sola y correcta verdad.
Si se acepta la dicotomía racional/irracional se privilegia lo masculino. Las antifeministas y las feministas radicales coinciden en revalorar el lado femenino, pero perpetúan la dicotomía que constituye la inferioridad femenina. La jerarquía implícita en esta dicotomía no puede ser simplemente revertida dejándola intacta. Solo eliminando la dicotomía se podrá remover la inferioridad de las mujeres.
El tema central del ataque de las feministas francesas (Irigaray, Cixous y Kristeva) a la racionalidad occidental y a sus falocráticas implicancias en la opresión de las mujeres que están arraigadas en el lenguaje. El lenguaje falocrático le deja a las mujeres dos opciones: hablar como mujeres (y por tanto irracionales) o hablar como hombres (racionales, pero negando su femineidad). En ese sentido los lenguajes femeninos, las escrituras femeninas son actividades subversivas que reconstruyen este lenguaje falocrático.
Para Irigaray las feministas no fundan una nueva teoría, sino que atacan la maquinaria teórica (androcéntrica). Ella afirma que la búsqueda de una verdad única es una característica masculina y que los plurales y difusos lenguajes femeninos lo subvierten. Para esta autora el cuerpo femenino es una construcción social, no biológicamente determinada.
Cixous centra su ataque a los dualismos de la estructura del pensamiento occidental. Los dualismos son siempre opuestos y jerárquicos, nunca neutrales. Esta autora trata de crear un concepto de mujer que no sea el de un “no hombre”, ni que sea “el otro” usando el concepto de différance de Derrida. Ella invita a escribir lo femenino y en femenino ya que esto fue cortado de la simbólica masculina. Ella advierte que no está cayendo en alguna clase de esencialismo biologicista, que escribir en femenino es un estilo y puede ser escrito por hombres o mujeres. Ella rechaza la determinación anatómica de la diferencia sexual, para ella el cuerpo es socialmente construido. El cuerpo de las mujeres ha sido definido culturalmente por un lenguaje masculino.

Liberalismo y Feminismo: No existe consenso entre las feministas sobre esta relación. Para las feministas liberales el feminismo se originó en el liberalismo. El liberalismo es un producto del racionalismo de la Ilustración, define al hombre como racional, autónomo, libre e igual. Poco a poco han ido sumándose grupos a la esfera política basados en su igual racionalidad. Las mujeres tendrían que entrar a esta esfera para ser libres, autónomas, racionales e iguales. Tanto las feministas socialistas como las radicales están de acuerdo con la incapacidad de las categorías del liberalismo para la causa feminista, pero no repudian la dicotomía que está en el corazón del feminismo liberal: racional/irracional. Para el feminismo postmoderno es claro que el liberalismo deriva del dualismo racional/irracional, y que el liberalismo por definición excluye a las mujeres de la esfera de la racionalidad y la política. Esta exclusión tiene su base en otra dicotomía, la de lo privado y lo público.
Uno de los problemas con que la racionalidad masculina se extienda para incluir a las mujeres es que los valores tradicionalmente asociados con lo masculino siguen siendo privilegiados, mientras que los asociados a lo femenino siguen siendo repudiados (intuición, relatividad y contextualidad).
Otro punto sobre el liberalismo es que su epistemología considera a las mujeres como humanos incompletos (hombres fallidos) y por tanto tampoco completamente morales.
La epistemología modernista e ilustrada que influye en la moral liberal e individualista es inherentemente sexista, las connotaciones de género de la dicotomía racional/irracional no son opcionales. Las feministas liberales que quieran retener los “buenos” elementos del liberalismo están equivocadas porque el liberalismo es sexista (en sí mismo).
Existe un temor entre algunas feministas de que el feminismo sea inviable fuera de la epistemología de la Ilustración. Para Hekman el hecho de que el feminismo esté relacionado a la modernidad no quiere decir que va a tener el mismo destino que la modernidad.


