sábado, 23 de febrero de 2008

Sintesis de "Deshacer el Género" de Judith Butler

Uno de mis libros favoritos es sin dudas "Deshacer el género" de mi también autora favorita Judith Bulter. Este libro se presenta como un cuepro mas organizado de reflexiones de esta brillante autora. Colgaré todo el resumen que es bien largo, pero en partes.
Introducción: Actuar concertadamente

El género no se hace en soledad, siempre se está haciendo con o para otro (aunque el otro sea imaginario). Hay ocasiones en que los mismos términos que confieren la cualidad de “humano” a un grupo de personas privan a otros de dicho estatus (lo sub humano).
El ser humano es concebido de manera diferencial dependiendo de su raza y la visibilidad de la misma, su morfología y la medida en que tales formas son reconocidas, su sexo y la verificación perceptiva de dicho sexo, su etnicidad y la categorización de tal. A algunos seres humanos no se les reconoce como humanos y esto conduce a un orden de vida inviable. En ese sentido es que el reconocimiento (ligado al deseo) se convierte en una sede del poder mediante la cual se produce lo humano de manera diferencial.
Permanecer por debajo de la inteligibilidad tiene ciertas ventajas, sobre todo si las opciones elegidas son repugnantes y no se desea ser reconocido bajo determinados tipos de normas. La capacidad de desarrollar una relación crítica con estas normas presupone distanciarse de ellas (objetivarlas para diferir), también depende de la capacidad colectiva de articular una alternativa. En ese sentido, si se tienen alguna agencia es la que se deriva del hecho de ser constituido por un mundo social que nunca se eligió.
El “yo” que se es se encuentra constituido por normas y depende de ellas, pero también aspira a tener una relación crítica y transformadora con ellas. Es por ello que la crítica no es una celebración de la diferencia (de manera esencialista), sino que sirve para abrir posibilidades de modos diferentes de vida y para cobijar mejor las vidas que se resistan a los modelos de asimilación. En ese sentido, se pregunta cómo se puede hacer para que, por ejemplo, promover el matrimonios de gays y lesbianas no implique convertir en ilegítimas y abyectas otras figuraciones sexuales que no se adecuen al matrimonio biparental monogámico.
Transgénero se refiere a las personas que se identifican con o viven como “el otro” género, pero que pueden no haberse sometido a tratamientos hormonales o cirugías de reasignación de sexo. Estas personas y las transexuales están sujetas a la patologización y a la violencia.
Los movimientos intersexuales y transexuales, pese a parecer movimientos contradictorios (el primero se declaran en contra de la cirugía, el segundo acepta la cirugía electiva) cuestionan ambos el principio de dimorfismo natural que debe ser producido y reproducido a toda costa. Los activistas intersex luchan contra la errónea presuposición de que cada cuerpo alberga una “verdad” innata sobre su sexo que los profesionales médicos pueden discernir y traer a la luz por sí solos. Solo se puede determinar el “propio” sentido del género en la medida en que las normas sociales existen para apoyar y posibilitar aquel acto de reclamar el género para uno mismo.
“No se puede legislar para todas las vidas lo que es habitable solo para algunas, ni tampoco proscribir para todas las vidas lo que es invisible para algunos”.
Lo queer no es posfeminista, sino que se encuentran en diálogo constante. Para Butler es claro que la sexualidad no se resume fácilmente ni se unifica a través de la categorización. El género tiene que ser comprendido como una categoría histórica, lo que implica ver al género como una forma cultural de configurar el cuerpo y que está abierto a su continua reforma, y que la “anatomía” y el “sexo” no existen sin un marco cultural. El género aparece como una precondición para producir y sostener una humanidad que se pueda descifrar.
Para Butler lo políticamente fundamental es no ceder el término “vida” a los objetivos de la derecha, ya que ésta cuestiona cuándo se inicia la vida humana y qué es lo que constituye “vida” en su viabilidad. Toda forma de autonomía requiere de un sostén social y protección.
Para que lo humano sea humano debe relacionarse con lo no humano (con lo que está fuera de sí mismo, pero que es continuo consigo mismo). En ese sentido, lo humano excede sus límites en el mismo esfuerzo de establecerlos. Es importante reconocer los diferenciales de poder que permean la construcción de la categoría de lo “humano”. El que la categoría mencionada se elabore en el tiempo y que funcione a través de la exclusión de amplias “minorías” significa que su rearticulación se iniciará en el momento en el que los excluidos hablen a y desde dicha categoría.
El psicoanálisis puede servir como una crítica a la adaptación cultural y también como una teoría para comprender las maneras en las que la sexualidad no se conforma a las normas sociales que la regulan. Así, la sexualidad ni el deseo no pueden ser nunca totalmente atrapados por ninguna regla, siempre exceden la regulación. La sexualidad emerge como una posibilidad improvisatoria dentro de un campo de restricciones y poder. La sexualidad es una manera de transportar significados culturales tanto a través de la operación de las normas como de los modos en que son deshechas.
La sexualidad no es consecuencia del género. El género deshace al “yo” que se supone que es o que lleva al género, y este acto de deshacer es parte del significado y la comprensibilidad de este mismo “yo”. Butler se pregunta si el género es de uno o es para otros.

