lunes, 31 de diciembre de 2012

Sobre el autor



Giancarlo Cornejo es estudiante de doctorado en Retórica por la Universidad de California, Berkeley, y licenciado en Sociología por la Pontifica Universidad Católica del Perú. Su investigación gira en torno a temas de género, sexualidad, estudios gays/lesbianos/transgénero/queer. 


Publicaciones


“For a Queer Pedagogy of Friendship.” En: TSQ: Transgender Studies Quarterly 1(3). Durham: Duke University Press, en prensa.

“Entre Judith Butler en disputa y Deshacer a Judith Butler.” En: Cadernos Pagu. Campinas: Universidade Estadual de Campinas, en prensa.

“Las políticas reparativas del movimiento LGBT peruano: Narrativas de afectos queer.” En: Estudos Feministas. Florianópolis: Universidade Federal de Santa Catarina, en prensa.

“Fronteras que matan: autoritarismos y homo-transfobias”. En: Sombras coloniales y globalización en el Perú de hoy. Ed: Gonzalo Portocarrero. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, 2013. 227-237.

“A guerra declarada contra o menino afeminado” (Traducción de Larissa Pelúcio). En: Teoria queer: Um aprendizado pelas diferenças. Richard Miskolci. Belo Horizonte: Autêntica Editora, Universidade Federal de Ouro Preto, 2012. 69-78.

Con Marten van den Berge. “Desde la investigación activista hacia teorías/metodologías promiscuas”. En: Crisis y movimientos sociales en nuestra América: Cuerpos, territorios e imaginarios en disputa. Eds: Mar Daza, Raphael Hoetmer, Virginia Vargas. Lima: Programa Democracia y Transformación Global, Coordinadora Interuniversitaria de Investigación sobre Movimientos Sociales y Cambios Político-Culturales, 2012. 333-337. 

“Contra la familia: ¿Cómo hacer justicia a los niños afeminados?”. En: Nómadas, n. 35. Bogotá: Universidad Central, 2011. 139-154.

“La guerra declarada contra el niño afeminado: Una autoetnografía queer”. En: Iconos. Revista de Ciencias Sociales, n. 39. Quito: Flacso-Ecuador, 2011. 79-95.

“Sacando a la bestia del clóset: Autoritarismo y homofobia”. En: Cultura Política en el Perú. Tradición autoritaria y democratización anómica. Eds: Gonzalo Portocarrero, Juan Carlos Ubilluz, Victor Vich. Lima: Red para el desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, 2010. 67-78. También en: Al Sur de Todo: Revista multidisciplinaria de género y cultura, n. 3. Santiago de Chile: Universidad de Chile, 2010.


viernes, 15 de abril de 2011

Sesión 1: El género como problema

Gayle Rubin “El tráfico de mujeres” (1975)

¿Qué es una mujer domesticada? Es la pregunta inicial que motiva este clásico de la teoría feminista, que elabora una teoría de la opresión sexual.

Rubin relee diversas tradiciones teóricas (Freud, Levi Strauss) para reconstruir un aparato sistemático que emplea a mujeres (carne) como materia prima y las convierte en mujeres domesticadas (producto).

Sistema sexo/género: Conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica (carne) en productos de la actividad humana (seres humanos generizados). En ese sentido, el sexo tal como lo conocemos es un producto social. El sistema sexo/género plantea que la opresión sexual no es inevitable.

Rubin critica al marxismo por su reduccionismo económico (explicar la dominación masculina apelando exclusivamente al capitalismo), aunque destaca que la producción y reproducción del trabajo doméstico y de la división del trabajo pueden verse bastante enriquecidas por perspectivas marxistas. Hay que recordar que las mujeres también eran oprimidas en sociedades no y pre capitalistas.

En ese sentido, Rubin resalta el elemento histórico y moral (cultura), que el marxismo no explora. Es principalmente en la cultura donde están subsumidos el sexo, la sexualidad y la opresión sexual.

Volviendo al sistema sexo/género, un ejemplo ideal de éste son los sistemas de parentesco. Los sistemas de parentesco son sistemas de categorías y posiciones (no determinados biológicamente).

Para Levi Strauss el intercambio de mujeres (o matrimonio) está en el centro de los sistemas de parentesco. Éste impone el tabú del incesto (que divide el mundo entre amantes permitidos y no permitidos). El intercambio de mujeres establece relaciones de intercambio y parentesco. Y por ello mismo el parentesco está marcado por relaciones de poder. Son los hombres quienes intercambian/trafican mujeres (las dan y reciben). Las mujeres son el conductor de una relación entre hombres; pero qué clase de relación es ésta.

Aquí es pertinente citar el influyente Between Men (1985) de Eve Kosofsky Sedgwick. En el primer capítulo del libro: “Gender Asymmetry and Erotic Triangles” esta autora replantea este triángulo de intercambio de mujeres para cuestionar la rigidez heterosexual que presupone. Sedgwick se concentra en las novelas inglesas del siglo XIX y en las recurrencias de los triángulos amorosos que implican a dos hombres que disputan una mujer, y argumenta que esos dos hombres no solo se encuentran en una relación de rivalidad, sino que la mujer objeto del intercambio también es un conductor de deseo, de un deseo entre dos hombres que no puede llamarse como tal, y que Sedgwick nominará deseo homosocial masculino. Este deseo homosocial masculino será el secreto a voces de la heterosexualidad normativa.

Rubin constata que los beneficios de esta circulación son exclusivamente para los hombres. Es por ello, que la autora apuesta por la necesidad de una economía política de los sistemas sexuales.

Para Rubin la organización social del sexo se basa en: el género, la heterosexualidad obligatoria, y la constricción de la sexualidad femenina. Y la organización de la sexualidad humana se articula en torno al: Tabú del incesto, la imposición de la heterosexualidad obligatoria, y la división asimétrica de los sexos.

El tabú del incesto presupone el tabú de la homosexualidad. Pero esta supresión es naturalizada e invisibilizada.

Aunque Rubin reconoce la tradición sexista y homofóbica del psicoanálisis, no lo descarta. Por el contrario, afirma de manera controversial que el psicoanálisis es una teoría feminista frustrada; y lo es porque intenta explicar la subjetivación sexuada de los seres humanos (transformación de la sexualidad biológica en individuos sexuados) como también la heterosexualidad (el complejo de Edipo intenta explicar la heterosexualidad).

Rubin sostiene que el feminismo necesita revolucionar el parentesco. Así reafirma su utopía feminista: liberar a los seres humanos del género. Es decir, eliminar al sistema social que crea el sexismo y el género. Es por ello que nos recuerda que el sistema sexo/género debe ser reorganizado a través de la acción política.


Joan W. Scott “El género: una categoría útil para el análisis histórico” (1985)

Pedagogía activista: investigar realidades de opresión (sexismo, racismo, homofobia, etc.) con la finalidad de modificarlas. Esta pedagogía activista además implica cuestionar nuestras teorías, metodologías, certezas y categorías de análisis más preciadas. También supone el reconocimiento del propio posicionamiento subjetivo, y del investigador(a) como productor de datos y no como un mero observador neutral.