Sujeto/Objeto

El racionalismo que se encuentra arraigado a la epistemología de la modernidad es una epistemología del sujeto. La epistemología moderna es definida por la dicotomía cartesiana del sujeto/objeto. La fuerza conductora de la modernidad la lleva a la búsqueda de certezas y de la absoluta verdad universal. Los postmodernos desafían esta epistemología con dos argumentos: el conocimiento no es adquirido mediante la abstracción de un sujeto autónomo separado del objeto, sino que el conocimiento es constituido colectivamente a través de las formas del discurso. Además niega que el conocimiento se pueda adquirir de una sola manera, ya que el conocimiento es plural y heterogéneo.
En recientes años producto del debate positivismo/humanismo en las ciencias sociales estas últimas se han identificado como subjetivas opuestas a la objetividad de las ciencias naturales. Al aceptar la dicotomía objetivo/subjetivo y aceptar el lado desfavorecido de la polaridad, lo que hacen es reforzar la dicotomía que define a las ciencias sociales como inferiores.
La crítica postmoderna al humanismo denuncia que hayan aceptado la dicotomía objetivo/subjetivo de la epistemología moderna, y que hayan tratado de reemplazar el absolutismo de la objetividad con el absolutismo de la subjetividad. La relación entre el feminismo y el humanismo no da para mucho más según Hekman ya que el humanismo es profundamente homocéntrico y su centralidad está en un sujeto masculino.

La critica postmoderna al sujeto: Gadamer, Derrida y Foucault: Heiddegger fue el primero en identificar claramente al sujeto cartesiano como un supuesto central de la modernidad. Este autor rechazó la centralidad del hombre en el mundo moderno (“la muerte del hombre”). El ser humano es siempre histórico y un producto de un particular modo de ser. Para Gadamer la comprensión o entendimiento es una fusión de los horizontes del intérprete y del autor.
Para Derrida el sujeto es indispensable, pero quiere situarlo mejor. El critica al sujeto abstracto y autónomo de Occidente. La deconstrucción de Derrida trata de llegar a los significados subjetivos del autor en el texto. Por ello para los deconstruccionistas interpretaciones distintas de un texto no son ilegítimas sino especies diferentes de producción. Para este autor el significado de un texto es el producto de la experiencia creativa del lector con el texto.
Derrida es claro en afirmar que atacar al logocentrismo es atacar al falocentrismo porque el dualismo de género constituye las bases del pensamiento occidental. El afirma que en la disputa sujeto/objeto el “yo” siempre ha sido masculino (asociado con el falo). Este autor rechaza la posibilidad de que las feministas puedan reconceptualizar el sujeto en términos de género neutrales. Esta neutralización de las marcas sexuales al final solo le otorga más poder al hombre. El sujeto, el fálico “yo”, es central en el sistema filosófico que constituye a la mujer como inferior. Constituir a las mujeres como sujetos es darle más poder a este sistema. La única alternativa es deconstruir el sistema filosófico que les dio a los hombres el poder.
Para Foucault el discurso crea sujetos y objetos. Para él no existen sujetos ni objetos en esencias, solo individuos atrapados en una lucha histórica de relaciones de poder. Este autor se opone a la “filosofía del sujeto” del sujeto cartesiano, trascendental de la modernidad. Los sujetos son concretos, históricos y seres culturales que han sido constituidos por los discursos que han creado su subjetividad. Foucault explora los cuerpos concretos y sus situaciones. El es enfático en afirmar que no existe una verdad universal.
Foucault desea preservar lo que él llama “plenitud liberadora” de la Ilustración pero rechazar el humanismo. En “La historia de la sexualidad” afirma que la esencia del sujeto se halla en su sexualidad porque en Occidente el sujeto encuentra su “verdadero ser” en su sexualidad. Para este autor la sexualidad no tiene una esencia, es una construcción histórica que apareció a principios del siglo XIX.
En “La historia de la sexualidad: El uso del placer” (1985) afirma que solo los hombres pueden ser sujetos, ya que son solo los hombres los que son sujetos del código moral que gobernó la sexualidad desde los griegos. Allí las mujeres solo figuraban como objetos. Esta expulsión de las mujeres del campo de la moralidad es central para su subordinación.
Foucault discute las formas en las que el discurso constituye sujetos. Esta perspectiva es importante para examinar las maneras en las que es constituido lo femenino por los discursos patriarcales.
El antiesencialismo postmoderno es un antídoto importante contra los esencialismos de algunas feministas que tratan de definir una esencia femenina, y la esencia de la sexualidad femenina. Tratando de destruir el patriarcado muchas feministas no son críticas de su etnocentrismo y heterosexismo. Las feministas deben rechazar aquel discurso de la sexualidad que las caracteriza y define como objetos sexualmente pasivos.
El sujeto que ha sido definido como femenino es un sujeto pasivo, irracional, emocional y “más” natural que el sujeto masculino. La resistencia de las mujeres a la constitución de esta subjetividad es la esencia del movimiento feminista. Se debe de constituir un discurso plural de la resistencia a ese sujeto femenino.