Capítulo 1: Al lado de uno mismo: En los límites de la autonomía sexual

No se trata de preguntarse solamente qué hace llevadera mi propia vida, sino preguntarnos desde una posición de poder y desde una visión de justicia distributiva qué hace o debería hacer la vida de los demás soportable. Butler reflexiona sobre el duelo y se pregunta ¿qué vidas pueden llorarse? Para ella estamos constituidos por deseo y vulnerabilidad física, lo que nos hace a la vez asertivos y vulnerables.
Para Butler el duelo no es privado, sino que nos expone a la relación constitutiva de la socialidad del yo, a la base para pensar una comunidad política de orden complejo. El duelo hace que nos deshagamos unos a otros, cuestiona nuestra autonomía y autocontrol. Butler entiende al género y a la sexualidad de manera parecida, no como posesiones, sino como maneras de ser desposeído, maneras de ser para otro o por otro. Esta ruptura es constitutiva de la identidad misma.
Es a través del cuerpo que el género y la sexualidad se exponen a otros. Ser un cuerpo es ser entregado a otros. El cuerpo implica mortalidad, vulnerabilidad y agencia. Nuestros cuerpos nunca son del todo nuestros. El cuerpo tiene una dimensión pública, constituido como fenómeno social en la esfera pública. El cuerpo es profundamente ambivalente porque es mío y no lo es a la vez. Butler se pregunta si basta luchar por la autonomía desconociendo la dependencia a otros.
La violencia es una forma terrorífica en la que se expone la vulnerabilidad humana hacia otros humanos, en la que somos entregados sin control a la voluntad de otro. Intentar negar nuestra vulnerabilidad es negarnos una fuente de fuerza y creatividad importante; además de ser un recurso político.
Nuestra vulnerabilidad nos permite extrapolar esta experiencia a la vulnerabilidad de otros. Esto también hace evidente la precariedad de la vida. Para luchar contra la opresión se tiene que entender que nuestras vidas se sostienen y mantienen de forma diferencial, ya que la vulnerabilidad física está distribuida de manera asimétrica por el mundo.
La infancia es una etapa de dependencia necesaria. Los cuerpos infantes tienen que ser aprehendidos y entregados para ser cuidados.
Butler aboga por descentrase uno mismo, por estar al lado de uno mismo, de ser un limite poroso entregado a los otros, situado en una trayectoria del deseo en la que es sacado fuera de sí y redituado inevitablemente en el campo de otros. La libertad no puede ser entendida solo como un valor individual, sino también como uno asociativo.
En ese sentido el matrimonio no puede ser el ideal para un movimiento de resistencia porque busca constreñir la socialidad del cuerpo de una forma aceptable. El parentesco debe desbordar sus implicancias heterosexuales. Pero para Butler tampoco se puede afirmar que toda comunidad de soporte son extrapolaciones de relaciones de parentesco (similares a la familia).
Talvez los lazos de parentesco no sean más que la intensificación de los vínculos comunales, y también pueden cuestionar al parentesco tradicional asociado a relaciones biológicas. La sexualidad fuera de la monogamia puede explorar nuevas formas de comunidad.
El quién y qué se considera real y verdadero además de ser una cuestión de saber, es una cuestión de poder. Ni el saber ni el poder pueden ser separados porque operan juntos.
Intervenir en nombre de la transformación implica precisamente desbaratar lo que se ha convertido en un saber establecido y en una realidad cognoscible, y utilizar la propia irrealidad para posibilitar una demanda que de otra forma sería ilegible e imposible. Las normas pueden abrirse a la resignificación cuando lo irreal requiere de realidad o entra en su dominio.
La incorporación (embodiment) implica una serie de normas que determinan quién será considerado un sujeto viable dentro de la esfera política y quién no. Entonces es necesario platear una lucha para rehacer las normas a través de las cuales se experimentan los cuerpos Esto es crucial para los movimientos de minusválidos, intersex y transgénero porque cuestionan los ideales que se imponen sobre cómo deberían ser los cuerpos.
Postular posibilidades más allá de la norma o un futuro diferente para la norma misma implica fantasía. Fantasía para tomar el cuerpo como punto de partida para una articulación que no esté constreñida siempre por el cuerpo tal como es. La fantasía no es lo opuesto de la realidad; es lo que la realidad impide realizarse; es en consecuencia lo que define los límites de la realidad. La fantasía es lo que nos permite imaginarnos a nosotros mismos y a otros de manera diferente.