Da una fundamentación teórica a la categoría “género” y a sus usos en disciplinas como la historia. Reconoce que el término fue primero usado por activistas feministas estadounidenses para apelar al carácter social de las distinciones basadas en el sexo.

Scott es historiado, y escribe desde el malestar producido por la carencia de reconocimiento de la historia de las mujeres en la historiografía occidental hegemónica. Aun así, reconoce que la historia de las mujeres tiende a solo dar más datos descriptivos (en ese sentido es expansionista de información), pero no cuestiona radicalmente a la misma disciplina histórica y sus apuestas androcéntricas.

Scott es enfática en afirmar que el sexo no determina al género. La oposición binaria hombre/mujer es histórica, y necesita ser examinada críticamente.

Define al género como una forma primaria de las relaciones simbólicas de poder, o como un campo primario a través del cual se articula el poder. El género está implicado en la construcción del poder. Y así las autora nos invita (¿o reta?) a concebir la realidad social en términos de género, es decir en términos de una distribución de relaciones en posiciones jerárquicas.

Para Scott el género implica cuatro elementos interrelacionados: símbolos, conceptos normativos, la política (instituciones y organizaciones), y la identidad subjetiva.

Su apuesta es una feminista post-estructuralista, y como tal, reconoce la centralidad del lenguaje como conjunto de sistemas de significación.

En un nuevo prólogo (1999) que escribe en la versión reeditada de su clásico Género e historia, donde está incluido este ensayo, explicita su decepción con la popularización y trivialización del término “género”, que cada vez más se usa como de mujeres, y como una categoría esencializada y meramente descriptiva. Renunciando así a la potencialidad crítica que la categoría vislumbraba.

En “The evidence of experience” (1991) cuestiona la naturalización de la categoría “experiencia” y su estatuto como prueba incuestionable dentro de la historia y las ciencias sociales. Ella no invita mas bien a explorar los marcos culturales, sociales e históricas que producen esas evidencias como su “veracidad” e incuestionabilidad.

Quiero volver a la definición del Scott del sexo, y su afirmación de que “hombres” y “mujeres” son categorías vacías por que no tienen un significado trascendente ni universal. Aquí es pertinente citar otro clásico de la teoría feminista: Am I that Name? (1988) de Denise Riley. Riley se pregunta si ella es ese nombre (mujer). Su libro busca historizar la categoría mujer, y cuestionar el sentido común que presupone que siempre han existido hombres y mujeres y que sus cuerpos siempre han sido históricamente los mismos.


Monique Wittig “El pensamiento heterosexual y otros ensayos” (1992)

Monique Wittig también, y antes que Riley, se pregunta si ella es ese nombre (mujer). Y su respuesta es un rotundo no. En palabras de Wittig: “sería impropio decir que las lesbianas viven, se asocian, hacen el amor con mujeres, porque “la mujer” no tiene sentido más que en los sistemas heterosexuales y en los sistemas económicos heterosexuales. Las lesbianas no son mujeres” (p. 57).

El pensamiento heterosexual:
“Los discursos que nos oprimen muy en particular a las lesbianas, mujeres y a los hombres homosexuales dan por sentado que lo que funda la sociedad, cualquier sociedad, es la heterosexualidad” (p. 49). “Tu serás heterosexual o no serás” (p. 52).

Wittig critica el afán universalista de imponer y esencializar categorías (hombre, mujer, sexo) por parte del pensamiento heterosexual. Es el pensamiento heterosexual el que produce la diferencia sexual como dogma filosófico y político. La “diferencia” para esta autora es una forma en que los amos nominan la dominación.

Para Wittig es la opresión la que crea el sexo. La categoría de sexo es una categoría política que funda la sociedad como heterosexual. Esta categoría impone a la mitad de “la especie” (las mujeres) reproducir la heterosexualidad. Las mujeres están aprisionadas por el sexo. Las mujeres no tienen un sexo, el sexo las tiene a ellas. En la sociedad heterosexual los hombres se apropian de la producción y la reproducción de las mujeres y de sus cuerpos por medio de un contrato: el matrimonio heterosexual.

Ella propone luchar por una sociedad que se suprima la clase “sexo” (incluidas la clase “mujeres” y sobre todo “hombres”). Y esto es posible mediante una ciencia de la opresión escrita por los oprimidos. Para Wittig “lesbiana” es la única categoría que escapa a estas definiciones del sexo y al pensamiento heterosexual, porque la lesbiana no es una mujer ni económica, ni política, ni ideológicamente.


Chandra Talpade Mohanty “Under western eyes” (Bajo los ojos de Occidente), 1988

Su visión feminista: p. 3 (traducir)

Mohanty analiza la producción de la categoría “mujer del tercer mundo” como un ente homogéneo, unitario y funcional. Este proceso es uno que implica la colonización de sujetos, que se expresa entre otras cosas en la supresión de su heterogeneidad.

La relación entre “la Mujer” (un núcleo ideológico y cultural) y las mujeres (reales y materiales) es compleja, y tiene que ser problematizada. Esta construcción funcionalista de la categoría “mujer” se ve exacerbada cuando va acompañada del adjetivo “del tercer mundo”.

Así como no existe “la mujer del tercer mundo” (ni las mujeres de todo el mundo pertenecen a un mismo grupo) tampoco es útil un análisis universalista y reduccionista del patriarcado (sin reconocer las múltiples formas que la opresión toma, y como diversos matrices de poder se intersectan). Esta representación de la mujer del tercer mundo por lo general la define como víctima, ignorante, garante de su propia dominación; en oposición a las feministas blancas llamadas (por su natural superioridad) a liberarlas.

Mohanty argumenta que el feminismo blanco y occidental mediante la producción de “la mujer del tercer mundo” se apropia y coloniza las complejidades que caracterizan a las mujeres de estos países y regiones; y además les roba a las mujeres su agencia política. Y este poder necesita ser marcado y nombrado. Este el proyecto de marcar la blanquitud.

La investigación feminista está inscrita dentro de relaciones de poder. Muchas veces las cuestiona, pero también las reproduce. La investigación feminista no es apolítica. El feminismo occidental está enmarcado dentro de la hegemonía de la academia occidental. Y sus categorías de análisis tienen que ser cuestionadas, y tienen que reconocer la multiplicidad y diversidad de contextos.

La solidaridad y la hermandad no pueden ser asumidas como un dato a priori, tienen que ser construidas políticamente reconociendo múltiples posicionamientos y múltiples opresiones. Basta recordar que más allá de la hermandad existe el racismo, colonialismo e imperialismo.

Ni hombres y mujeres son grupos ni sujetos previamente constituidos a su ingreso a la arena de las relaciones sociales. Las mujeres entonces son también producidas por estas relaciones de parentesco y opresión, y no simplemente son objeto de las mismas. No existe entonces solo gente que tiene el poder (hombres) y gente que carece del mismo (mujeres). El poder debe ser entendido en términos relaciones y productivos. Muchas mujeres son subalternizadas, pero también resisten y de diversas formas.

Mohanty concluye su ensayo invitando a cuestionar el prejuicio de que las mujeres del tercer mundo no pueden representarse a sí misma, y que tienen que ser representadas.