La crítica feminista a los Sujetos y Objetos: La historia de Occidente definió a los hombres como sujetos, y a las mujeres como objetos.
Para Simon de Beauvoir la solución a la exclusión de las mujeres se podría solucionar si las mujeres se convirtieran en sujetos (y tuvieran trascendencia). Para esta autora la mujer siempre ha sido el “otro”. El hombre es absoluto, positivo y neutral, las mujeres son definidas como peculiaridad en tanto “no hombres”. Para de Beauvoir las mujeres han sido la otredad (que la considera central para obtener la trascendencia) para la vida humana. Los hombres, que han creado los mitos, han puesto a las mujeres en la esfera de la naturaleza. Para Hekman el problema con los planteamiento de de Beauvoir radica en que si la otredad es necesaria, será otro grupo el que ocupe la posición del “otro” (una minoría étnica o sexual posiblemente) y además no cuestiona los dualismos implícitos en la epistemología occidental moderna. Además la aceptación de estos dualismos lleva a sobrevalorar los rasgos definidos como masculinos. Para Monique Witting el género debe ser destruido para que las mujeres sean sujetos también.
Otras feministas reconocen que las mujeres han sido sistemáticamente excluídas de la noción de sujeto, pero rechazan que esta exclusión se solucionará incluyendo a la mujer como sujeto cartesiano. Para ellas esta definición del sujeto cartesiano debe ser rechazada.
Muchas feministas estadounidenses intentan reconstruir al sujeto sin estos elementos androcéntricos, pero a la vez repudian la alternativa postmodernista, ya que consideran que no les permite la posibilidad de agencia.
El sujeto de Foucault es capaz de resistencia y de actuar políticamente sin referencias a elementos de la subjetividad cartesiana. Para este autor se debe rechazar la filosofía del sujeto porque subjetividad implica subjetivación.
Para Irigaray las escritoras mujeres no pueden romper la teoría del sujeto definida por el lenguaje masculino. Para esta autora el dualismo objeto/sujeto debe ser rechazado, ya que toda dicotomía implica jerarquías. Por ella rechaza la epistemología que produce estos dualismos. La escritura femenina irrumpe el orden falocrático al rechazar su carácter unitario.
Para Kristeva se necesita descentrar y reconstruir al sujeto cartesiano, y construir un sujeto anticartesiano para transformar el discurso falocrático. Para ella el sujeto es construido por el lenguaje (son producto y no productores del discurso). El sujeto que ella propone y problematiza no es pasivo y tiene potencial revolucionario.
Lacan afirma que la sexualidad es construida socialmente y es constituida lingüísticamente por el orden del falo. Para Lacan el sujeto es construido. El está de acuerdo con la afirmación de que la mujer se hace, no nace.
Kristeva rechaza la existencia de una esencia femenina y afirma que las mujeres y lo femenino al igual que los sujetos son constructos lingüísticos. Agrega que tanto el cuerpo como el sujeto están “en proceso”.
La dicotomía entre loa semiótica y lo simbólico es central en los planteamientos de Kristeva. Esta dicotomía se afianza en el hecho de que la semiótica es natural, y lo simbólico es cultural. Para ella la semiótica tiene un potencial revolucionario, una revolución en el lenguaje y política a la vez. Siguiendo su argumentación sería el feminismo el que permita una revolución social y lingüística. Ella trata de definir lo femenino en el lenguaje y crear un nuevo sujeto, un sujeto en proceso.
Para Hekman la polaridad entre semiótica y simbólica y su intención de constituir un sujeto son las ataduras de Kristeva al sujeto cartesiano del que pretende emanciparse y cuestionar.
Un importante desacuerdo entre muchas feministas y postmodernos recae en el sujeto. Muchas feministas creen que es necesario mantener al sujeto cartesiano, pero tratando de depurar su sexismo. Para los posmodernos (y algunas feministas) hay que desplazar y rechazar al sujeto cartesiano.
Muchas feministas afirman que ellas no pueden aceptar la “muerte del sujeto”, ya que a las mujeres se les ha negado la subjetividad por tanto tiempo que rechazarla cuando acaban de superar su inferioridad es un contrasentido. Para ellas la postmodernidad es una empresa de hombres, quienes pueden darle muerte a un sujeto que han poseído por muchísimo tiempo.
El argumento postmoderno rechaza la dicotomía que ha caracterizado al pensamiento occidental y a la estructura social que define a las mujeres como inferiores, ya que si esta dicotomía no es desplazada su inferioridad persistirá. La postmodernidad invita a las feministas a en vez de reconceptualizar al sujeto cartesiano, a hablar de las formas de resistencia a la dominación sin referencias al sujeto constituido.
Porque solo sujetos pueden constituir conocimiento, el que las mujeres no hayan sido sujetos la excluye de la racionalidad y la verdad. En las ciencias humanas los hombres han sido sujetos y objetos del conocimiento, pero las mujeres solo han sido objetos. Las feministas denuncian el que las ciencias sociales y sus categorías hayan excluido a las mujeres y sus experiencias. Las mujeres al no ser consideradas actoras de la vida social, no pueden constituir conocimiento o realidad. Además han denunciado que la “objetividad” para las ciencias sociales pasa por privilegiar una manera masculinista de ver el mundo. Una perspectiva feminista postmoderna introduce dos temas centrales al debate de la metodología de las ciencias sociales: el intento de algunas feministas de revertir la subjetividad masculina con una subjetividad que privilegie lo femenino es fútil. Además si la objetividad ha sido tan importante para las ciencias sociales esto ha sido por que la “objetividad” es una epistemología masculina. Los planteamientos de los “padres” de las ciencias sociales están cargados de sexismo, para Weber y Freud los hombres son la plenitud y las mujeres la falta. Para Hekman solo la “muerte del hombre” (genérico y de género) podrá superar la subordinación de las mujeres.