Butler se pregunta ¿cómo entran en el campo de lo político las personas drag, butch, femme, transgénero y transexuales? No solo es porque cuestionan la noción de lo que es real y de lo que debe serlo, sino que también nos muestran cómo pueden ser cuestionadas las normas que rigen las nociones contemporáneas de realidad, y cómo se constituyen estos nuevos modos de realidad.
¿Por qué sirve incrementar las posibilidades del género? Esta pregunta se responde partiendo del lugar desde que se la enuncia; es decir la posibilidad no puede ser un lujo, sino es crucial para quienes son conceptualizados como irreales. Pero es pensada como un lujo porque el lugar desde el que se enuncia la pregunta es heterosexual. Para quienes están tratando de convertirse en posibles, la posibilidad es una necesidad.
Al hablarse de derechos internacionales de gays y lesbianas se debe afirmar de manera clara y pública la realidad de la homosexualidad, pero no como una verdad interna ni como una práctica sexual., sino como uno de los rasgos definitorios de la inteligibilidad del mundo social. La afirmación pública de la homosexualidad pone en tela de juicio lo que se considera real y lo que se considera humano. Esta política internacional de derechos de gays y lesbianas tiene que rehacer la realidad, reconstituir lo humano y negociar los términos de lo que se considera habitable y lo que no.
Conceptuar a las personas no heterosexuales como oprimidas es difícil porque para ser oprimido se debe ser inteligible, pero darse cuenta de que se es fundamentalmente ininteligible (que incluso las leyes de la cultura y el lenguaje te estiman como una imposibilidad) es darse cuenta de que todavía no se ha logrado el acceso a lo humano. Por ello, el reconocimiento no te llega. Las normas de reconocimiento tienen como función producir y reproducir la noción de lo humano. Nuestras vidas y la persistencia de nuestro deseo dependen que haya normas de reconocimiento que produzcan y sostengan nuestra viabilidad como humanos.
Que el género sea preformativo implica alegorizar las formas espectaculares en las que la realidad a la vez se reproduce y se contesta. Esto tienen consecuencias en el modo en que las presentaciones de género son criminalizadas y patologizadas; y explica porqué existe violencia contra las personas que cambian de género y porqué esta violencia no es reconocida como tal, y por qué es a veces infligida por los propios estados que deberían ofrecer a estos sujetos protección.
No se trata de crear nuevos géneros inexistentes, sino de desarrollar un nuevo léxico que legitime la complejidad del género con la que hemos estado viviendo desde hace tiempo. La sexualidad no es un atributo que uno tiene, sino un modo de disposición hacia los otros (incluyendo el modo de la fantasía y a veces solo fantasía).
El sentido de la posibilidad que me pertenece (que me señale como real) debe primero ser imaginado desde otro lugar antes que yo pueda imaginarme a mí mismo. La lucha por nuestros derechos no es solo una lucha por derechos “para mí” sujetos a mi persona, sino para ser concebidos como personas.
Butler problematiza los asesinatos a gays, lesbianas, intersexuales y trans o en sus palabras el deseo de matar alguien por no ajustarse a las normas de género por las cuales una persona se “supone” que vive. Esto sugiere que la vida misma necesita de normas a las que ampararse, y que vivir fuera de ellas equivale a cortejar la muerte. La negación a través de la violencia de un cuerpo es un vano y violento esfuerzo de restaurar el orden, de renovar el mundo social sobre la base de un género inteligible y de rehusar el reto de repensar el mundo como algo distinto de lo natural o necesario.
Esta violencia emerge de un profundo deseo de mantener el orden de género binario natural o necesario, de convertirlo en una estructura natural y/o cultural contra la cual ningún ser humano pueda oponerse y seguir siendo humano. Si alguien se opone a estas normas del género binario no solo mediante la adopción de un punto de vista crítico, sino incorporándolas (en su cuerpo) de manera que se hagan reconocibles, entonces emerge la violencia como una demanda para deshacer el reconocimiento, de cuestionar su posibilidad, de convertirlo en irreal e imposible frente a cualquier apariencia de lo contrario.
Por todo ello Butler apuesta por abrazar la destrucción y una rearticulación de lo humano en aras de un mundo más amplio y menos violento. Mantener nuestra noción de lo humano abierta a articulaciones futuras es central para el proyecto de derechos humanos universales. Esto implica someter a crítica no solo los discursos heteronormativos, sino también nuestras categorías de resistencia. Ella postula la traducción cultural como necesaria para este proceso, lo que implicaría ceder nuestras categorías más fundamentales.