Este ensayo se enmarca dentro de una importante crítica feminista de mujer afronorteamericanas, latinoamericanas, asiáticas y en general del “tercer mundo”. En ese contexto vale la pena destacar Borderlands/La frontera de Gloria Anzaldua. Este es un texto escrito bilingüe escrito en múltiples registros y para múltiples audiencias, que plantea la identidad como una frontera. Otro texto de igual importancia es la colección de ensayos Esta puente mi espalda, que incluye “La guera” de Cherrie Moraga.

lunes, 4 de abril de 2011

Curso: Debates contemporáneos en torno a la teoría queer

Curso: Debates contemporáneos en torno a la teoría queer

Prof: Giancarlo Cornejo


Lunes 4, 11, 18 de abril; y miércoles 6, 13, 20 de abril. de 7 a 9 pm.


Sumilla

El curso busca introducir a lxs estudiantes en los debates más recientes sobre estudios de género y sexualidad. El nombre de teoría queer ha sido adjudicado a un conjunto polimorfo de epistemologías y metodologías que tienen en común un potente rechazo de la heterosexualidad como norma obligatoria. Más allá de eso, estamos ante teorías, estudios y argumentos complejos y heterogéneos.

En el curso se planteará primero la complejización de la categoría “género”, y de las identidades sexuales que muchas veces damos por sentadas. Segundo, se introducirá el argumento de Judith Butler sobre la performatividad de género, que es una crítica radical a cualquier ontologización y esencialización del género. Tercero, se reconstruirán algunos de los debates en los que a inicios de los 90 sacudieron a los estudios gays y lesbianos. Cuarto, se deconstruirá la dicotomía masculino/femenino como parte de un proyecto político/teórico que intentará hacerle alguna justicia a los géneros no dicotomizados ni heterosexuales. Quinto, se abordarán ciertos afectos (especialmente la vergüenza) en sus dimensiones más políticas. Finalmente, el curso terminará con debates sobre las infancias queer, y la violencia naturalizada contra los pequeños cuerpos.


Sesión 1: El género como problema

Se hará una síntesis de diversos esfuerzos teóricos por complejizar categorías naturalizadas como “sexo”, “género”, “sexualidad”, “naturaleza”, “mujer”, “lesbiana”, entre otras. El objetivo es historizar estas categorías, y mostrar sus deudas a (y rupturas con) la matriz heterosexual normativa

BUTLER, Judith. 2001. “Sujetos de sexo/género/deseo”. En: El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. México D. F.: Paidós. 33-67.

MORAGA, Cherríe. 1988. “La guera”. En: Esta puente, mi espalda: Voces de mujeres tercermundistas en los Estados Unidos. Eds: MORAGA, CASTILLO. San Francisco: Ism Press. 19-28.

SEDGWICK, Eve Kosofsky. 1985 [1992]. “Gender Asymmetry and Erotic Triangles”. En: Between Men: English Literature and Male Homosocial Desire. New York: Columbia University Press. 21-27.

WITTIG, Monique. 2006. “La categoría de sexo”, “No se nace mujer” y “El pensamiento heterosexual”. En: El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Madrid: Egales. 21-57.


Sesión 2: La performatividad de los géneros

El género en disputa de Judith Butler es un libro que condensa un punto de inflexión en el pensamiento y activismo gay y lesbiano. En esta sesión se explorarán sus principales argumentos en torno al género y a su carácter performativo. Además se presentarán también argumentos críticos sobre su famosa obra.

BUTLER, Judith. 2002. “El género en llamas: Cuestiones de apropiación y subversión”. En: Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Buenos Aires: Paidós. 179-203.

BERSANI, Leo. 1998. “El gay fuera de la ley”. En: Homos. Buenos Aires: Manantial. 135-202.

BUTLER, Judith. 2001. “Género melancólico / Identificación rechazada”. En: Mecanismos psíquicos del poder. Teorías sobre la sujeción. Madrid: Ediciones Cátedra.147-165.

BUTLER, Judith. 2002. “Acerca del término ‘queer’”. En: Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Buenos Aires: Paidós. 313-339.


Sesión 3: Epistemologías del armario

La sesión tendrá por objeto reconstruir algunos de los debates más importantes en los orígenes de lo que ahora se llama teoría queer. De particular importancia, resulta la monumental Epistemología del armario de Eve Sedgwick, cuyo argumento central va a visibilizar las ataduras y dependencias del pensamiento occidental moderno con la homofobia.

SEDGWICK, Eve Kosofsky. 1998. “La bestia del armario: James y la literatura del pánico homosexual”. En: Epistemología del armario. Barcelona: Ediciones de la Tempestad. 241-280.

CORNEJO, Giancarlo. 2010. “Sacando a la bestia del clóset: Autoritarismo y homofobia”. En: Cultura Política en el Perú. Tradición autoritaria y democratización anómica. Eds: PORTOCARRERO, UBILLUZ, VICH. Lima: Red para el desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú. 67-78.

de LAURETIS, Teresa. 2010. “Teoría queer: Sexualidades lesbiana y gay”. En: Florilegio de deseos: Nuevos enfoques, estudios, escenarios de la disidencia sexual y genérica. Eds: LIST, TEUTLE. México D. F.: Eón. 21-46.

PECHENY, Mario. 2002 [2005]. “Identidades discretas”. En: Identidades, sujetos y subjetividades. Comp: ARFUCH. Buenos Aires: Prometeo Libros. 131-153.


Sesión 5: Afectos queer

¿Qué es lo queer? ¿No es todo intento de definirlo contraproducente? ¿Ese término no erradica historias locales, o no occidentales, y con ello reitera una impronta colonizadora occidental? Después de abordar esas preguntas, también se explorará uno de los más importantes aportes de estos estudios: la politización de los afectos (especialmente de la vergüenza), y la explicitación de su esencial carácter social y cultural.

SEDGWICK, Eve Kosofsky. 1999. “Performatividad queer: The art of the novel de Henry James”. En: Revista Nómadas, n.10. 198-214.

CRIMP, Douglas. 2005. “Duelo y militancia”. En: Posiciones críticas: Ensayos sobre las políticas de arte y la identidad. Madrid: Akal. 99-113.

EPPS, Brad. 2008. “Retos, riesgos, pautas y promesas de la teoría queer”. En: Revista Iberoamericana, vol. LXXIV, n. 225. 896-920.

SEDGWICK, Eve Kosofsky. 1993. “Queer and Now”. En: Tendencies. Durham: Duke University Press. 1-20.

SEDGWICK, Eve Kosofsky. 2003. “Paranoid Reading and Reparative Reading, or, You’re so Paranoid, You Probably Think this Essay Is about You”. En: Touching Feeling: Affect, Pedagogy, Performativity. Durham & London: Duke University Press. 123-151.