Naturaleza/Cultura

La asociación de las mujeres con la naturaleza está estrechamente relacionada con la identificación de las mujeres como irracionales y su exclusión de la esfera de la racionalidad. Y esta asociación se remonta a los inicios del pensamiento occidental. En la premodernizad la mujer era asociada con una naturaleza misteriosa, pero a la vez con una madre educadora. En las ciencias modernas está conceptualización cambió y subordinó y dominó a las mujeres (se convirtieron en sujetos de dominación).
Para Foucault la ciencia moderna, lejos de ofrecer un modelo de verdad, al igual que sus predecesoras es histórica y asumen una serie de cosas sobre el mundo, y no es universal. Para Derrida la dicotomía naturaleza/cultura es uno de los principales dualismos de la metafísica de la presencia que él intenta deconstruir. La différance ofrece la posibilidad de hablar de diferencias sexuales en términos de multiplicidad y diversidad en vez de jerárquia.
Algunas feministas quieren encontrar una esencia femenina o una verdadera naturaleza femenina, sin darse cuenta del grave esencialismo en el que caen. Para Griffin sí existe una esencia natural femenina; que está asociada a la naturaleza, y que es superior que la masculina que está relacionada a la cultura y por ello a la dominación. Para esta autora los hombres al poseer la cultura, dominan la naturaleza y por extensión a las mujeres. Para Hekman esta última afirmación es cierta, pero esto no es producto de ninguna naturaleza o esencia masculina, sino del pensamiento moderno e ilustrado. El hombre de ciencia de Bacon debe probar su virilidad penetrando los secretos de la naturaleza. Para Evelyn Keller el énfasis de la razón en el pensamiento científico llevó a una dessexualización de la naturaleza y de las mujeres. Las cualidades de crianza y misterio de las mujeres se pierden bajo la lógica de un mundo mecánico. A esto se debería que la cacería de “brujas” del siglo XVI y XVII terminara tan abruptamente al iniciar el siglo XVIII. El objetivismo cartesiano ve en la naturaleza un mundo que puede ser explicado, dominado y controlado.
La asociación de las mujeres con la naturaleza no es un absoluto inmodificable que determine el rol de las mujeres en la sociedad, sino que es una asociación histórica y cultural que ha servido para controlar a las mujeres y racionalizar su devaluación.