Capítulo 2: El reglamento del género

Regular el género no es someterlo a la fuerza de un reglamento exterior ya que el género no preexiste a la reglamentación. Butler plantea que es al estar sometido a regulación y sujeción que el sujeto del género emerge. En otras palabras se deviene como sujeto a través de la reglamentación. El género requiere e instituye su propio y particular régimen regulador/disciplinador.
Si el género es una norma, se busca implícitamente el estándar de la normalización. La norma hace inteligible las acciones sociales, y por su naturalización son difíciles de leer. Incluso estar fuera de la norma es estar definido por la norma.
Butler define al género como el aparato a través del cual tiene lugar la producción y la normalización de lo masculino y lo femenino junto con las formas intersticiales hormonales, cromosómicas, psíquicas y performativas que el género asume. El género no implica solamente lo “masculino” y lo “femenino”, sino que esta coherencia binaria tiene un coste. Y aquellas permutaciones del género que no cuadran en el binario forman parte del género como los ejemplos más normativos. En pocas palabras, el género es el mecanismo a través del cual se producen y naturalizan las nociones de lo masculino y lo femenino, pero Butler apuesta por una noción del género que podría ser el aparato a través del cual dichos términos se cuestionen y desnaturalicen. La autora también define al género como una forma de poder social que produce el campo inteligible de los sujetos, y un aparato que instituye el género binario.
Hay quienes en los estudios de género han propuesto como alternativa al binario de género multiplicar los géneros, pero un aumento en la cantidad no necesariamente soluciona los problemas.
Los teóricos lacanianos diferencian las normas simbólicas de las sociales, ya que entienden que las demandas simbólicas se plantean a la psique humana desde su origen. Para Butler lo simbólico es una sedimentación de las prácticas sociales. Para los estructuralistas lo simbólico establece las condiciones universales bajo las cuales la socialidad se posibilita. Así la norma simbólica parece ser planteada como atemporal. Butler cuestiona la centralidad simbólica otorgada por los lacanianos. El hecho de convertir la ley del falo en incontestable e incuestionable es un ejercicio de poder de la misma ley simbólica. Lo simbólico así busca terminar con las ambivalencias y la ansiedad al otorgar esencias femeninas y masculinas trascendentes.
Que el género esté radicalmente condicionado no significa que esté radicalmente determinado La norma en su inevitable temporalidad se abre al desplazamiento y a la subversión desde dentro. Lo norma solo persiste como tal en la medida en que se representa en la práctica social y se reidealiza y reinstituye en y a través de los rituales sociales diarios de la vida corporal. La norma no tiene un estatus ontológico independiente.
Para Foucault la disciplina produce individuos, no solo los dirige o usa, sino que activamente los constituye. La naturaleza de lo anormal no es diferente de la de lo normal. Algunos sostienen que las oposiciones a la norma están contenidas en la misma norma. La norma confiere realidad, y lo hace mediante la repetición de su poder para conferir realidad.
Dado que las normas del género son reproducidas, éstas son citadas por prácticas corporales que tienen la capacidad de alterar dichas normas en el transcurso de su citación. Butler se pregunta qué desviaciones de la norma interrumpen el proceso regulador mismo.
El género es una norma reguladora, pero también es una norma que se produce al servicio de otros tipos de reglamentos. Para Mackinnon la estructura jerárquica de la heterosexualidad que hace que los hombres subordinen a las mujeres es la que produce el género. Butler es crítica de afirmaciones de este tipo porque la sexualización de la desigualdad no es un concepto previo al género. A ella le preocupa la reducción del género a la sexualidad, y la esencialización de la heterosexualidad.
La disonancia entre el género y la sexualidad se afirma desde dos perspectivas: se busca mostrar posibilidades para la sexualidad que no estén constreñidas por el género para cuestionar el reductivismo causal, y se trata de mostrar las posibilidades de género que no estén predeterminadas por las formas de heterosexualidad hegemónicas.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Nuncmento blogs, pero ...gracias!! esta genial y me ayudó.

Baal Zak dijo...

No te imaginas qué tan difícil me ha resultado leer (ni llego a poder usar la palabra entender) el libro, y eso que me ha tomado 5 meses... Así que tus posts me están ayudando un montón!

M.

Anónimo dijo...

Un excelente articulo....y muy buen blog..sigue adelante

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David Sanchez Ccorahua dijo...

A MI TAMBIEN ME HA AYUDADO GRACIAS LOQUERRIMA!