Sesión 5: Infancias queer y transgeneridades

Una vez que se reconoce el carácter problemático del género y del sexo se puede hacer algo de justicia a las vidas y cuerpos que no encajan dentro de la matriz heterosexual. En la primera parte de esta sesión se discutirán textos teóricos y etnográficos que intentan visibilizar las bellamente promiscuas y polimorfas rutas que los devenires corporales pueden asumir

Hablar de niños y de homosexualidad suena contra intuitivo, parecen categorías que se repelen mutuamente; pero ¿por qué? ¿Es posible pensar estas categorías de formas no antagónicas? Es mas ¿qué pasa con lxs niñxs no heterosexuales? ¿Y cuánto del privilegio heterosexual se proyecta en (y es dependiente de ) la inmaculada e idealizada figura de un niño blanco? Esas son algunas de las preguntas que la segunda parte de la quinta sesión abordará.

CORNEJO, Giancarlo. 2011. “La guerra declarada contra el niño afeminado: Una autoetnografía queer”. En: Iconos. Revista de Ciencias Sociales, n. 39. 79-95.

HALBERSTAM, Judith. 2008. “Pinta de butch: Una guía dura de las butches en el cine”. En: Masculinidad femenina. Barcelona & Madrid: Egales. 201-256.

SABSAY, Leticia. 2009. “Fronteras apasionadas: Imágenes del trabajo sexual”. En: Las normas del deseo. Imaginario sexual y comunicación. Madrid: Cátedra. 89-118.

SEDGWICK, Eve Kosofsky. 1993. “¿Cómo hacer que tus hijos sean gays?: La guerra contra los niños afeminados”. En: Tendencies. Durham: Duke University Press.


Sesión 6: Balance y otras preguntas

En esta sesión se hará un breve balance del curso. Además se incluirán temas de interés sugeridos por lxs estudiantes.

jueves, 3 de marzo de 2011

Curso: Debates contemporáneos en torno a la teoría queer

Docente(s): Giancarlo Cornejo
Fecha: Del 04 al 20 de abril de 2011
Horario: Lunes y miércoles, de 7 a 9 PM
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El curso busca introducir a lxs estudiantes en los debates más recientes sobre estudios de género y sexualidad. El nombre de teoría queer ha sido adjudicado a un conjunto polimorfo de epistemologías y metodologías que tienen en común un potente rechazo de la heterosexualidad como norma obligatoria. Más allá de eso, estamos ante teorías, estudios y argumentos complejos y heterogéneos.

En el curso se planteará primero la complejización de la categoría “género”, y de las identidades sexuales que muchas veces damos por sentadas. Segundo, se introducirá el argumento de Judith Butler sobre la performatividad de género, que es una crítica radical a cualquier ontologización y esencialización del género. Tercero, se reconstruirán algunos de los debates en los que a inicios de los 90 sacudieron a los estudios gays y lesbianos. Cuarto, se deconstruirá la dicotomía masculino/femenino como parte de un proyecto político/teórico que intentará hacerle alguna justicia a los géneros no dicotomizados ni heterosexuales. Quinto, se abordarán ciertos afectos (especialmente la vergüenza) en sus dimensiones más políticas. Finalmente, el curso terminará con debates sobre las infancias queer, y la violencia naturalizada contra los pequeños cuerpos.


Clase 1: El género como problema

Se hará una síntesis de diversos esfuerzos teóricos por complejizar categorías naturalizadas como “sexo”, “género”, “sexualidad”, “naturaleza”, “mujer”, “lesbiana”, entre otras. El objetivo es historizar estas categorías, y mostrar sus deudas a (y rupturas con) la matriz heterosexual normativa.

BUTLER, Judith. 2007. El Género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: Paidós.

de LAURETIS, Teresa. 2000. Diferencias: Etapas de un camino a través del feminismo. Madrid: Horas y Horas.

FOUCAULT, Michel. 1977 [2007]. Historia de la sexualidad Vol.1: La voluntad de saber. México DF: Siglo Veintiuno.

RUBIN, Gayle. 1986. “El tráfico de mujeres: Notas sobre la ‘economía política’ del sexo”. En: Nueva Antropología, vol. 8, n. 30. 95-145.

WITTIG, Monique. 2006. El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Madrid: Egales.


Clase 2: La performatividad de los géneros

El género en disputa de Judith Butler es un libro que condensa un punto de inflexión en el pensamiento y activismo gay y lesbiano. En esta sesión se explorarán sus principales argumentos en torno al género y a su carácter performativo. Además se presentarán también argumentos críticos sobre su famosa obra.

BUTLER, Judith. 2002. Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Buenos Aires: Paidós.

BERSANI, Leo. 1998. Homos. Buenos Aires: Manantial.

BUTLER, Judith. 2004. Lenguaje, poder e identidad. Madrid: Síntesis.

BUTLER, Judith. 2001. Mecanismos psíquicos del poder. Teorías sobre la sujeción. Madrid: Ediciones Cátedra.

CORNEJO, Giancarlo. 2010. “Sacando a la bestia del clóset: Autoritarismo y homofobia”. En: Cultura Política en el Perú. Tradición autoritaria y democratización anómica. Eds: PORTOCARRERO, UBILLUZ, VICH. Lima: Red para el desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú. 67-78.

ERIBON, Didier. 2001. Reflexiones sobre la cuestión gay. Barcelona: Anagrama.


Clase 3: Epistemologías del armario

La sesión tendrá por objeto reconstruir algunos de los debates más importantes en los orígenes de lo que ahora se llama teoría queer. De particular importancia, resulta la monumental Epistemología del armario de Eve Sedgwick, cuyo argumento central va a visibilizar las ataduras y dependencias del pensamiento occidental moderno con la homofobia.

SEDGWICK, Eve Kosofsky. 1998. Epistemología del armario. Barcelona: Ediciones de la Tempestad.

de LAURETIS, Teresa. 1991. “Queer Theory: Lesbian and gay sexualities”. En: Differences: A journal of feminist cultural studies 3, 2. iii-xviii.

PECHENY, Mario. 2002 [2005]. “Identidades discretas”. En: Identidades, sujetos y subjetividades. Comp: ARFUCH. Buenos Aires: Prometeo Libros. 131-153.

SEDGWICK, Eve Kosofsky. 1985 [1992]. Between Men: English Literature and Male Homosocial Desire. New York: Columbia University Press.

SEDGWICK, Eve Kosofsky. 2002. “A(queer) y ahora”. En: Sexualidades transgresoras: una antología de estudios queer. Ed: MÉRIDA. Barcelona: Icaria. 29-54.

WARNER, Michael. 1993 [2007]. “Introduction”. En: Fear of a Queer Planet: Queer Politics and Social Theory. Ed: WARNER. Minneapolis & London: University of Minnesota Press. 69-81. vii-xxxi.


Clase 4: Transgeneridades

Una vez que se reconoce el carácter problemático del género y del sexo se puede hacer algo de justicia a las vidas y cuerpos que no encajan dentro de la matriz heterosexual. En esta sesión se discutirán textos teóricos y etnográficos que intentan visibilizar las bellamente promiscuas y polimorfas rutas que los devenires corporales pueden asumir.

BUTLER, Judith. 2006. Deshacer el género. Barcelona: Paidós.

HALBERSTAM, Judith. 2008. Masculinidad femenina. Barcelona & Madrid: Egales.