¿Una ciencia feminista?: No existe acuerdo en qué debería ser llamado ciencia feminista. La ciencia que ha sido definida como una actividad masculina ha excluido a las mujeres. La epistemología de la ciencia es una epistemología de dualismos. naturaleza/cultura, sujeto/objeto, entre otras. Dicotomizar el mundo lleva inevitablemente a un mundo de dominio y control: los dualismos siempre implican jerarquía y las jerarquías siempre implican control.
Para Smith y Fausto-Sterling una ciencia feminista, a diferencia de la masculinista, debería ser plural, histórica, no jerárquica y hermeútica. Para Hekman es importante distinguir entre la discriminación a las mujeres en la ciencia, y los medios androcéntricos de la misma empresa científica. Una ciencia feminista debería ser una actividad no de élites únicamente, sino que la participación comunitaria debería ser incentivada y deseada.
Muchas feministas en la búsqueda de una alternativa a la ciencia masculinista han combinado su rechazo a esta ciencia con un énfasis en las cualidades que han sido asociadas a lo femenino (y por tanto devaluadas). El problema con esta postura es que no cuestiona la dicotomía naturaleza/cultura que ha sido la raíz de la exclusión de las mujeres de la ciencia. Estas feministas intentan contrarrestar la epistemología moderna reforzando la asociación de las mujeres con la naturaleza, y por tanto reforzando dicha epistemología. Otro problema con esta postura es la de su universalismo, ya que perpetúan la tendencia universalizadora de la epistemología moderna. Al tratar de definir “una única perspectiva femenina” olvidan que las mujeres viven en contextos particulares y diversos. Hekman evidencia de que la búsqueda del “conocimiento verdadero” llevará a una nueva ortodoxia que impondrá sus nuevas jerarquías.
Hay tres posiciones identificables entre las feministas sobre la objetividad. Las primeras afirman que una perspectiva femenina debe de corregir los errores de la ciencia masculina, pero manteniendo sus principios de objetividad. Una segunda posición afirma que las mujeres por su posición única son capaces de construir una teoría de la objetividad que termine con la dominación masculina. Ellas fallan al no cuestionar el absolutismo y universalismo de esta nueva ciencia que plantean. La tercera posición llama por una redefinición de objetividad, pero ellas no hablan de una única perspectiva femenina. Tampoco que las feministas creen una nueva ciencia que sustituya a la androcéntrica. Ellas identifican en el universalismo el principal obstáculo para la formulación de una ciencia feminista. Pero ellas rechazan el postmodernismo por considerarlo relativista y nihilista
Para Hekman la ausencia de una critica postmoderna feminista se debe a la tenacidad de las concepciones modernas e ilustradas en especial en lo referente a la objetividad. Además afirma que el postmodernismo es malentendido por muchas feministas quienes lo consideran nihilista, anárquico y relativista. Ella invita a las feministas a que si se quiere hacer una crítica exitosa a las ciencias masculinas se debe abandonar la noción de objetividad y buscar otro modelo que sirva para la investigación científica.
Para McClintock una buena ciencia debería tener un vínculo profundo con los sentimientos, no con los valores masculinistas tradicionales. Para Hekman esta postura no cuestiona la dicotomía de género por la que lo femenino es asociado a los sentimientos. Lo que se necesita no es privilegiar los sentimientos sobre la razón sino romper la distinción entre estos modos de pensar.
Para Harding es importante el que se deje de hablar de una esencia femenina: y habla de las perspectivas de muchas mujeres (de clase media, lesbianas, negras, transgénero, etc) y utiliza muchos argumentos postmodernos en su discurso, pero a la vez marca distancia del postmodernismo. Ella afirma que el postmodernismo es absolutamente relativista. Para ella ni el liberalismo, ni el marxismo, ni el feminismo radical y tampoco el postmodernismo son adecuados para un proyecto feminista, pero que se puede extraer algunas cosas de cada uno. Para Hekman la “acusación” de relativista es producto del que no se cuestione una dicotomía tan importante como la que diferencia lo absoluto de lo relativo. La segunda afirmación de Harding para Hekman es inaceptable porque tanto el liberalismo, el marxismo y el radicalismo corresponden a la epistemología moderna. Para Hekman sería la alianza entre el feminismo y la postmodernidad la que cuestionaría las raíces de la dominación masculina.