SABSAY, Leticia. 2009. Las normas del deseo. Imaginario sexual y comunicación. Madrid: Cátedra.

SALAMON, Gayle. 2010. Assuming a Body: Transgender and Rhetorics of Materiality. New York: Columbia University Press.

SOLEY-BELTRAN, Patrícia. 2009. Transexualidad y la matriz heterosexual: Un estudio crítico de Judith Butler. Barcelona: Bellaterra.

VALENTINE, David. 2007. Imagining Transgender: An Ethnography of a Category. Durham & London: Duke University Press.


Clase 5: ¿Afectos queer?

¿Qué es lo queer? ¿No es todo intento de definirlo contraproducente? ¿Ese término no erradica historias locales, o no occidentales, y con ello reitera una impronta colonizadora occidental? Después de abordar esas preguntas, también se explorará uno de los más importantes aportes de estos estudios: la politización de los afectos (especialmente de la vergüenza), y la explicitación de su esencial carácter social y cultural.

SEDGWICK, Eve Kosofsky. 1999. “Performatividad queer: The art of the novel de Henry James”. En: Revista Nómadas, n.10. 198-214.

CRIMP, Douglas. 2005. Posiciones críticas: Ensayos sobre las políticas de arte y la identidad. Madrid: Akal.

EPPS, Brad. 2008. “Retos, riesgos, pautas y promesas de la teoría queer”. En: Revista Iberoamericana, vol. LXXIV, n. 225. 896-920.

ERIBON, Didier. 2004. Una moral de lo minoritario: Variaciones sobre un tema de Jean Genet. Barcelona: Anagrama.

HALPERIN, David. 2007. What Do Gay Men Want? An Essay of Sex, Risk and Subjectivity. Ann Arbor: The University of Michigan Press.

RODRÍGUEZ, Juana María. 2003. Queer Latinidad: Identity Practices, Discursive Spaces. New York & London: New York University Press.

SEDGWICK, Eve Kosofsky. 2003. Touching Feeling: Affect, Pedagogy, Performativity. Durham & London: Duke University Press.


Clase 6: Infancias queer

Hablar de niños y de homosexualidad suena contra intuitivo, parecen categorías que se repelen mutuamente; pero ¿por qué? ¿Es posible pensar estas categorías de formas no antagónicas? Es mas ¿qué pasa con lxs niñxs no heterosexuales? ¿Y cuánto del privilegio heterosexual se proyecta en (y es dependiente de ) la inmaculada e idealizada figura de un niño blanco? Esas son algunas de las preguntas que la sesión final abordará.

SEDGWICK, Eve Kosofsky. 1993 [2007]. “How to Bring Your Kids Up Gay”. En: Fear of a Queer Planet: Queer Politics and Social Theory. Ed: WARNER. Minneapolis & London: University of Minnesota Press. 69-81.

CORNEJO, Giancarlo. 2011. “La guerra declarada contra el niño afeminado: Una autoetnografía queer”. En: Iconos. Revista de Ciencias Sociales, n. 39. 79-95.

EDELMAN, Lee. 2004. No Future: Queer Theory and the Death Drive. Durham & London: Duke University Press.

MCINNES, David. 2008. “Sissy-Boy Melancholy and the Educational Possibilities of Incoherence”. En: Judith Butler in Conversation: Analyzing the Texts and Talk of Everyday Life. Ed: DAVIES. New York & London: Routledge. 95-116.

MUÑOZ, José Esteban. 2009. Cruising Utopia: The Then and There of Queer Futurity. New York & London: New York University Press.

STOCKTON, Kathryn Bond. 2009. The Queer Child, or Growing Sideways in the Twentieth Century. Durham & London: Duke University Press.




Costo: 350 Nuevos Soles (descuentos aplicables previa coordinación)
Pagos en la cuenta corriente en soles del IEP en el Banco de Crédito Nº 193-0002694-0-11

Inscripciones: desde el Miércoles 23 de febrero hasta el Jueves 31 de marzo

Vacantes limitadas

Lugar de realización:
Sede del Programa de Formación en Ciencias Sociales del IEP
Dirección: Arnaldo Márquez Nº 2277. Jesús María, Lima 11, Perú
Teléfono: 202-6291

Se entregará el certificado con las horas académicas dictadas.

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sábado, 15 de enero de 2011

La guerra declarada contra el niño afeminado: Una autoetnografía queer



CORNEJO, Giancarlo. 2011. “La guerra declarada contra el niño afeminado: Una autoetnografía queer”. En: Iconos. Revista de Ciencias Sociales, n. 39. Quito: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. 79-95.


Link para descargar el artículo:
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3353490

Resumen
¿Cómo dar cuenta de uno mismo? ¿Cómo dar cuenta de la propia y constitutiva vulnerabilidad? son las preguntas
que inspiran el desarrollo de una autoetnografía a través de la cual el autor problematiza su propio
lugar de enunciación con el fin de responder a las interpelaciones homofóbicas que se le hicieron de niño.
Es un ejercicio de recuperación de la historia propia marcada por exclusiones violentas, dominación y subyugación,
para dar cuenta de la forma en que la normatividad heterosexual actúa sobre los cuerpos y las subjetividades
de los sujetos afeminados. Para el autor es la problematización de la propia experiencia de vulnerabilidad
y vergüenza e historicidad la que abre la posibilidad de resignificación, reparación y subversión,
como principios que nos permiten vivir como queremos hacerlo.
Palabras clave: autoetnografía, sujetos afeminados, vulnerabilidad, vergüenza, lugar de enunciación, homofobia,
heternormatividad.

Abstract
How does one become aware of oneself? How does one become aware of the vulnerability that constitutes
one´s own identity? These are the words that inspire the development of a self-ethnography through which
the author problematizes his own place of enunciation in order to respond to the homophobic questioning
he was subjected to as a child. It is an exercise in recovering his own history marked by violent exclusions,
domination and subjugation, in order to become aware of the way the heterosexual norm acts on the subjectivities
of effeminate subjects. For the author it is a problematization of his own experience of vulnerability
and shame and historicity which opens the possibility of re-signification, reparation and subversion,
principles which allow us to live as we wish to.
Key words: self-ethnography, effeminate subjects, vulnerability, shame, place of enunciation, homophobia,
heteronormativity.

domingo, 9 de enero de 2011

Una loca que escribe desde la vergüenza


Referencia bibliográfica: Cornejo, Giancarlo. 2010. “Una loca que escribe desde la vergüenza”. En: El Grito, n. 3.

Ser maricón no es fácil, hablar mariconadas tampoco lo es, y hablar con otras maricas es más complicado de lo que en primera instancia parece. La homofobia tiene múltiples rostros y usa diversos y contradictorios mecanismos de poder, pero todos nos hacen sentir mierda, y nos recuerdan que nuestras vidas están muy por debajo de la vida humana que es esencialmente heterosexual. La homosexualidad ha estado históricamente asociada al silencio, a un silencio que rara vez fue habilitante, el pecado que ni siquiera podía ser nombrado, o el amor que no osa decir su nombre. Con mi blog intenté romper algunos de mis silencios, y los silencios de otros también.

“Palabra de loca” es un blog escrito por una loca para otras locas. Para lecas, putas, personas con VIH, transgénero, chitos, heteros críticos de los privilegios de la heterosexualidad, niños maricas, adolescentes con ganas de “explorar”, y muchas combinaciones más. Mi blog es una mezcla algo bizarra de textos autobiográficos, autoetnográficos, manifiestos políticos, ensayos utópicos, algunas veces y contra mi voluntad afirmaciones sociológicas.

Mi blog lo considero una práctica contradisciplinaria en la que la vergüenza es central. Muchas veces después de ver publicados algunos de mis posts me muero de vergüenza, pero la vergüenza no es solo un afecto inhabilitante. En las líneas que vienen intentaré reivindicar su pertinencia política/teórica y afectiva.

Una escritura que reivindique la promiscuidad no puede huir a la vergüenza. De hecho todos mis textos tienen que ver con la vergüenza. En lo que sigue presentaré uno de los post de mi blog.


Una mariquita lorna y gorda

Ya desde el nido siempre obtenía diplomas por rendimiento académico y por disciplinada conducta. A mi madre le producían mucho gusto, y a mi también. Los primeros años de primaria estudié en un colegio católico solo para varones. Cuando mi hermano entró al colegio. Mis padres optaron por cambiarme de colegio por la pensión que era elevada para ellos. Nos cambiaron a un Liceo Naval, un colegio para hijos de militares. La opción por este colegio intuyo, tenía que ver también con que mi papá quería que me hicieran más “duro”, menos “blando”.

El Tercer año de primaria en el nuevo colegio fue una experiencia grata. Volví a hacerme de muchas amigas. Excusa perfecta para no tener que jugar fútbol. También me hice de una enemiga por las notas, Milagros. Ella y yo siempre competíamos por el aplauso y las felicitaciones de los maestros. Ese primer año recuerdo que ella me ganó.

Niñas y masculinidad no son categorías excluyentes, sino más bien profundamente dependientes. Pareciere que las niñas me daban su amistad de manera inversamente proporcional a la masculinidad que me adjudicaban. Mientras que a los demás niños les negaban su amistad, y a cambio les otorgaban masculinidad.

Esto lo resalto porque en muchos estudios de masculinidad se asume que la “masculinidad” es un “valor” que poseen hombres y que lo distribuyen a su mejor gana; pero quiero evitar esa clase de argumentación tautológica. En mi caso personal, yo estoy muy agradecido a estas niñas, por no haberme otorgado ninguna masculinidad.

Pronto cada vez que resaltaba en alguna actividad académica era una excusa para que mis compañeros se burlaran de mí. Recuerdo que es alrededor de estos años que lloro conciente y constantemente como respuesta al insulto. Los logros académicos sin embargo, eran lo que más felicidad me daba del colegio. Había ganado varios concursos de varias materias en ese año, y no sol fui el primero de mi clase, sino el de mi promoción (que era bastante numerosa).

Los siguientes años no los recuerdo particularmente muy bien, pero había bastante hostilidad. Los “palomillas” de la clase me habían convertido en su “punto”. Aunque cuando me eligieron “brigadier”, pude vengarme de muchos de ellos. Aplicándoles sanciones, o acusándolos de algo (aunque sea falso) con los profesores. Esto me daba satisfacciones momentáneas, pero su odio no disminuía sino que se intensificaba. Y el mío también. Esto era diferente del aprecio que me manifestaban casi todos los profesores, y las felicitaciones que les hacían llegar a mis padres.

Como Eribon argumenta una vez que “la injuria ha sido pronunciada, y se la recuerdan todos los días las burlas de los demás en el patio de la escuela. El niño así estigmatizado, vive sus deseos, sus sentimientos, en el drama y el horror de sí mismo”. (2004b: 88). Pero este horror de sí mismo no está solo.

Sedwick (2003) cita a Joseph Litvak, quien en correspondencia personal le insistía sobre los caudales subversivos de las infancias y adolescencias queer. Parafraseando a Litvak, él afirma que muchos jóvenes queer se dicen a sí mismos “si tengo que ser miserable por lo menos déjenme ser el más listo”.

Daniel Del Castillo (2003) afirma que en todo salón de clase hay un lorna y un maricón. Y creo que tiene toda la razón al identificar estas figuras abyectas que son usadas por comunidades masculinas heterosexuales para negar sus deseos homosociales masculinos; pero discrepo en el pensar ambas categorías (lorna y maricón) como categorías muy diferentes o autoexcluyentes. Talvez sea mejor pensarlas como parte de un mismo continuo de abyección y de atribuida feminidad.

No se trata solamente de que “lorna” y “maricón” son categorías muy cercanas, sino que “lorna” puede ser un nombre que sea un signo de la espectacularización de la invisibilización de la homosexualidad, o para ser más exactos, y en los términos de D. A. Miller (1991), de la connotación como la práctica significante dominante de la homofobia. “Lorna” alude a la homosexualidad, y al terror a cualquier referencia a la analidad masculina, pero lo hace sin hacerlo explícitamente. Volviendo a Miller, aún si la homosexualidad denota lo hace solo como una estructura de ocultamiento. En simple, el “lorna” está en el closet; pero no está solo allí. De hecho, quienes están más aferrados al closet son todos y cada uno de los jóvenes hombres que siempre citan este nombre “lorna” (y también “maricón) y que siempre están dispuestos a ver, desear, y desear ver homosexuales, pero sin nunca tener que ver mucho realmente (sobre todo si se trata de sexo homosexual). Esto revela no solo la homofobia de las posiciones hegemónicas de heterosexualidad masculina, sino también el ambiguo deseo heterosexual por la homosexualidad, por una homosexualidad que se deja ver, pero que nunca devuelve la mirada.

El ser visto sobre todo por mis compañeros fue una tortura para mí. La sensación de que te acosan con la mirada, y la sensación de que ya sabes qué van a encontrar me invadían. El terror que sentía se radicalizaba por un hecho “material”. Me era muy difícil esconderme. Mi cuerpo, mi cuerpo grande y gordo hacía que siempre fuere un objeto para la vista de otros. Yo solo quería desvanecerme.

A los cuerpos muy delgados y muy gordos se les atribuye socialmente un exceso (o talvez muchos), pero un exceso que los desborda de la masculinidad. Ninguno de esos cuerpos es tonificado, no es “fuerte” ni duro (a la vista). “Gordo” puede ser un nombre que en ciertos contextos también esté mucho más estrechamente vinculado al pánico homosexual y la homofobia. En palabras de Berlant:

“La gordura es tan poderosa y social que anula el nombre propio de la persona, cuya gordura ocupa el espacio en el que la personalidad usualmente residía… Como un nombre propio, la “gordura” es fundamentalmente una cosa, una cosa excesiva. Pero como una cosa que denota una sustancia no cuantificada, su propia fijeza acumula para sí una identidad de estabilidad inquebrantable”. (1997: 91, mi traducción).