La “naturaleza” de las mujeres: La creencia de que las mujeres poseen una naturaleza especial y que ello define su rol social es una creencia arraigada en los orígenes del pensamiento occidental. Los esfuerzos por descubrir la verdadera “naturaleza” de las mujeres responden al deseo de llegar a la verdad y eliminar la duda. La postmodernidad no crea ningún concepto universal de mujer u hombre, sino que reconoce la diversidad y la particularidad.
El intento de definir una naturaleza femenina y relegar a las mujeres a un estatus social inferior ha sido central para la opresión de las mujeres en la cultura occidental. La asociación de las mujeres con la naturaleza ha justificado la dominación de la cultura de los hombres. Hekman no niega las diferencias sexuales, pero sabe que la diferencia biológica es siempre entendida y codificada social y culturalmente (como la antropología ha demostrado). Aunque ella es cuidadosa en afirmar que el género no puede ser pensado bajo la dicotomía naturaleza/cultura de la epistemología moderna.
Cixous rechaza la noción de una única mujer, y una única sexualidad femenina. También rechaza la asociación de lo femenino con las mujeres, y lo masculino con los hombres. Para ella no existen esencias, y todo es lenguaje, y que no existe un cuerpo “natural” sino que el cuerpo es escrito socialmente. Ella identifica en el “¿qué es esto?” un esencialismo masculino. Ella afirma que el cuerpo como el género tiene que ser entendido socialmente. Cixous dice que el cuerpo de las mujeres es una entidad que ha sido construída por simbólicas masculinistas. La mujer es excluida de la simbólica por la “falta” de una relación con el falo. Las mujeres no han podido vivir en sus propios hogares, sus cuerpos. Por ello demanda que los cuerpos de las mujeres deben ser descolonizados. Esta autora intenta construir un discurso que articule la masculinidad, la femineidad, el cuerpo y la sexualidad desplazando el discurso masculinista que relega a las mujeres al silencio.
Irigaray está mucho menos interesada que Cixous en definir una “teoría”, para ella la búsqueda de teorías y ortodoxias es un rasgo masculinista que hay que evitar. Ella rechaza que se privilegie lo femenino sobre lo masculino clasificando a estas feministas de ginecocéntricas. Su énfasis central está en la pluralidad que retaría la sexualidad masculinista unitaria. Ella se pregunta cómo podemos hablar de diferencia sexual en términos no dualísticos. Ella usa la sexualidad femenina para inaugurar un nuevo discurso que no sea dualístico e insiste en “practicas la diferencia”.
Kristeva rechaza (siguiendo los pasos de Lacan) la noción de identidad o esencia. Ella afirma que el único sujeto que existe es el masculino, el femenino no existe. Para ella la semiótica y la simbólica son necesarias en la constitución de todo sujeto, y que la semiótica transgrede la simbólica (masculina). Para Hekman este es un rasgo de esencialismo, y por ello considera que sus planteamientos son menos exitosos que los de Cixous e Irigaray.


Las posibilidades de un feminismo postmoderno

Las feministas contra el Postmodernismo: La mayoría de feministas son escépticas y hasta hostiles al postmodernismo. La crítica al relativismo como ya se mencionó antes mantiene sin cuestionar los dualismos de la epistemología de la ciencia moderna. Para los postmodernos el conocimiento es contextual e histórico. A la propuesta postmodernista se le acusa además de ser nihilista (no distinguir estándares entre verdad y falsedad). Pero como ya se dijo para los postmodernos el conocimiento no necesita de términos absolutos; así que esta “acusación” para Hekman también cae por su propio peso.
Las feministas denuncian que la postmodernidad es sinónimo de inacción política y que niega la posibilidad de acciones por la liberación política. Para ellas la postmodernidad abandona los valores centrales de la modernidad: autonomía, individualismo, derechos, etc. Para Habermas la postmodernidad no puede emancipar a nadie, y es una reacción conservadora ya que mantiene el estatus quo y la injusticia social del sistema existente.
Hartsock afirma que el postmodernismo niega la posibilidad de la constitución de un sujeto femenino (que no sea “el otro”), tampoco les permite posibilidad de ser creadoras de conocimiento. Para Gadamer las hermenéuticas siempre implican una crítica a la tradición, y no una ciega aceptación de sus prejuicios.
Fraser y Nicholson invitan a una integración entre el feminismo y la postmodernidad, pero el postmodernismo debe ser politizado para satisfacer las necesidades del feminismo. Para Jane Flax el feminismo es una variante de la filosofía postmoderna.
La androginia no valora igual a lo masculino y lo femenino, favorece los valores masculinos. Además perpetúa la dualidad de las “esencias” masculinas y femeninas que constituye el estatus inferior de las mujeres.
Para Habermas la modernidad está en crisis, pero no ha terminado. Para Hekman la postura de Habermas intenta que las mujeres adopten la persona del hombre moderno.

Derrida: La deconstrucción destruye la noción de verdad “única”. No hay una sola verdad, sino muchas verdades. La deconstrucción es radical, ataca la metafísica de la presencia, deconstruye las polaridades de la epistemología. El usa metáforas femeninas (y el himen en particular) para romper el orden falocrático binario.
Para Derrida las mujeres a diferencia de los hombres no creen en la verdad, ellas están conectadas con la escritura. Para él cuando una mujer desea la verdad está viviendo los sueños de los hombres. Este autor y Nietzsche están de acuerdo en que mujer y verdad no existen; las mujeres como la verdad son plurales. Derrida advierte que la diferencia sexual no debe ser entendida en términos binarios entre lo masculino y lo femenino, lo heterosexual y lo homosexual porque lo masculino (y lo heterosexual) siempre ganará. El afirma que existen múltiples voces sexuales. Concede a las feministas cierto privilegio de lo femenino, pero solo en una etapa inicial.
Derrida afirma que será la suplementariedad la que destruya las oposiciones binarias del pensamiento occidental. El no niega las diferencias, pero las inscribe en términos no dicotómicos revelando la multiplicidad de diferencias.

Foucault: El identifica su política como una política de resistencia. Horowitz critica a Foucault por su antiesencialismo porque no es capaz de distinguir entre formas de poder que construyen subjetividad y otras que construyen subjetividades dominadas. Para Foucault se puede resistir a la represión sin formular una metacrítica del poder, y se puede discutir sobre sujetos y acción sin referencias al sujeto cartesiano. Para Foucault debemos resistir aquellos sistemas que no nos permitan modificarlos. Para él debemos resistir y luchar contra las categorías de conocimiento y poder que nos oprimen.
El rechaza el humanismo, pero no la Ilustración en sí misma. Le critica su afán universalizador y subyugador. El propone soluciones locales, históricas y contextuales. Este autor asevera que ningún programa político coherente puede tener concepciones en términos absolutos de verdad y justicia. Su postura, que recalca el evitar conceptos universales y explorar la especificad, es útil para las feministas quienes debieran estudiar los mecanismos de la opresión de las mujeres en vez de tratar de explicarse como fenómeno universal la dominación masculina. En vez de proclamar dicha dominación masculina universal se debería explorar sus particularidades. Y la resistencia también tiene que ser específica.
Pese al escepticismo feminista a Foucault, el interés de las feministas por este autor ha aumentado mucho en los últimos años. Este escepticismo para Hekman es una muestra de la tenacidad de la epistemología humanista y moderna en el pensamiento feminista.
El poder según Foucault no está constituido en una sola esfera, sino que es difuso y está en todas las instituciones que constituyen la sociedad. Si el poder está en todas partes debe haber oposición en todas partes. La subordinación de las mujeres no se solucionará con una reforma política o económica, ya que ésta se encuentra arraigada en una diversidad de discursos que estructuran las estructuras de la sociedad. Osea la subordinación femenina no se eliminará dándole a la mujer el voto o un pago igual, ni la homofobia acabará con la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo. En ese sentido debemos de oponernos a los discursos que subordinan a las mujeres en todo momento y en todas las instancias sociales.
En la postmodernidad las feministas no pueden oponerse al discurso de la dominación masculina apelando a las metanarrativas de justicia y verdad. Ellas pueden oponerse formulando un discurso feminista que desplace los discursos patriarcales de la sociedad.

Conclusión: El liberalismo y el marxismo les permiten a las mujeres ingresar a la esfera de la política solo si renuncian a sus valores “femeninos”. Esto porque el sujeto cartesiano es inherentemente masculino. Las feministas deben entender que la epistemología de la modernidad es inherentemente sexista. Contra el absolutismo de una concepción unitaria de la verdad los postmodernos plantean un entendimiento plural de la verdad. Ellos resaltan que todo conocimiento es histórico y contextual, y un producto de discursos particulares. Para los postmodernos el lenguaje es fluido y múltiple, no es un sistema cerrado. Los silencios y ambigüedades de los discursos posibilitan la resistencia y el cuestionamiento a la dominación.
El libro es un intento de evidenciar las convergencias entre el postmodernismo y el feminismo contemporáneo. Estos son los únicos movimientos que presentan una crítica radical al legado ilustrado de la modernidad. Hekman insiste en que ambos movimientos se beneficiarían de una asociación. Una alianza entre el postmodernismo y el feminismo es valiosa ya que ambos son contradiscursos de la epistemología moderna

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