“Gordo” se convierte en un nombre que casi reemplaza al nombre propio de una persona, tal como “maricón”. Aunque la gordura a veces es pensada como un estado más transitivo o menos fijo que la (homo)sexualidad, su atribuido exceso la fija, y la fija en ciertos cuerpos, cuerpos excesivos.

Otro de los puntos de encuentro entre la gordura y la homosexualidad tiene que ver con el crecimiento, o con ciertas nociones de “crecimiento”. Para Kathryn Bond Stockton hablar de un niño queer es hablar de historias de “crecimientos laterales”. Los niños gays o proto-gays crecen, pero atentan contra la lógica de crecimiento vertical y recto que supone que una etapa reemplaza a otra hasta llegar a la fase final: heterosexualidad adulta, monogámica y reproductiva. Y como nos recuerda Stockton hay un estrecho vínculo entre la noción de un niño gay y la gordura: “la gordura es el efecto visible… de la incapacidad de un niño de “crecer” en su familia… Así que él crece por los costados – literalmente, metafóricamente”. (2009: 20, mi traducción).

Sedgwick y Moon nos recuerdan que si hay un closet de la sexualidad, también hay un closet de las tallas, sobre todo si estas son muy grandes (Sedwick 1993). El closet de la gordura está relacionado a un estigma de excesiva visibilidad: no puedes esconder tu gordura. Y como Sedgwick ya había argumentado, el closet de la gordura como el de la homosexualidad es un closet de cristal, es decir es un secreto a voces.

Si mis compañeros pensaban que sabían algo de mí que yo no sabía, y este privilegio de conocimiento (homosocial) les producía enormes cargas de placer, un proceso similar ocurría con mi gordura. Parecía que mis compañeros pensaban que yo no sabía que era gordo, muy gordo. Ellos se jactaban de conocer mis excesos: mis excesos de afeminamiento, mis excesos en el comer, mi excesiva apatía por los deportes, y mi excesiva fealdad. De hecho esta excesiva fealdad hace visible otra similitud en la construcción de un cuerpo homosexual y de un cuerpo gordo: ninguno merece ser amado ni deseado. Pero estas similitudes no se reducen a micropolíticas, de hecho la gordura y la homosexualidad fueron (y son) patologizadas, convertidas en enfermedades a ser curadas y explicadas. Otro mecanismo cultural de dominación, paralelamente, vincula la homosexualidad a la muerte (como ya he argumentado), y la gordura también es vinculada a la muerte, de hecho es vinculada a una muerte lenta (Berlant 2007). Entonces, el enorme privilegio de conocimiento de las culturas heteronormativas tiene que ver con la creencia ampliamente generalizada de que cuando se ve a un sujeto homosexual como a un sujeto gordo se ve a cuerpos que desean morir, y el enorme placer proviene de ver lentamente esta extinción.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Su niñez: Cuando era “él”, pero el “ella” le parecía más interesante

Vanesa fue un niño. Nunca tuvo muchos amigos, era una persona reservada y tímida. A ella cuando era niño no le gustaba jugar casi nada, y menos fútbol, aunque sí yaxes. Cuando sus compañeros jugaban fútbol ella se iba a otros patios o se escondía para evitar jugar con ellos. Y como su profesor la quería obligar a jugar dicho deporte, ella le mintió a su mamá para que hable con este profesor y le informe que su hijo tenía dolencias en el hígado y que sus músculos se inflamaban cuando hacía ejercicios. Estas tácticas le sirvieron a Vanesa para nunca tener que patear una pelota.

Vanesa al parecer no se sentía cómoda con los roles asignados a los hombres desde su niñez. El fútbol tal vez sea el ejemplo más explícito de construcción y disciplinamiento del cuerpo masculino. Es pertinente aquí aludir a la noción de “tecnología de género” de Teresa de Lauretis, quien piensa el género de manera similar a las tecnologías del sexo foucaultianas. Ella sostiene que “el género, como la sexualidad, no es una propiedad de los cuerpos o algo que existe originariamente en los seres humanos, sino que es el conjunto de los efectos producidos en cuerpos, comportamientos y relaciones sociales” como dice Foucault, debido al despliegue de una compleja tecnología política””. (2000: 35). Entonces, la masculinidad de Vanesa no puede ser asumida, tiene que ser vista como un efecto de la reiteración de complejas tecnologías políticas. De hecho, el futbol es una de esas tecnologías. Crea cuerpos como masculinos, intenta homogenizarlos, pero al mismo tiempo distribuye valoraciones generizadas asimétricamente, construyendo hombres y no hombres (todas las mujeres y los niños afeminados).

Esta escena también puede explicitar la carencia de un lugar enunciativo del niño que fue Vanesa. Esta carencia es la que según Gayatri Spivak define a la subalternidad (Vega 2006a). Esta carencia se debe apreciar en el hecho de que la alteridad que representa Vanesa para un sistema generizado dicotómicamente sea una imposibilidad, una irrealidad. Sus saberes en torno a su propio cuerpo no pueden ser debatidos porque ella no posee recursos simbólicos para generar una propuesta alternativa que visibilice ante el discurso hegemónico sus posiciones.

Su timidez puede verse también como una forma de resistencia a este disciplinamiento corporal que construye un cuerpo masculino heterosexual. Si las tecnologías del género producen lugares para la masculinidad, también se abren posibilidades para por lo menos fantasear otros lugares. Volvamos a de Lauretis, para quién el género “no es solo el efecto de la representación, sino también su exceso, lo que permanece fuera del discurso”. (2000: 36)

Vanesa apela a una mentira para escapar de una situación, jugar fútbol, que la incomoda profundamente. Pero tal vez no sea exacto hablar de una “mentira” porque Vanesa la usa como un recurso para escapar de una nominación universalista que es pensada como “la verdad”, y que opera sobre su cuerpo para disciplinarlo. Frente a este discurso homogenizador de los “cuerpos masculinos”, y creador de los cuerpos masculinos en buena medida, cualquier saber otro o discurso alternativo es una “mentira”. Vanesa no puede cuestionar explícitamente la legitimidad de esa “verdad”, pero puede apelar a otra “verdad” para escapar de un destino que es planteado simbólicamente como inevitable. Vanesa apela a una representación de género aceptable (estar enfermo) para posibilitar un espacio fuera de ese discurso de género heteronormativo.

Cuando Vanesa estaba en secundaria (alrededor de los 13 años) su forma de percibirse cambió radicalmente. Ella toma “conciencia” de que quiere ser ella, que sueña ser ella. Sabía que en el colegio no podía “soltarse” y para todo el mundo era un chico, y asumía los roles sociales atribuidos a lo masculino, o en sus palabras copiaba lo que hacían los chicos. Vanesa recuerda que por su seriedad sus compañeros la llamaban cachaco , y le decían que su casa era un cuartel. En el colegio siempre hubo chicos que le gustaban, pero ella solo se contentaba con su amistad en el mejor de los casos.

Al mismo tiempo, recuerda gratamente que a los 13 años se compró con sus ahorros su primera muñeca, a la que atesoraba, y que escondía debajo del colchón de su cama; cada vez que podía le compraba ropa, accesorios o se los hacía ella misma. También viene a su memoria que a esa misma edad se puso por primera vez los zapatos de su madre, luego su vestido para jugar con sus hermanitas a un desfile de modas, en el que todas ellas eran modelos.

Según Frantz Fanon es la escuela la herramienta principal para suscitar el deseo del mimetismo (Vega 2006b). Y es en la escuela donde este deseo de mimetismo por una identidad masculina anclada en un cuerpo construido como masculino va a ser impuesta.

En ese sentido, el que Vanesa haya tenido que performar dureza y rigidez es resultado de políticas sexuales de dominio imperial que evidencian como otras formas de ser y sentir son suprimidas, son postuladas como irreales e inexistentes. Y ella se ve obligada a mostrarse como lo “único” que puede ser es, es decir, un hombre heterosexual. En ese sentido una potencial conciencia femenina, transgenérica o alternativa es simbólicamente acribillada por un imperio masculino heterosexual y blanco. Sin embargo, esa no es toda la historia. Homi Bhabha sostiene que el mimetismo es un instrumento de saber y poder colonial que sirve para incluir o excluir simbólicamente, pero el mimetismo es ambivalente ya que puede desestabilizar los discursos de autoridad colonial cuando el colonizador ve huellas de sí mismo en el colonizado (Vega 2006b). El hecho que Vanesa haya sido llamada “cachaco” por su dureza y su masculinidad rígida puede ser interpretado como una forma de mimetismo, y también como un atentado a una dicotomía de género jerarquizante y rígida, porque ella fue “mejor hombre” que los “propios” hombres que asumen una masculinidad hegemónica heterosexual.

Bhabha además afirma que la duplicación de la autoridad produce una representación poderosa de contra dominio. El mimetismo, así, remeda la autoridad colonial en forma de presencia parcial e incompleta. De esta manera, perturba el poder y desdibuja la diferencia en la que se fundamenta la autoridad que performa (Vega 2006b). En ese sentido, la hipermasculinidad de Vanesa puede ser vista como resistencia, ya que introduce ambivalencias a las reglas del reconocimiento de los discursos dominantes y evidencia la artificialidad de atributos sociales postulados como naturales.

Además, como argumenta Butler en torno a los postulados de Bhabha, la mimesis supone un esfuerzo de traducción que invariable, inevitable y afortunadamente implica la contaminación del término (en este caso la masculinidad), y “no hay ningún desplazamiento mimético del original sin una apropiación del término que lo separa de su autoridad putativa” (2000: 44)

Al generarse cuerpos que asumen roles masculinos sin asumir una identidad masculina se desplaza la autoridad colonial, se reapropia e introduce formas “otras” de vivir/no vivir esta masculinidad, además se cuestiona su obligatoriedad y unidimensionalidad.

Como Butler potentemente sostiene: “no existe una identidad de género detrás de las expresiones de género; esa identidad se construye performativamente por las mismas “expresiones” que, al parecer, son resultado de ésta”. (2007: 85). Es decir ningún género masculino se expresa mediante tecnologías como el fútbol; mas bien estas tecnologías de género (parafraseando a de Lauretis) producen retroactivamente la noción de un género original.

Aun más importante es el hecho que la hipermasculinidad de Vanesa devela la esencia performativa no solo del género, sino (en específico) de la masculinidad. Entonces, la masculinidad no es propiedad privada de hombres heterosexuales (Halberstam 1998). Es mas la masculinidad no es una “propiedad”; mas bien se construye mediante una serie ritualizada de actos repetitivos y muchas veces compulsivos. La masculinidad también es copia sin original.

Vanesa obedece el mandato de masculinidad, pero su obediencia desborda las normas. Butler (2001b) plantea la categoría de obediencia promiscua, como aquel acatamiento que en su escandaloso exceso traiciona las intenciones originales de la norma. Vanesa le da un futuro diferente a la norma de masculinidad y la termina subvirtiendo. No la vacía de contenido, le da contenidos diferentes a los que supuestamente la norma contiene o debería contener. Beatriz Preciado lo dice así:

“Frente al espacio educativo como un medio en el que la heterosexualidad institucionalizada constituye la norma de todo posible agenciamiento, el cuerpo queer… es aquel que se construye como sujeto que resiste y contesta a ese proceso de normalización pedagógica, encontrando puntos de fuga que permitan agenciamientos desviados”. (2009: 168)

La dureza de Vanesa era confundida con arrogancia, y ella misma reconoce haber sido arrogante y tratar diferente a las personas por como se vestían, o el dinero que tenían. Eso sí, hay algo que hasta ahora no puede cambiar y es su racismo al escoger a sus parejas; en sus palabras “un negro no le sirve de marido”.

El cruce étnico/racial también se hace explícito como otro mecanismo de dominación que refuerza su subalternidad. El deseo o la aspiración (aunque sea discursiva) a hombres blancos visibiliza como Vanesa puede estar atrapada por el deseo del sujeto colonizador. Y como Leo Bersani (1998) nos recuerda un sujeto puede gozar de las prerrogativas del poder, aunque no sea uno de los privilegiados.

El recordar la primera vez que tuvo sexo le produce sentimientos fuertemente ambivalentes, ya que no está segura si fue violada o no. A los 15 años había salido a caminar con un vecino suyo, hasta que llegaron a una casa en construcción. Allí este hombre joven empezó a tocarla en contra de su voluntad, pero luego él empezó a hablarle cariñosamente y la convenció. Ella reconoce que esa experiencia no le causó placer.

Su primer encuentro sexual está marcado por la violencia. Ella es deseada, pero este deseo necesita concretarse mediante mecanismos de violencia sobre su cuerpo para justificarlo. Aun así otras sensaciones y afectos desbordan el hecho y complejizan la imagen del vecino (sujeto deseante/deseado), del encuentro sexual (voluntario/no voluntario), del deseo (homosexual/heterosexual), y del espacio (público/privado).

Es cuando empieza a trabajar en la cevichería de su prima que se compra sus primeros vestidos y minifaldas. Ella recuerda con nostalgia que lo primero que se compró con sus ahorros fue una peluca, una peluca que fue lo más caro por lo que haya pagado. Y es así que se traviste por primera vez.

Con la peluca atesorada de Vanesa parece que empieza una “fase” de producción de un cuerpo “travesti” o “no masculino”. Pero yo sostengo que esta producción corporal solo hace evidente algo que es propio de la materialidad corporal. Butler define a la materia como “un proceso de materialización que se estabiliza a través del tiempo para producir el efecto de frontera, de permanencia, y de superficie que llamamos materia” (2002: 28). En ese sentido “las normas reguladoras del sexo obran de una manera performativa para constituir la materialidad de los cuerpos y, más específicamente, para materializar el sexo del cuerpo, para materializar la diferencia sexual en aras de consolidar el imperativo heterosexual” (2002: 18). El carácter construido de la materia corporal solo se hace visible cuando no está enmarcado dentro de cuerpos heterosexualizados. Esto es desde los márgenes que se excluyen en este proceso de hacerse carne. Es decir, la materialidad del cuerpo masculino de Vanesa no se debe asumir, sino qué esta es un efecto performativo de la citación de normas.